martes, mayo 03, 2022

NO COMER AMAGUES

Una vez más la ciudadanía enfrenta una duda: no sabe si lo que aprieta su cuello es la corbata que voluntariamente se puso o la soga que le pusieron otros. Cualquiera sea la causa, la asfixia y el desconcierto son el mismo y necesario el efecto que producen las dos posibilidades.

Cristina y los suyos apremian al presidente con el reiterado argumento de que “el gobierno es de ellos” y no de Alberto, con la clara intención de presionar a él y a sus ministros. La queja apunta a desligar de responsabilidades a la jefa y a sus acólitos, además de intentar usurpar el cargo de aquel. Todo es falso y agraviante en tanto nos consideran imbéciles a nosotros, sin excepción.

A modo de ejemplo digamos que ese sector que nos toca soportar en el gobierno, podrá considerarse dueño del “avión” (votos), pero sin dudas también ellos designaron al “piloto” para mostrarlo y para que lo conduzca hasta el arribo, y no para convertirlo en azafata en el peor momento y complejas circunstancias mundiales. Siempre el investido para mandar es el comandante, que no es otro que el piloto.

Ahora, en medio de una tormenta atroz en la que nos introdujeron por impericia de todos y latrocinio común, no pueden pretender sortearla con peleas y ofensas. Tienen que hacerse cargo de las consecuencias y ayudar en lo posible para evitar el choque brutal.

Lamentablemente, la posibilidad del desastre total no incomoda a la vice, que sólo quiere sortear su situación frente a la Justicia. No debemos suponer que, en algún momento, aspire sinceramente a corregir el rumbo para salvar al “avión” que nos traslada.

Sabe que, si se estrella, lo que es muy probable, ella y su familia pueden zafar de un futuro complicado. Si el país mejora, ella empeora ¿Qué podríamos hacer en el prolongado epílogo que aún resta para que terminen? Supongo que la única posibilidad es aferrarnos a las hilachas que subsisten del estado de derecho, sin buscar salvadores mágicos que les prendan fuego a esos colgajos. Los últimos cien años muestran que éstos, los salvadores sorpresivos, son todavía peores (Videla, Onganía, Uriburu y el resto).

Pero atención, estas peleas procaces y ridículas, son reales y están logrando un efecto deseado y fatal: nos entretienen y nos desinteresan de los graves problemas que no van a resolver, ni quieren hacerlo. No debemos perder de vista que este fracaso rotundo, tiene al gobierno como único responsable. Con la excusa de contener gastan, roban y regalan a mansalva. El presidente es apenas un lazarillo ignorante y desorientado que aceptó hacerse cargo de Cristina y sus secuaces. Frente a la posibilidad que se lo saquen de encima, tenemos que preguntarnos ¿Para qué lo expulsarían? ¿Qué piensan hacer en ese caso?

¡Será posible que estemos otra vez en el trampolín con los ojos vendados y las manos atadas, sobre una pileta sin agua!

La advertencia que ahora publico, surgió de reconocer en mi la presencia del entretenimiento que oculta la feroz dolencia que padecemos, con cada vez más escasas posibilidades de salida.

En aquel estado escribí un nuevo cuento: “Carnaval”. Lo subí a mi sitio personal (www.robertoyannello.com.ar), incorporado en la página que los agrupa. Lo ofrezco a los amigos para licuar un poco la desazón que nos provee la realidad política.

viernes, abril 22, 2022

CARADURAS

El zafarrancho político nacional autoriza que, por lo menos individualmente, de rienda suelta a las especulaciones más disparatadas que parten desde la profunda incertidumbre sobre el futuro propio y el social. El descalabro republicano logrado y con lo poco que queda amenazado, nos permite suponer que, si subsiste alguna forma de Estado que sirva, es por obra y gracia de una inercia pronta a agotarse, enfrente de la indiferencia histórica que nos ha caracterizado. Aplaudimos el desorden y la picardía política, tampoco son muchos los que rechazarían una tajada turbia a su alcance si pudieran incorporarse a esa comparsa rastrera.

Podemos reconocer muy serios problemas económicos, otros también muy graves de seguridad, de corrupción admitida y sin excepción, de salubridad, de educación etc. 

¿Alguien piensa que alguno de esos problemas tendrá pronta solución? Yo no lo creo, porque estimo que la fuente donde nacen todos ellos es de naturaleza cultural y esa pudrición es de difícil tratamiento.

Además, los beneficiarios del chorro infame no les interesa que termine.

A modo de ejemplo me pregunto, también pregunto a los amigos, quién ignora que robar es indigno y perjudicial para las víctimas. ¿Cristina robó y sigue robando? ¿Alguien lo desconoce? Sin embargo, muchos le rinden honores y aplausos, mientras sus adláteres en el Honorable Senado de la Nación (?) se prestan a cara descubierta a apoyar sus instrucciones y avivadas en busca de impunidad propia. Todos millonarios famosos, muchos exgobernadores temerosos de que todos los secretos se conozcan y quienes gozaron en sus feudos de un supuesto prestigio. ¿Puede concebirse un órgano de la alcurnia del Senado se convierta en cómplice y mero encubridor de tantos delitos? ¿No saben, acaso, que todo el mundo sabe? En medio de la descomposición de un gobierno vergonzante que se derrite, no tienen siquiera la pretensión de aparentar un poco de dignidad.

Quién o quienes allí, ignorando ejemplos destacados del pasado, sólo componen con descaro una murga que modela nuestro presente y tuerce nuestro futuro. Ya no guardan siquiera las apariencias, ni muestran alguna obediencia a las leyes que juraron respetar. Simplemente las atropellan porque son funcionarios, mostrando así una cualidad que poseen la gran mayoría de los integrantes de todos los gobiernos del país.

Difícil encontrar alguno que pueda justificar la fortuna que no ha podido ocultar. De la oculta, mejor no hablar.

Hasta no hace mucho brillaba la justificación cínica: “Roban, pero hacen”, ya ni siquiera eso subsiste. Sin cuidado van derecho al grano y nos acostumbraron a soportarlo.

