Tal vez se advierta algún rasgo de cinismo en el epígrafe, pero no encuentro otro modo de expresar la inquietud que provoca suponer “el día después” de esta cuarentena tremenda que ahora vuelve a prolongarse, manteniendo el silencio que la ha caracterizado, ¿Hasta cuándo durará la cuarentena sanitaria, política, económica e informativa?.
El universo de todos los intereses que nos preocupan ingresó hace tiempo en un verdadero “agujero negro” del que sólo suponemos previsibles consecuencias graves.
Todos los últimos acontecimientos son ingratos: el Ministro de Economía mantiene el default enigmáticamente, tan callado como el Canciller. Los anuncios presidenciales se limitan a comunicar el tránsito del Covid19 (¿y Ginés?), mostrándose junto a Rodríguez, Larreta y Kicillof, que no se soportan. Los ciudadanos que pueden esquivar al coronavirus los agarran en las calles que son tierra de nadie donde impera la violencia. Delincuencia y, en particular, narcotráfico se encuentran cómodos en el silencio. Las fronteras tan descontroladas como el mar del sur; en fin, la lista de daños es larga e impropia de esta escueta opinión.
Pero hay otro peligro que asoma y no debe omitirse. Nos aproximamos a la “anarquía” y de ella no se vuelve fácilmente y sin costos altos. Hemos visto funcionarios de segunda línea (Como Berni, ministro provincial) invadir la jurisdicción presidencial vergonzosamente y sin consecuencias, es parte del propio oficialismo el que se ocupa de esmerilar y ridiculizar la figura de Alberto Fernández. ¿Y después qué sigue?
La ley, buena o mala, justa o injusta, es siempre un sistema de garantías. Respetemos la que existe sin cambios de media noche.
Los jueces, siempre privilegiados de por vida, tendrán que abandonar su letargo y ayudar a recomponer la organización social.
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