sábado, septiembre 19, 2020

H0MBRES CON POLLERAS

El kilt es la prenda más típica de Escocia e Irlanda. Consiste en una falda pero tiene la peculiaridad de que la visten los hombres. Aunque el kilt es la falda masculina más reconocible en el mundo entero, existe una gran variedad de trajes tradicionales masculinos similares a la falda, antiguos y modernos. 

Entre nosotros no existe como prenda de vestir masculina algo parecido. Más bien, hasta hace algunos años era inimaginable dado el machismo acentuado de esos años; por entonces la posibilidad de que algún individuo usara pollera era un pasaporte al ridículo. No sólo el buen uso era improbable, sino que también, por extensión, se usaba como un calificativo insultante, algo así como: pollerudo; calzonudo; lavarropa etc. Esos términos era atribuir al referido la condición de dominado o “manejado por la mujer”, se tratara ésta de la madre, la esposa o la novia, etc. El calificativo era vergonzante y ofensivo para el aludido que difícilmente lo toleraría.

El epígrafe viene a colación por lo acontecido esta semana en el Senado de la Nación cuando se destituyó a los jueces que entendían en las causas de Cristina Fernández y que ésta odiaba por el curso que inevitablemente tomaban los muchos procesos en su contra.

Con independencia del conflicto institucional de meterse intempestivamente en la estructura de otro Poder del Estado, las cuestiones que se trataban en esos juicios fueron hasta transmitidas por televisión. Vimos revolear bolsos, contar dólares con máquinas o pesarlos, vuelos de aeronaves oficiales y saber del “éxtasis” que les provocaban las cajas fuertes y las bóvedas, etc.

Los senadores que votaron favorablemente para echar a los jueces se pudieron esconder tras los dispositivos informáticos cuando lo hicieron, sabían que ella se regocijaba sola manejando un cuerpo vacío de personas reales y habitado por fantasmas encubridores y cómplices. No se trata de peronistas o no peronistas; no había cuestión ideológica o partidaria que considerar, esto nada tiene que ver con la política, sino con la ética, el honor y expresas obligaciones funcionales. Eso es desvergüenza y cobardía.

Mientras el país está paralizado, los ciudadanos encerrados y en medio de la ruina económica, para lo único que se movieron fue para concretar una ignominia; una verdadera afrenta pública. La única aspiración del cuerpo fue colaborar con la impunidad descarada de la mujer que a menudo los reta o los hace callar. Votaron escondidos porque ella lo mandó; como mandó al presidente a presentar el proyecto deleznable con apuro injustificable. Hasta el Boletín Oficial tuvo que hacer una edición extraordinaria y urgente al siguiente medio día para cumplir el necesario requisito de la publicidad de lo que no pudieron disimular.

En fin, tal vez se comprenda el título (“hombres con polleras”) que di al presente, especialmente si se le atribuye a los senadores el significado infamante que tuvo hace treinta o cuarenta años y que ya explicité más arriba.

En nuestro país “dólares” ya pertenece exclusivamente al lenguaje político en voz baja y se mueven por vías oficiales; total si trasciende esa esfera, se echa a un funcionario menor; pero ¿los dólares dónde están? A Cristina Fernández se le atribuye el mérito de crear la escuela de estos malabares.


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