Ahora han inventado el “impuesto a la renta inesperada”, artilugio que el ingenio popular ya se ocupó de descalificar: “Acá la única renta inesperada son los bolsos llenos de dólares que caen del cielo”, como el milagro que sucedió en el famoso convento cuando López los revoleaba desde afuera. Dislate que le cargaron a una monjita moribunda de noventa y tantos años de edad. Esa muerte fue suficiente para el posterior silencio y olvido bendecido por una Iglesia que trastabilla.

viernes, abril 15, 2022

QUIÉN HABLA MAL, PIENSA MAL

Considero que el aserto que resulta del epígrafe, frase que creo original del portugués Saramago, es ahora más que oportuna y francamente expresiva. Además, me sirve para enfocar una realidad verbal y política que insensiblemente nos perjudica y hasta colaboramos ingenuamente para ello

Hoy asistimos a un avance del quehacer político inorgánico sobre la cultura y el idioma, suponiendo erróneamente que se trata de una pretensión inocua, pueril y hasta graciosa. Vemos y escuchamos de altos funcionarios barbaridades que asustarían a mi maestra de tercer grado y a periodistas prestigiosos banalizar ese engendro. 

Pero dejemos de lado el despropósito literal del llamado lenguaje “inclusivo”, que achica y deforma al diccionario; la agresión que refiero es toda la que complica la posibilidad de entendernos hasta en el disenso, ya que podemos confrontar estando de acuerdo sin saberlo. De este modo es muy difícil que podamos salir del pantano al que nos llevó nuestra indiferencia e ignorancia.

Hoy sólo me interesa señalar la sinonimia absurda que se está logrando con cruel derrape, entre algunos términos y su consecuencia política y social. Pensar o pretender alguna forma de “orden social”, en general se la reprocha como ideología propia de una derecha nazi-fascista. Por el contrario, la inobservancia de cualquier ley o reglamento, toda forma de protesta desordenada y prepotente que no reconozca a los otros, sería patrimonio saludable de una presunta “izquierda progresista”.

La verdad es que hoy no conozco quién explique claramente qué es “derecha” o “izquierda”. Como afirma un célebre historiador y miembro de la Academia francesa: “…cuando se interroga a los franceses sobre cual es el sentido que le dan a la división de izquierda y derecha responden que les parece algo caduco, pero que no tienen dificultad en proclamarse de uno u otro sector que no pueden definir con precisión”.

Digamos que actualmente los criterios sobre revolución, religión, república, democracia que en ocasiones distinguieron a la derecha e izquierda, ya no son válidos. Sólo sirven para la confrontación y cubren fines subalternos. 

Lo que enfáticamente afirmo es que tan falso es distinguir a la “derecha” por un presunto contenido fascista, como a la “izquierda” entenderla inorgánica y puramente revoltosa. Hoy izquierda y derecha son meras camisetas vacías que señalan sectores de intereses que confrontan. Camisetas distintas que el mismo jugador puede usar en ocasiones según le convenga.

Por ejemplo, Perón y el peronismo ¿se ubican a la derecha o a la izquierda? Creo que la orientación fundacional era próxima a Mussolini y su fascismo, hoy no se qué piensa el que usa esa camiseta.

Aspirar a cierto orden que armonice la convivencia es una pretensión inmemorial, vigente en todo grupo social con afán de permanencia. El orden democrático no establece QUÉ se debe pensar, sino organiza CÓMO se debe expresar el pensamiento y para eso usa la LEY. Ley que nace de la costumbre, como la inglesa, o de un parlamento, como la francesa.

Desconocer o confundir ese criterio rector, algo que esta sucediendo entre nosotros, es zambullirnos en anarquía y violencia. Imaginemos, a modo de ejemplo, al tránsito o a cualquier deporte sin que se observe reglas mínimas.

Quien habla mal confundiendo las reglas, es porque piensa mal, con lo que causa perjuicio e incertidumbre a todos.

En nuestra dramática actualidad política ¿Quién se atreve a señalar o distinguir que es oficialismo y qué es oposición? ¿Se pueden cruzar los roles dentro de lo que suponíamos nuestro sistema institucional? ¿No es previsible que se agrave el caos que ya estamos pisando?

martes, abril 05, 2022

¿POR QUÉ?

Hay preguntas sin respuestas, situaciones que no se pueden explicar y razonables propósitos que se transforman en ridículas quimeras. Enigmas prefabricados por los responsables que nos desconciertan.

Recientemente conocimos manifestaciones sociales que se expresaron otra vez, con un gran acampe en la Avda. 9 de Julio en Buenos Aires, provocando nuevamente un colapso inimaginable en la principal ciudad del país y sede del gobierno nacional. Por la ancha avenida vimos flotar cantidad de excrementos amontonados, que juntaron los que acamparon organizados por los mismos cuadros políticos que debían atender el reclamo. Esta porquería era inevitablemente previsible, igual que aceptadas las consecuencias asquerosas que le dan más valor al reclamo.

Lo primero que destacamos es que es verdad que una parte importante de nuestro pueblo la está pasando muy mal y este debe ser el motivo principal de nuestra preocupación. Una situación que se viene agravando desde hace varias décadas y que ahora explota cruelmente. Sin solución a la vista, mientras se degradan raudamente los hilos que todavía sostienen apenas un trozo de paz social. 

Luego señalaremos que existen serias críticas a los muchos intereses espurios que subyacen en estas manifestaciones, pero primero marcamos la verdad lamentable que nos enrostra: la miseria que Argentina sufre y no merecía.

Frente a la miseria verídica, incuestionable y vergonzante, el gobierno asume actitudes obscenas que redundan en bronca peligrosa y provocación absolutamente innecesaria.

A modo de ejemplo señalo que se otorgó en forma inaudita y sorpresiva una indemnización (¿) millonaria a una actriz, que entendió oportuno exiliarse durante el gobierno de Isabel Perón; doce millones de pesos para Nacha Guevara, alguien sin la urgencia de los miserables y en momentos en que el hambre arrecia.

