No es habitual suponer la metáfora que refiere el epígrafe puesto que siempre se habla, cuando se habla, del salto de “la sartén al fuego”, para indicar un quehacer que señala un destino o elección inexorablemente terrible, cualquiera que sea la opción.
Hoy los argentinos transitamos por el borde, también caliente, de la sartén. Es increíble que la esperanza sea no caernos dentro o fuera, aun cuando ya sintamos que los zapatos se queman y complican el difícil equilibrio.
Vivimos un estado de permanente, ridícula e inexplicable zozobra. Es tan burda la amenaza constante que supimos conseguir que, si la sufrieran otros, seguramente nos provocaría una sonrisa lastimera.
Cómo justificar la existencia de un gobierno parido por un acto de prestidigitación política barata, que hoy deba ser auxiliado por una oposición permanentemente maltratada y rescatado del salvaje ataque de sus “compañeros” de ruta; llámese “fuego amigo”. Un sainete lamentable que genera situaciones grotescas y tragicómicas de consecuencias muy dolorosas que no soportarán ellos, los ladrones, sino todos nosotros.
Describir y criticar el desguace de la sociedad argentina, el odio reinante y las disparatadas actitudes de quienes manejan y orientan nuestro destino, nos llevaría a producir una obra tan grande, como inútil por conocida.
Tal vez exprese mejor el profundo desconcierto, desorientación y perplejidad que me embarga y que supongo una sensación generalizada, utilizando unos pocos conceptos que invito a considerar. Pienso que señalando tres palabras que, seguramente, escuchamos a diario y que su reiteración las cubrió con indiferencia y hastío, pueden ser suficientes para una charla entre amigos.
CORRUPCIÓN, DEFAULT y REPRESIÓN son los términos que hoy están necesariamente impuestos a una sociedad seriamente preocupada y parcialmente envilecida.
¿Será necesario explicar, señalar y soportar lo que expresa la corrupción y quienes se valen de ella? Yo no lo creo. Lo que si creo injustificable es que a diario nos refrieguen la cara con ella y haya muchos que encima aplaudan. ¿Hay, acaso, otra causa de nuestra situación mendicante además del robo y la traición? Si, también cuenta la mentira, la contradicción y el engaño procaz que ni siquiera sorprende e ignoramos complacientes las consecuencias.
Por ejemplo, los que participan del gobierno en total desacuerdo entre ellos ¿Por qué no renuncian y sueltan las “cajas” millonarias que constantemente esquilman? ¿Por qué no echa a nadie el que debiera valerse de semejantes colaboradores? ¿Por qué todos nosotros nos acostumbramos a sostener un barril de corrupción sin fondo? ¿Nos convence el tormentoso vínculo de Alberto y Cristina que pelean con la nave a la deriva? Qué decir de los que cobran fortunas para controlar e impedir esas situaciones.
¿Insistirá ahora Alberto con traer a Putin y desprenderse el pantalón como le prometió? Quizá haya advertido que éste no anda con chiquitas y apoye su espalda contra la pared del FMI.
DEFAULT, es cesación de pagos, quiebra que induce al desapoderamiento de lo que le queda al deudor. Es afianzarse en la situación del mendigo. Para más, en nuestro caso la plata que probablemente nos presten es sólo para que se cobre el mismo prestamista. Te presto para cobrarme lo que me debes y te doy un nuevo plazo para recuperar lo nuevamente prestado, lo que te permitirá seguir trabajando más o menos como antes. Ya conocimos el default, lo declaramos nosotros con algarabía y aplausos, sin perjuicio que enseguida el declarante Rodríguez Saa, tuvo que huir inmediatamente a su feudo.
¿Quién puede señalar algún beneficio del default en nuestra sequía? Quizá haya quién suponga que, en lugar de pagar, nos podríamos quedar con la plata; pero como no hay plata ni habría plazo para devolver, sólo serviría para sumergirnos bastante más.
REPRESIÓN, palabra que transformaron en maldita. Mérito que Néstor ayudó a consolidar con aquello de “no criminalizar la protesta”. Así cundieron los acampes, cortes programados de arterias, el uso de rehenes a todos los que no participan del reclamo, que se tornan innecesariamente violentos y destruyen bienes públicos. También se queman policías con bombas incendiarias y pueden justificar pedreas de crítica contra su propio gobierno, de nacimiento prematuro y salud complicada.
El termino represión es utilizado en la legislación, especialmente en el Código Penal que lo repite hasta el cansancio. La represión es el arma de la ley para garantizar su vigencia; para eso guardó para sí, con nuestro expreso consentimiento, el monopolio de la fuerza pública, impidiendo a los ciudadanos la necesidad de defensa o de venganza personal. Las barbaridades que el Proceso setentista llamó represión fue para violar la ley no para asegurarla.
Ojalá que algún día podamos conocer lo que sería vivir sin miedo, aprovechar los bienes públicos y reconocernos como los que mandan al gobierno puesto a nuestro servicio.
No confundamos Orden Público bajo un régimen legal con nazismo y no olvidemos que los derechos de los que protestan terminan, o debieran terminar, donde comienza el derecho de otro.
No creo que estas palabrejas las ignoren cualquiera, como tampoco creo que les den cinco de bolilla.
Como broche de oro, recuerdo que pisoteamos los umbrales de la III Guerra, con duros efectos en todo el mundo, sin saber en cual tribuna vamos a sentarnos. Es indispensable que Alberto se calle por un tiempito.
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