lunes, febrero 14, 2022

LA TORPEZA ES MÍA PERO LA CULPA ES TUYA

Seguramente estimados amigos, que el título ya orienta la percepción del contenido de la opinión que hago pública a continuación. Si, efectivamente refiero al dúo que posee y destruye el timón que puede orientar a nuestro país: Alberto y Cristina, esta especie de androginia política compleja y descarnada que sumerge a la Argentina en la incertidumbre, el desconcierto y la ridiculez.

Solamente la ignorancia de las exigencias ineludibles que demanda el complicado lenguaje de las relaciones internacionales, podría explicar las actitudes asumidas por el elenco presidencial. Justo en el peor momento de la realidad socioeconómica y política de nuestro país, y en víspera de un conflicto bélico internacional que tiene al mundo en vilo, nuestro Alberto, dotado de ciertas potestades por nuestra Cristina, se le ocurre ningunear a quién le está pidiendo ayuda y, al mismo tiempo, cepillar los zapatos del peor enemigo de aquel. Para más, ella calla disconforme mientras complica a su hijo para que fracture el trono.

El silencio de Cristina ¿implica apoyo o reproche de lo que hizo y dijo Alberto? Ella sabrá qué interpretación deberá dársele según sean los resultados que soportaremos del pretendido principio de entendimiento con el FMI que, desde ahora pronostico, oscilan entre desastrosos y malos.

El punto sobre el que pongo énfasis no es sobre a cuál de los sectores en pugna se pretende apoyar, sino que no podemos adular simultáneamente a los dos potentes contendores, justo cuando están mostrándose los dientes. Menos todavía cuando la intervención es mendicante; es como subir al cuadrilátero a pedir limosna a los dos púgiles cuando ya brincan para agredirse. No solamente es ostensiblemente odioso, sino que también es molesto, inoportuno y ridículo.

Ahora debemos preguntarnos ¿por qué se actúa así? ¿no estamos, acaso, inmiscuyéndonos innecesariamente en los albores de una posible guerra mundial? ¿para Alberto y los suyos Ucrania no existe? ¿estamos a favor de que sea invadida militarmente?

Creo que hubiese sido conveniente no meterse inconsultamente en semejante conflicto internacional, cuando ni siquiera puede el gobierno controlar internamente su desvencijada tropa.

Ya tenemos en la Patagonia una base militar china y otra proyectada en Tierra del Fuego y, para despejar dudas, nuestra comitiva presidencial exagera sobreactuando loas a Mao, mientras nuestro embajador en aquel gigantesco país, canta ante sus autoridades la marcha tradicional de la famosa Revolución Cultural que aquel inspiró, dejando tras de si muchos “millones de muertos”. Marchita hoy escondida.

En el Siglo XX apostamos a favor de Hitler y de Mussolini, quienes solitos se cargaron a otros cuantos millones de personas y hoy pretendemos pactar con los terroristas iraníes, los mismos que mataron argentinos poniendo bombas de nuestro propio suelo.

Yo no comprendo qué nos impulsa a insistir y festejar nuestras miserias, al momento de pretender que somos ricos y adalides defensores de los derechos humanos. En realidad, no superamos la categoría de ignorantes e involuntarios pasajeros del tren fantasma, dispuestos a asombrarnos inmóviles de los conocidos monigotes baratos de un entretenimiento caro, viejo y perimido.

El lector no debe confundir el título: el torpe y la culpable de los daños que provoca la torpeza, no pueden excusarse de la responsabilidad que le cabe a cada uno.

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