También recibimos la noticia que ya han comenzado las gestiones para la compra de un nuevo avión presidencial, algo quesupone unas cuantas decenas de millones de dólares y comisiones al por mayor. ¿A dónde piensa viajar el presidente? ¿Será necesario que salga, improvise y hable las pavadas habituales sin contención alguna? ¿No reconocen otras prioridades y su urgencia?

En realidad, esos gastos no son significativos para modificar la situación económica del país, pero no hay duda alguna que el dispendio es gravemente insultante para mucha gente.

Acá traemos nuestro título de hoy: ¿Por qué se hace esto? ¿No resulta inexplicable la indiferencia, tal vez burla del sufrimiento de muchos o una absoluta falta de sensibilidad y pudor? Se malgastan los pocos recursos que ayudarían a muchos.

También es cierto que, en esas manifestaciones disfrazadas, se utilizan sumas millonarias en movilizaciones que responden a intereses de sectores, ávidos de rapiñar las sobras que van dejando los que pasaron y los que están. Para ello se pagan reemplazantes de los que no pudieron poner el cuerpo en un acampe que no entienden, engrosando bolsillos de los verdaderos representantes del hambre ajeno; también esquilman indigentes mordiéndoles los planes que se entregan sin control. Gran parafernalia sabida y callada por todos, en la que los supuestos benefactores roban para sí y los mendicantes aplauden gratis por la parodia de una ayuda que no existe.

El lenguaje del amontonamiento, del piquete, la extorsión, la mugre y la farsa, es desde hace mucho tiempo moneda corriente acá. Lenguaje peligroso que puede acarrear consecuencias terribles. Basta recordar que dos días antes del 2 de abril de 1982, se amontonaron y reventaron Plaza de Mayo para repudiar al execrable Galtieri, mientras que al día siguiente del mismo 2 de abril de 1982, se colmó la plaza nuevamente por los mismos, para vitorearlo por la irresponsable osadía de mandar inocentes a las islas entonces peligrosas; semejante actitud de políticos, gremialistas y demás sólo sirvió para confundir al borracho y hacerle creer que la guerra, que suponía  ganada, sería una solución. 

No debemos olvidar que la Plaza de Mayo lo ovacionó plenamente; así que también todos, salvo una muy honrosa excepción, deben sentirse responsables de las muertes derrochadas irresponsablemente. Para más, no faltaron los que querían olvidar y perdonar todo aquello que, en realidad, no les dolía (por ejemplo: Ítalo Luder candidato frustrado a presidente).

Aunque parezca mentira, nuestra gente lleva muchos años de violencia explícita conocida, aceptada y lamentada. Sin embargo, la provocación interna no cesa. No basta con lo que robaron, roban y denigran, pareciera necesario enrostrar la ofensa que ello significa para que valga. Hay sadismo político en los que lucran y masoquismo histórico en los que todavía aplauden.

Para más, quién ignora que Cristina, en su permanente búsqueda de impunidad, no hace más que profundizar el desbarajuste que el presidente ni comprende. No habrá de olvidarse que quienes colaboren con esa impunidad, adquieren la condición de cómplices de los delitos que se ocultan y del sufrimiento popular que se disimula. 

Finalmente, como real argentino, Francisco consuela a Putin, indiscutido criminal aquí y ahora, diciéndole que la culpa por arrasar a un pueblo “ES DE TODOS”. Eso es mentira y una infamia que ofende mucho. Como gusta decir actualmente, yo no soy ni "me percibo" criminal, repudio al que lo sea y el ruso lo es.

Ahora, ¿por qué hace eso?

jueves, marzo 24, 2022

¡QUÉ SUERTE PARA LA DESGRACIA!

La frase le pertenecía a Pepe Biondi, que la inventó para sus desventurados personajes y que hoy la podríamos aplicar a los argentinos, a todos nosotros; es decir, a un sujeto colectivo “que es un imán para la mala suerte, al que siempre le pasan cosas inesperadas y desastrosas”.

No quiero aburrir con una extensa retahíla de las “cosas malas” que considero que sufrimos todos, cualquiera sea el bando (o “banda”) político que haya elegido para aposentar su destino. Lo cierto es que hoy, en nuestro país, nadie puede llegar a suponer un futuro próximo venturoso. Pareciera que buscamos los caminos más tortuosos y dañinos para transitar los momentos más difíciles. No será novedad para mis amigos e interlocutores que hace tiempo que vengo manifestando mi desacuerdo y rechazo con el inefable tramite (me privo de hablar de “gestión”) del gobierno que los argentinos tuvieron a bien elegir.

La desavenencia perniciosa e inoportuna que muestra la pareja que integra el ejecutivo, tiene el demérito de ubicar al país en un limbo de incertidumbre y lamentable presagio. Nada bueno puede esperarse de una conducción bicéfala enemistada y con una actividad concreta de confrontación. A las reiteradas y ridículas contradicciones presidenciales habrá que sumarle el ladino proceder de la vice, que no pierde oportunidad para denigrar lo que fue su propia creación. Una verdadera alquimia política que apuesta irresponsablemente en forma cotidiana la suerte argentina. Su destino y libertad son sólo el sencillo que a diario se arriesga.

También afirmo que nuestro desastre económico y político lamentablemente nos empantana en una ciénaga que nos va hundiendo sin esperanza, alejándonos cada vez más de todo lo que pudimos ser, destino que despilfarramos sin ninguna excusa ni justificación

Por si fuera poco, ni siquiera se ha tenido en cuenta la oportunidad y la situación para profundizar el zafarrancho cotidiano interno. Es una obligación ineludible de quién gobierna cierta coherencia, cuanto anticipar el efecto de los actos propios y ajenos, fundamentalmente cuando las nefastas consecuencias las debamos pagar todos los gobernados.

Hoy el planeta afronta la posibilidad cierta de una tercera guerra mundial, posibilidad que ya ha complicado seriamente la totalidad de las relaciones internacionales, sean económicas, políticas o sociales.
La injustificable invasión rusa a Ucrania pareciera que no obtiene los resultados que, entiempo y forma, esperaba su díscolo mentor: Putin. 

La demora del triunfo y las consiguientes consecuencias, no solamente lo debilitan internacionalmente, sino también internamente y, contra lo que sería de esperar, éste redobla su apuesta con la masacre de un pueblo para doblegar su pretensión legitima por mantener su independencia.

