sábado, febrero 05, 2022

IN MEMORIAN

Ayer se supo que murieron unas veinticuatro personas por consumir drogas envenenadas Vaya a saber cuántas otras estarán tiradas en alguna pieza sin registro, cuantas otras por ahí se supondrán “muertes súbitas”-El número es brutal y la precisión ya no interesa. Hoy dejé de lado la literatura, el cine o la música, artes de las que suelo valerme para moderar opiniones críticas, para así soportar sin vueltas el cachetazo de una realidad que creía conocer, pero que es superlativa y fantasmal.

Los despojos humanos que murieron ya y los que morirán enseguida, merecen un mínimo de respeto.

Nacieron como nosotros, vivieron un ratito como pudieron y murieron como estropajos. ¿Alguno se habrá enterado que los usaron para mostrar qué delincuente manda en ese barrio? Es difícil, ya estaban muertos hace tiempo. A todos les dedico mi compasión y estas palabras como un pálido responso.

Pero dejemos a los muertos que descansen en paz y nos ocupemos brevemente de los que todavía vivimos, en lo que hemos hecho y en lo que no hacemos callando a sabiendas. No nos hagamos los distraídos porque a los “chorros”, conocidos y desconocidos, los pusimos siempre nosotros. Los “narcos” no son sorpresa, como no se ignora que ellos financian la política y pocos desconocen por donde circulan los porros, la cocaína y el amplio menú de estupefacientes.     

Estas generaciones no dudan que desconocen en manos de quién dejan sus hijos; qué les enseñan; qué les dan. ¿Los abusan de alguna forma? Creo que pocos pueden responder con seguridad. Lo que haya de hacerse para mejorar, no me cabe duda alguna que no debe ser fácil ni rápido, pero nada justifica la indolencia ni el silencio.

El gobierno es y fue siempre una granada plagada de traiciones, contradicciones y ridículo. De nada vale decir: “yo sabía”, porque no se hizo lo necesario y los que no supieron ahora se enteraron con lo que sucede.

Caravanas de delincuentes desfilan repudiando a los jueces que los condenaron, mientras estos callan y el PE aplaude. No podemos confundir quién es la víctima; nos roban a nosotros, manipulan nuestros hijos o los balean en las veredas y a pleno día. 

Un presidente sin respaldo y puesto a dedo, sin justificación ni mandato, se ofrece inconsultamente a Rusia y China como portero capaz de abrirles las puertas de Latinoamérica, creerá acaso que así convencerá a EEUU que nos perdone un tiempito mientras no deja de pedirle plata. Justo ahora que están en pie de guerra.

“Biden es peronista”, se jactan los muy caros funcionarios nuestros, ignorando que el poderío que aquel detenta no fue un regalo y saben del valor de las cosas. En este espacio no hay buenos ni malos, cada uno de los poderosos hace lo que le conviene y, por lo general, no admiten improvisados al mando. No nos queda más remedio que administrar bien nuestras posibilidades dentro del pentagrama de los intereses ajenos, fundamentalmente por el estado de postración en que nos mantienen. ¿Cómo se podría justificar un siglo se saqueos en un país que, en la ruina, todavía se envidia?

El narcotráfico es un potente instrumento político que comprende desde la utilización de los chicos, el agravio de los indefensos y la esclavización de los idiotas que produce. Todo redunda en la confusión y dependencia social. Los involucrados han tenido la habilidad de desnaturalizar las instituciones que fueron caras a la población y que se alcanzaron con sacrificio. 

Hoy la preciada división de poderes que fuera emblema de la República, resulta bastardeada por las hordas de que se vale el Ejecutivo para atacar al Judicial en busca de la impunidad que, a su vez, derrumbará el Estado de Derecho. El Federalismo se respeta sólo en cuanto impone jurisdicciones que son cotos de caza de unos cuantos vivillos que medran con las imposibilidades y confusiones que crea su deformación. La Democracia que suponemos lograda sólo sirve para amparar privilegios, olvidando el bien común, la paz social, la solidaridad y el progreso del conjunto.

Creo que muchos de los adictos que hoy lamentamos, eligieron esa ruta por la imposibilidad de identificar un futuro aceptable para sí. También creo que es peor callarse y admitir todo bajo una aparente e inmóvil indiferencia o ignorancia.

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