martes, septiembre 01, 2020

¡GUERNICA!

Guernica es un pequeño pueblo vasco cuya población civil fue masacrada por la aviación alemana el 26 de abril de 1937, la que apoyaba a Franco en la terrible guerra civil española. El abominable hecho inspiró la obra cumbre de Picasso para testimonio de los tiempos. Fue un acto mercenario y canalla del extranjero que probaba su letalidad bélica en otro país, preparándose para la guerra mundial que se avecinaba.

Para no ser menos, nosotros también tenemos nuestra Guernica, una localidad bonaerense homónima que, ¡vaya casualidad!, también inauguró desembozadamente una previsible etapa de violencia civil con la toma masiva de tierras. El acontecimiento generado a mediado de julio pasado produjo una verdadera batalla campal (con probable uso de armas) entre vecinos y otros connacionales.

Algo similar, pero de pronóstico mucho más grave sucede en el sur de nuestro país (p.ej. Villa Mascardi), donde se proyecta en paralelo con el sur chileno, un extenso conflicto atribuido confusamente a la comunidad mapuche. Se habla de la intención separatista y la creación de un Estado independiente. También se presume de un gran proyecto inmobiliario auspiciado por delincuentes y potentes grupos económicos; todos aprovechan la ruina moral, política y sanitaria que nos consume. Dicho sea de paso, se trata de regiones de intenso potencial turístico, de enormes riquezas naturales y de reservas de agua.

Acontecimientos de esta naturaleza sólo produjeron una muy discutible reacción de nuestro Ministerio de Seguridad (Sabina Frederic).

Recientemente el expresidente peronista Duhalde se desdijo de haber previsto, entre otros desastres, la posibilidad de una guerra civil. Para ello insinuó haber sufrido un brote psicótico como justificativo de sus manifestaciones públicas, siendo poco probable que alguien recuerde qué hizo o dijo en circunstancias como las aludidas. De todos modos, la inefable disolución de la República, el desconocimiento de la necesaria y frágil vigencia de nuestra ley y la promoción de personajes conflictivos como Grabois, cuyo mérito es atribuirse la amistad del Papa, son circunstancias que vivimos día a día y nos van arrimando a la anarquía y a la violencia. 

Tampoco nada sabemos qué fue de los doscientos “médicos” cubanos que importamos apenas empezó la pandemia. ¿Qué hicieron o estarán haciendo? ¿Dónde están?

En fin, ya son muchos interrogantes sin respuesta y a mí, por lo menos, me preocupa bastante la incertidumbre y las posibles consecuencias.

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