Aunque debo reconocer mi ignorancia de las razones profundas que han alentado la atrocidad que presenciamos de muertes de niños, de hombres y mujeres civiles, de jóvenes soldados, no es menos cierto que estas palabras se fundan en cierto egoísmo; es decir, en la preocupación por la forma en que puede impactarnos esa barbarie.

Tomamos conocimiento por todos los medios informativos que han comenzado a involucrarse directamente potencias con capacidad bélica y económica para temer. Refiero a EEUU, Europa, China, entre otros. Se anuncia la posibilidad del uso de armamento nuclear que todos ellos poseen y puede calcularse, atendiendo la personalidad del autócrata ruso, que puede usarlas para ganar o porque no triunfó. A la manera de Luis XIV en Francia, cuando expresó sin empacho “Después de mí, el diluvio”.

La posibilidad es aterradora y ha sido reciente y claramente graficada en una simulación de la Universidad de Princeton, que afirma que un conflicto nuclear entre Rusia, EEUU y la OTAN solamente, atendiendo la capacidad nuclear ya instalada, produciría en horas más de noventa millones de víctimas.

Es increíble que, ante semejante riesgo cierto, nosotros presenciemos impávidos el desguace institucional, económico y social de nuestro país respondiendo al capricho inorgánico de Cristina y a su miedo, cuanto a la confusión e incapacidad permanente de Alberto y los suyos.

Un gobierno mal parido frente a una hecatombe más que probable es un despropósito injustificable. ¿No tendremos nada que hacer o decir los argentinos? ¿Va a atender y expresarnos la Cancillería de Cafiero, con su ignorancia y ridiculez ostensible? ¿Qué debemos esperar para resolver prevenirnos? En el mejor de los casos, que no hubiese un desenlace nuclear, ¿vamos a seguir prohibiendo la exportación de alimentos que ya nos reclaman?

¿Vamos a seguir “en pelotas y a los gritos”, como aventuró un prócer indiscutido? Prócer que se fue a morir lejos y pobre, para no ver lo que podemos lograr con nuestra estupidez congénita. Una tara que renació para quedarse obcecadamente hasta el final.

Como bien expresaba Biondi: “¡Qué suerte para la desgracia!”.

domingo, marzo 13, 2022

EL BORDE DE LA SARTÉN

No es habitual suponer la metáfora que refiere el epígrafe puesto que siempre se habla, cuando se habla, del salto de “la sartén al fuego”, para indicar un quehacer que señala un destino o elección inexorablemente terrible, cualquiera que sea la opción.

Hoy los argentinos transitamos por el borde, también caliente, de la sartén. Es increíble que la esperanza sea no caernos dentro o fuera, aun cuando ya sintamos que los zapatos se queman y complican el difícil equilibrio.

Vivimos un estado de permanente, ridícula e inexplicable zozobra. Es tan burda la amenaza constante que supimos conseguir que, si la sufrieran otros, seguramente nos provocaría una sonrisa lastimera.

Cómo justificar la existencia de un gobierno parido por un acto de prestidigitación política barata, que hoy deba ser auxiliado por una oposición permanentemente maltratada y rescatado del salvaje ataque de sus “compañeros” de ruta; llámese “fuego amigo”. Un sainete lamentable que genera situaciones grotescas y tragicómicas de consecuencias muy dolorosas que no soportarán ellos, los ladrones, sino todos nosotros.

Describir y criticar el desguace de la sociedad argentina, el odio reinante y las disparatadas actitudes de quienes manejan y orientan nuestro destino, nos llevaría a producir una obra tan grande, como inútil por conocida.

Tal vez exprese mejor el profundo desconcierto, desorientación y perplejidad que me embarga y que supongo una sensación generalizada, utilizando unos pocos conceptos que invito a considerar. Pienso que señalando tres palabras que, seguramente, escuchamos a diario y que su reiteración las cubrió con indiferencia y hastío, pueden ser suficientes para una charla entre amigos.

CORRUPCIÓN, DEFAULT y REPRESIÓN son los términos que hoy están necesariamente impuestos a una sociedad seriamente preocupada y parcialmente envilecida.

¿Será necesario explicar, señalar y soportar lo que expresa la corrupción y quienes se valen de ella? Yo no lo creo. Lo que si creo injustificable es que a diario nos refrieguen la cara con ella y haya muchos que encima aplaudan. ¿Hay, acaso, otra causa de nuestra situación mendicante además del robo y la traición? Si, también cuenta la mentira, la contradicción y el engaño procaz que ni siquiera sorprende e ignoramos complacientes las consecuencias.

Por ejemplo, los que participan del gobierno en total desacuerdo entre ellos ¿Por qué no renuncian y sueltan las “cajas” millonarias que constantemente esquilman? ¿Por qué no echa a nadie el que debiera valerse de semejantes colaboradores? ¿Por qué todos nosotros nos acostumbramos a sostener un barril de corrupción sin fondo? ¿Nos convence el tormentoso vínculo de Alberto y Cristina que pelean con la nave a la deriva? Qué decir de los que cobran fortunas para controlar e impedir esas situaciones.

¿Insistirá ahora Alberto con traer a Putin y desprenderse el pantalón como le prometió? Quizá haya advertido que éste no anda con chiquitas y apoye su espalda contra la pared del FMI.

DEFAULT, es cesación de pagos, quiebra que induce al desapoderamiento de lo que le queda al deudor. Es afianzarse en la situación del mendigo. Para más, en nuestro caso la plata que probablemente nos presten es sólo para que se cobre el mismo prestamista. Te presto para cobrarme lo que me debes y te doy un nuevo plazo para recuperar lo nuevamente prestado, lo que te permitirá seguir trabajando más o menos como antes. Ya conocimos el default, lo declaramos nosotros con algarabía y aplausos, sin perjuicio que enseguida el declarante Rodríguez Saa, tuvo que huir inmediatamente a su feudo.

¿Quién puede señalar algún beneficio del default en nuestra sequía? Quizá haya quién suponga que, en lugar de pagar, nos podríamos quedar con la plata; pero como no hay plata ni habría plazo para devolver, sólo serviría para sumergirnos bastante más.

