Cuando estudiaba Filosofía Jurídica leí a un erudito que consignaba: EL LADRÓN NO DESCONOCE NI ATACA AL DERECHO DE PROPIEDAD, LO QUE PRETENDE ES SUSTITUIR AL DUEÑO REAL, COLOCARSE EN SU LUGAR Y RECIBIR TAMBIÉN LA PROTECCIÓN LEGAL QUE CORRESPONDE A ESA CONDICIÓN.
En definitiva, pretende que la misma ley que violó, ahora lo proteja. En nuestros días aquel filósofo podría mostrarnos un ejemplo práctico y también real.
Lázaro Báez, hoy dueño y señor de la Patagonia y de riquezas tan obscenas como de límites desconocidos, lo resucitan después de tres o cuatro años para volver triunfante a alguna de sus mansiones y disfrutar de sus riquezas mal habidas.
Mudo como cuando entró a la cárcel, aprovecha los beneficios legales que impedirían su prisión aun meramente preventiva, para salir a disfrutar. Digamos que la ley y el “juez” lo protegen. La ley es la regla general, mientras que el juez corrupto la dobla. Pero no nos confundamos, este problema hoy es de segundo orden, simplemente nos hace mirar para otro lado en vez de buscar la plata que le falta al pueblo empobrecido y hambreado.
Por lo pronto nadie vaya a creer que hace falta otro proceso para recuperar el dinero mal habido, sólo hay que tomarlo y restituírselo al verdadero dueño. No como a Cristóbal, que le preparan una moratoria para ver si “devuelve” en cuotas los diez mil millones que sin duda le sustrajo al estado. Hay muchos ejemplos así. Nadie duda que es inconmensurable la cantidad de bienes y dinero ocultos dentro y fuera del país.
La Argentina anda por el mundo mendigando dinero que adeuda gracias a la corrupción y nada hace para recuperar pronto lo suyo, ni siquiera se ha escuchado que los fiscales negocien la devolución a cambio de pronta libertad. Si se traduce los miles de millones de dólares que faltan en obras, escuelas, hospitales, tecnología, etc., habría muchos recursos produciendo y sin lamentar deudas en manos de usureros.
Pero, como dice la milonga campera al concluir una de sus estrofas que recuerdan al cantor que le robaron el poncho que había dejado a su lado: “Son todos buenos paisanos, pero el poncho no aparece"
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