REPRESIÓN, palabra que transformaron en maldita. Mérito que Néstor ayudó a consolidar con aquello de “no criminalizar la protesta”. Así cundieron los acampes, cortes programados de arterias, el uso de rehenes a todos los que no participan del reclamo, que se tornan innecesariamente violentos y destruyen bienes públicos. También se queman policías con bombas incendiarias y pueden justificar pedreas de crítica contra su propio gobierno, de nacimiento prematuro y salud complicada.

El termino represión es utilizado en la legislación, especialmente en el Código Penal que lo repite hasta el cansancio. La represión es el arma de la ley para garantizar su vigencia; para eso guardó para sí, con nuestro expreso consentimiento, el monopolio de la fuerza pública, impidiendo a los ciudadanos la necesidad de defensa o de venganza personal. Las barbaridades que el Proceso setentista llamó represión fue para violar la ley no para asegurarla.

Ojalá que algún día podamos conocer lo que sería vivir sin miedo, aprovechar los bienes públicos y reconocernos como los que mandan al gobierno puesto a nuestro servicio.

No confundamos Orden Público bajo un régimen legal con nazismo y no olvidemos que los derechos de los que protestan terminan, o debieran terminar, donde comienza el derecho de otro.

No creo que estas palabrejas las ignoren cualquiera, como tampoco creo que les den cinco de bolilla.

Como broche de oro, recuerdo que pisoteamos los umbrales de la III Guerra, con duros efectos en todo el mundo, sin saber en cual tribuna vamos a sentarnos. Es indispensable que Alberto se calle por un tiempito.

sábado, febrero 26, 2022

PONER LAS BARBAS EN REMOJO…

El viejo refrán se utiliza para advertir a alguien que puede tener problemas con lo que hace o dice con el fin que los evite. Echo mano al viejo proverbio tan sólo para disminuir el dramatismo de la opinión que me inspira la conducta de los argentinos y, muy particularmente, de las personas a quienes voluntariamente le entregamos el gobierno. Distingos a los argentinos de los integrantes del gobierno, porque ambos deben “poner sus barbas en remojo”. Aquellos por indiferentes, estos por improvisados.  

También digo “gobierno” y no uso la expresión “Poder”, porque realmente ignoro si el Poder se muestra ante nosotros o si alguien lo detenta. Si queremos un ejemplo que nos ayude a entender la diferencia basta mencionar a Alberto y a Putin. El primero detenta sólo un gobierno vacuo y casual, mientras que el segundo ejerce el gobierno y el Poder conjuntamente. ¡Y vaya si los ejerce desde hace veinte años!

No hablo de Cristina porque sólo se trata de una mujer que se hace la rabiosa en busca de impunidad. Su aspiración no es el ejercicio del Poder político, es algo mucho más torcido e inferior.

Si alguno tuviese interés en indagar y comprender qué significa el Poder, le sugeriría una obra de un muy lúcido francés, Bertrand de Jouvenel, titulada “Sobre el Poder”. A este autor se le atribuyen frases simples, muy sugerentes y claras, como: “…con el tiempo una sociedad de corderos acabará generando un gobierno de lobos…”. Jouvenel también reprocha a las democracias que no estén sabiendo controlar adecuadamente el poder.

No deseo aburrir ni valerme del talento ajeno, pero señalo que me llevó a esta diatriba la actitud díscola, artera e infundada de nuestro presidente. En razón de su cargo jamás pudo ignorar el preludio de una guerra que puede ser sumamente peligrosa, eligiendo esa oportunidad para arrastrarse ante Putin, un poderoso que no le hace falta que Alberto le ofrezca abrirle las puertas de Latinoamérica, ya que el mismo no acostumbra pedir permiso ni ayuda para entrar donde quiera.

Llamo “artera” a la gestión porque no anticipó a los argentinos, ni al resto de Latinoamérica, que haría tal ofrecimiento gratuito y comprometedor. También califico de díscola e imprudente la actitud y el viaje, cuando ya los tanques de Putin marchaban a invadir otro país. Pero también, por pedir plata y jurar fidelidad a Biden al unísono. ¿No será ofensiva esa falta de precaución para cualquier destinatario?
¿Cómo podríamos calificar el régimen político que impera entre nosotros? Yo diría que es casi una anarquía todavía mansa, que responde apenas al silbido de un pastor mentiroso, incoherente y sumiso a ciertos mandatos. Particularmente desorientado frente a un futuro difícil por donde se lo aprecie.

Delante nuestro, haya acuerdo con el FMI o sin él, con guerra o sin ella, solamente se avizoran los sacrificios y violencia propios de un país quebrado. Creo que no podemos ignorar esta posibilidad ineludible; no debemos escuchar ningún canto de sirenas que lo niegue, venga de la derecha, del centro o de la izquierda; es una gran mentira aquello de que “estamos condenados al éxito”, como afirmó Duhalde en un momento también dramático. Estamos a un tris de buscar un salvador y dotar a cualquier prestidigitador de un Poder omnímodo, como ya lo hicimos no hace mucho y lo están haciendo otros países cercanos.

Tal vez sea oportuno releer las frases de Jouvenel que cito al comienzo quién, con acierto didáctico, descree de la mansedumbre de los corderos y reprocha la falta de control adecuado del Poder.

Poder es un término difícil de definir y de señalar, otro término que tampoco puede describirse con alguna exactitud es el Miedo. Éste es consustancial a aquel y, aunque parezca mentira, en nuestro caso, el miedo y el desconcierto aparecieron primero. No ha sido una consecuencia, pero allana el camino horadando la libertad.

Corrupción, violencia, inseguridad y anarquía es y será un coctel de mal pronóstico.

lunes, febrero 14, 2022

LA TORPEZA ES MÍA PERO LA CULPA ES TUYA

Seguramente estimados amigos, que el título ya orienta la percepción del contenido de la opinión que hago pública a continuación. Si, efectivamente refiero al dúo que posee y destruye el timón que puede orientar a nuestro país: Alberto y Cristina, esta especie de androginia política compleja y descarnada que sumerge a la Argentina en la incertidumbre, el desconcierto y la ridiculez.

Solamente la ignorancia de las exigencias ineludibles que demanda el complicado lenguaje de las relaciones internacionales, podría explicar las actitudes asumidas por el elenco presidencial. Justo en el peor momento de la realidad socioeconómica y política de nuestro país, y en víspera de un conflicto bélico internacional que tiene al mundo en vilo, nuestro Alberto, dotado de ciertas potestades por nuestra Cristina, se le ocurre ningunear a quién le está pidiendo ayuda y, al mismo tiempo, cepillar los zapatos del peor enemigo de aquel. Para más, ella calla disconforme mientras complica a su hijo para que fracture el trono.

El silencio de Cristina ¿implica apoyo o reproche de lo que hizo y dijo Alberto? Ella sabrá qué interpretación deberá dársele según sean los resultados que soportaremos del pretendido principio de entendimiento con el FMI que, desde ahora pronostico, oscilan entre desastrosos y malos.

El punto sobre el que pongo énfasis no es sobre a cuál de los sectores en pugna se pretende apoyar, sino que no podemos adular simultáneamente a los dos potentes contendores, justo cuando están mostrándose los dientes. Menos todavía cuando la intervención es mendicante; es como subir al cuadrilátero a pedir limosna a los dos púgiles cuando ya brincan para agredirse. No solamente es ostensiblemente odioso, sino que también es molesto, inoportuno y ridículo.

Ahora debemos preguntarnos ¿por qué se actúa así? ¿no estamos, acaso, inmiscuyéndonos innecesariamente en los albores de una posible guerra mundial? ¿para Alberto y los suyos Ucrania no existe? ¿estamos a favor de que sea invadida militarmente?

Creo que hubiese sido conveniente no meterse inconsultamente en semejante conflicto internacional, cuando ni siquiera puede el gobierno controlar internamente su desvencijada tropa.

Ya tenemos en la Patagonia una base militar china y otra proyectada en Tierra del Fuego y, para despejar dudas, nuestra comitiva presidencial exagera sobreactuando loas a Mao, mientras nuestro embajador en aquel gigantesco país, canta ante sus autoridades la marcha tradicional de la famosa Revolución Cultural que aquel inspiró, dejando tras de si muchos “millones de muertos”. Marchita hoy escondida.

En el Siglo XX apostamos a favor de Hitler y de Mussolini, quienes solitos se cargaron a otros cuantos millones de personas y hoy pretendemos pactar con los terroristas iraníes, los mismos que mataron argentinos poniendo bombas de nuestro propio suelo.

Yo no comprendo qué nos impulsa a insistir y festejar nuestras miserias, al momento de pretender que somos ricos y adalides defensores de los derechos humanos. En realidad, no superamos la categoría de ignorantes e involuntarios pasajeros del tren fantasma, dispuestos a asombrarnos inmóviles de los conocidos monigotes baratos de un entretenimiento caro, viejo y perimido.

El lector no debe confundir el título: el torpe y la culpable de los daños que provoca la torpeza, no pueden excusarse de la responsabilidad que le cabe a cada uno.

sábado, febrero 05, 2022

IN MEMORIAN

Ayer se supo que murieron unas veinticuatro personas por consumir drogas envenenadas Vaya a saber cuántas otras estarán tiradas en alguna pieza sin registro, cuantas otras por ahí se supondrán “muertes súbitas”-El número es brutal y la precisión ya no interesa. Hoy dejé de lado la literatura, el cine o la música, artes de las que suelo valerme para moderar opiniones críticas, para así soportar sin vueltas el cachetazo de una realidad que creía conocer, pero que es superlativa y fantasmal.

Los despojos humanos que murieron ya y los que morirán enseguida, merecen un mínimo de respeto.

Nacieron como nosotros, vivieron un ratito como pudieron y murieron como estropajos. ¿Alguno se habrá enterado que los usaron para mostrar qué delincuente manda en ese barrio? Es difícil, ya estaban muertos hace tiempo. A todos les dedico mi compasión y estas palabras como un pálido responso.

Pero dejemos a los muertos que descansen en paz y nos ocupemos brevemente de los que todavía vivimos, en lo que hemos hecho y en lo que no hacemos callando a sabiendas. No nos hagamos los distraídos porque a los “chorros”, conocidos y desconocidos, los pusimos siempre nosotros. Los “narcos” no son sorpresa, como no se ignora que ellos financian la política y pocos desconocen por donde circulan los porros, la cocaína y el amplio menú de estupefacientes.     

Estas generaciones no dudan que desconocen en manos de quién dejan sus hijos; qué les enseñan; qué les dan. ¿Los abusan de alguna forma? Creo que pocos pueden responder con seguridad. Lo que haya de hacerse para mejorar, no me cabe duda alguna que no debe ser fácil ni rápido, pero nada justifica la indolencia ni el silencio.

El gobierno es y fue siempre una granada plagada de traiciones, contradicciones y ridículo. De nada vale decir: “yo sabía”, porque no se hizo lo necesario y los que no supieron ahora se enteraron con lo que sucede.

Caravanas de delincuentes desfilan repudiando a los jueces que los condenaron, mientras estos callan y el PE aplaude. No podemos confundir quién es la víctima; nos roban a nosotros, manipulan nuestros hijos o los balean en las veredas y a pleno día. 

Un presidente sin respaldo y puesto a dedo, sin justificación ni mandato, se ofrece inconsultamente a Rusia y China como portero capaz de abrirles las puertas de Latinoamérica, creerá acaso que así convencerá a EEUU que nos perdone un tiempito mientras no deja de pedirle plata. Justo ahora que están en pie de guerra.

“Biden es peronista”, se jactan los muy caros funcionarios nuestros, ignorando que el poderío que aquel detenta no fue un regalo y saben del valor de las cosas. En este espacio no hay buenos ni malos, cada uno de los poderosos hace lo que le conviene y, por lo general, no admiten improvisados al mando. No nos queda más remedio que administrar bien nuestras posibilidades dentro del pentagrama de los intereses ajenos, fundamentalmente por el estado de postración en que nos mantienen. ¿Cómo se podría justificar un siglo se saqueos en un país que, en la ruina, todavía se envidia?

El narcotráfico es un potente instrumento político que comprende desde la utilización de los chicos, el agravio de los indefensos y la esclavización de los idiotas que produce. Todo redunda en la confusión y dependencia social. Los involucrados han tenido la habilidad de desnaturalizar las instituciones que fueron caras a la población y que se alcanzaron con sacrificio. 

Hoy la preciada división de poderes que fuera emblema de la República, resulta bastardeada por las hordas de que se vale el Ejecutivo para atacar al Judicial en busca de la impunidad que, a su vez, derrumbará el Estado de Derecho. El Federalismo se respeta sólo en cuanto impone jurisdicciones que son cotos de caza de unos cuantos vivillos que medran con las imposibilidades y confusiones que crea su deformación. La Democracia que suponemos lograda sólo sirve para amparar privilegios, olvidando el bien común, la paz social, la solidaridad y el progreso del conjunto.

Creo que muchos de los adictos que hoy lamentamos, eligieron esa ruta por la imposibilidad de identificar un futuro aceptable para sí. También creo que es peor callarse y admitir todo bajo una aparente e inmóvil indiferencia o ignorancia.

jueves, enero 27, 2022

ARGENTINA-DEMOCRACIA- EDUCACIÓN

Si enfrentáramos la obligación de hacer un bosquejo de nuestro país, su realidad política, institucional, educativa, social y en base a todo ello concretar un somero pronóstico de nuestra suerte futura ¿Qué podríamos decir? Mejor dicho ¿Qué podríamos decirnos con cierta benevolencia que lograra convencernos? Creo que muy poco.

El gobierno nacional es una mascarada inexplicable que transita el ridículo y la contradicción. En un momento en que el mundo se estremece por la posible confrontación bélica entre Rusia (con China) y EEUU más sus respectivos aliados, se dispone para lo inmediato que una delegación solicite torpemente auxilio económico a EEUU, al mismo tiempo que el presidente, con unos impresentables más, hace exactamente lo mismo con los otros. Estas delegaciones de personajes improvisados difícilmente logren ser recibidos en algún lado con simpatía. Ahora ¿por qué actúan así? Yo no los entiendo o, mejor dicho, no quiero entender esto como una mera entrega al mejor postor.

Para los mismos días de las visitas previstas al exterior, el Ejecutivo impulsa manifestaciones “populares” para echar a la Corte Suprema de Justicia; al mismo tiempo se preparan otras para defenderla. El Poder, que en el curso de la historia separó sus funciones legislativas, judiciales y ejecutivas para huir del absolutismo preparando el camino a la nueva democracia, hoy intenta reagruparlas en detrimento de la propia subsistencia de los interesados. Créase o no, solamente la subsistencia nos puede permitir pensar en la libertad, la igualdad, el orden y, finalmente, la paz social.

La pretensión de impunidad del latrocinio desquiciado de ayer, hoy y mañana; la violencia inaudita en las calles, junto al esplendor del narcotráfico y los asesinatos, se han constituidos en moneda corriente. Tenemos al embajador en Chile, bregando por el pseudo mapuche Jones Huala, condenado allá por terrorismo -iguales actos cometió acá- y que tiene en vilo a los ciudadanos argentinos que agrede y ataca, mientras reclama la secesión de parte del territorio nacional. 

Pero este punto merece una breve digresión, la Argentina que supimos conseguir cuenta en su haber miles de muertes fratricidas, sea por la independencia, por el ramillete de caudillos que enseguida aparecieron guerreando; por Urquiza, Rosas, Roca, Mitre y otros cuantos que crearon ríos de sangre; los malones indígenas y vaya a saber cuántos otros responsables de entonces aportaron lo suyo; para qué enumerar a los del Siglo XX, con sus golpes y terrorismo de estado, incluyendo el lamentable episodio de Malvinas. Todo para conseguir esta frágil Argentina que ahora se aprestan a repartir.

¿Quién puede atribuirse el derecho de despilfarrar por dentro y por fuera un país cargado de recursos y adormecido por deudas inexplicables? Las cuotas de vidas las pagaron todos los sectores del país y ninguno tiene derecho a llevarse nada o a perder algo de lo que aún queda.

En esto que queda, los que por cualquier razón confrontan agresivamente, ninguno se priva de sentirse respaldado por la benevolente Democracia, sin insinuar qué es lo que entienden por ella. Desde el vamos podemos afirmar que no puede significar lo mismo para cada bando, puesto que si estuvieran todos de acuerdo con su significado carecería de sentido el enfrentamiento.  Por lo tanto, podemos afirmar que el régimen político imperante no es una democracia, sino un caldero que revuelven oligarquías mafiosas, que bien se guardan de aparentar enfrentamientos insolubles, para que aplaudamos intermitentemente con un voto algunos discursos que apoyaremos cada cuatro años, cuando el desfalco es cotidiano.

Mientras tanto nos comemos el sofisma que la única solución verdadera es la educación. Aferrados a esta verdad indiscutible que sirve hoy para frenarnos y conformarnos, simplemente esperamos. Aún si nos pusiéramos de acuerdo ya en restaurar un sistema educativo viable, sus efectos benéficos podrían notarse dentro de veinte años. ¿Tenemos, acaso, ese plazo de espera dentro de un mundo que avanza urgente a lo desconocido y descarta la memoria histórica? ¿Seguiremos desechando los méritos en pos de una pretendida filosofía igualitaria, retrograda y “no estigmatizante”?

Queremos educación y regalamos cerebros lúcidos que resultan inmediatamente absorbidos afuera por los que reconocen el potencial que representan. Acá destruimos abanderados para que a nuestra enseña la porte un grupo elegido por sorteo que no sabe leer, ni interpretar un texto simple. En vez de apoyar la capacidad y el mérito, pretendemos que estos arrastren a la mediocridad y de ese modo claudiquen todos.
Si pudiéramos navegar y elegir entre lo urgente y lo importante, creo que hoy se impone lo que nos urge, que no es más que algo que podría estar a nuestro alcance: moderar el odio doméstico que sólo nos inmoviliza interior y exteriormente.

Si tuviéramos ocasión de observar en derredor y simplemente advirtiéramos que todos tenemos un pronto destino de presas, de víctimas; que estamos en el grupo de los que sobran sin remedio; de aquellos que ni siquiera pueden defender lo que tienen, tal vez entonces se podría comprender la necesidad y conveniencia de organizar una “resistencia” coherente y posible. Una reacción de esta naturaleza nos permitiría durar un poco más.

La violencia la vivimos hoy y nadie duda que continuará cada día más grave y, como siempre, caerán primero los más quietos, incrédulos, ingenuos e indiferentes.

No nos engañemos, no hay república, democracia, educación, leyes ni destino grato a la vista. Sólo podemos, por ahora, intentar reconocernos como una nación con todas las letras y con pretensión de durar.

viernes, enero 21, 2022

EL GATOPARDO MORIBUNDO

El gatopardo (il gattopardo) es, originalmente, el título de una novela del italiano Lampedusa, resistida en sus comienzos y llevada al cine años después con mucho éxito (1963) de la mano del famoso Luchino Visconti. El gatopardo, en castellano refiere a “leopardo jaspeado”, nombre que asusta, pero que se trata de un animal algo parecido a un gato y fácil de domesticar. En política ese término acuñó luego un concepto cínico: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Por ello el nombre fiero de “leopardo” refiere, en definitiva, a un dócil gatito; lo que se vocifera como un cambio importante, resulta que es sólo apariencia que encubre la continuidad de lo mismo. Privilegios que se mantendrán disfrazados, tropelías que se disimulan, delitos graves que serán ignorados; en fin, el feroz cambio se conforma con algunos retoques cosméticos.

La novela y la superior elocuencia de la vieja película, desnudaron, enrostraron una realidad política que algunos desconocían y otros presentían, pero sin suponer concretamente la crueldad del aforismo, que en su desarrollo vital consumió ingratamente vidas en luchas inservibles, principios que se deformaron, bienes y juventudes frustradas. ¿Cuántas promesas vanas se han escuchado de sectores políticos y de supuestos revolucionarios que, llegados al poder, se fueron diluyendo prontamente?

Pero no está en la finalidad de este modesto trabajo desmenuzar la naturaleza y falsedad de los cambios prometidos por quienes aspiraron a tomar el Poder; esos gatopardismos que hoy más o menos todos entienden y que muchos justifican. Pero, en definitiva, se trataría de cambios que son promesas de hombres, tal vez realizables, tal vez imposibles.

Pero los cambios que acá me ocupan no son promesas humanas; ni siquiera dependen ya de alguna voluntad. Tampoco aparentan belleza, ni preanunciarían beneficios. Estos cambios sin control ya no dependen de los hombres, quizá tampoco exista la posibilidad de evitarlos.

Por ello es que el epígrafe refiere al “gatopardo moribundo”, porque pronto los cambios se producirán, pero nada seguirá igual.

Señalo apenas tres pautas inmanejables que complicarán el futuro próximo (tal vez muy próximo): la explosión demográfica, la crisis cultural y la tremenda expansión tecnológica, todas en curso y acelerando. Por cierto, que tratar acabadamente cualquiera de ellas excede la finalidad y la amplitud de este espacio cuyo propósito es modesto.

La explosión demográfica es un problema espinoso sobre el que se pretendieron soluciones ambiguas o crueles, las que difícilmente logren coincidencias satisfactorias.

La población mundial en los diez mil años previos a 1950 sumó dos mil quinientos millones de personas; desde entonces al día de hoy, en apenas setenta años, esa cantidad se triplicó alcanzando los siete mil quinientos millones. Esta cifra ya es más del doble de la que los científicos consideran apta para que la capacidad de recursos del planeta permitiera vida sustentable. Pero la habilidad humana para depredar tales recursos es increíble y agrava las soluciones posibles. Digamos que, la capacidad para albergar gente es finita y cada vez menos recursos por su depredación no es compatible con un crecimiento poblacional y demanda infinita de aquellos.

Por su parte la depredación incontrolada y la contaminación ambiental han logrado ya un cambio climático cada vez más insoportable y violento. Disminuir los daños que provoca el hombre podría moderar las consecuencias previsibles; sin embargo, no se advierte voluntad concreta; unos por poderosos, otros por ignorantes. El camino al hacinamiento y a sus lamentables consecuencias parece garantizado
La crisis cultural, insinuada ya por Spengler en su obra “La Decadencia de Occidente” a comienzo de siglo pasado, va un poco de la mano con la vertiginosa expansión tecnológica. Permítaseme asimilar a esta crisis de la cultura con la destrucción de un puente que comunicaba puntos de otro modo inalcanzables. De los pocos que habían podido cruzarlo, unos cuantos jóvenes inexpertos fueron prontamente absorbidos por la tecnología, la misma que aisló e incomunicó a los pocos portadores del bagaje cultural anterior, quebrándose así la continuidad histórica de la cultura. El puente que se destruyó por el peso de la aglomeración humana (explosión demográfica) que transitaba sobre él, augura el nacimiento de otra civilización, el advenimiento de nuevos valores y una distinta conformación del nexo social futuro.

La sorpresiva presentación y avance de una tecnología también distinta de la que quedó del otro lado del puente destruido, ahora de magnitud inconmensurable y dimensión fuera de la imaginación común, con acceso restringido a sectores lúcidos, augura cambios políticos, religiosos, morales, sociales y científicos.

Volviendo al punto de partida, digamos que los cambios en curso no permitirán que “todo siga igual”. Son cambios que implosionan el pasado. Aunque muchos no lo admitan o no quieran admitirlo, el gatopardo agoniza junto al prestigio que tradujo bien la tradición política y literaria que, asimismo, también culmina.

¿Qué vendrá? ¿Cómo sigue todo lo que llegó hasta acá? No lo sé, ni puedo suponerlo, pero semejante y abrupto cambio no creo que sea gratis ni indoloro. Es de señalar que los problemas que hemos fabricado lenta e insensiblemente sugieren soluciones urgentes en su dimensión histórica.