miércoles, septiembre 09, 2020

¿ANARQUÍA?

Lamento a veces presentir complicaciones sociales que anticipan innecesariamente mi angustia. Esperaba íntimamente que esas premoniciones no fueran más que pesadillas que huyen al despertar. Pero no, no fueron sueños las manifestaciones concretas de descomposición social que vivimos e insistimos en profundizar y que la realidad nos enrostra con crueldad.

Para quienes ya estamos en tiempo de descuento saboreamos la frustración de apreciar que casi todo lo aprendido era falso o no sirvió para nada. Ahora los impresentables ni siquiera se ocupan en engañarnos, nos imponen lo que debemos creer: Báez, Boudou, De Vido, Cristóbal etc., NO robaron y merecen que el pueblo lo crea y que los absuelva “la historia”, como a Cristina, que fue recompensada por el voto. Ella no mintió; nadie ignoraba que puso a Fernández para moderar la ignominia de su delincuencia autoritaria.

Anoche la orden de los jueces se desdibujó frente a la decisión de un pequeño grupo de vecinos que, simbólicamente y con razón, mandó nuevamente a la cárcel al delincuente Baez liberado por la alcahuetería oficial. ¿Esos magistrados habrán comprendido que hace rato los descubrieron y que no son confiables sus sentencias?

Desde la escuela, más aún en la Facultad DE DERECHO, se nos enseñó que había servicios esenciales apreciados especialmente por la República, aquellos dedicados a velar por la SALUD, la DEFENSA y la EDUCACIÓN, razón por la que se les impediría sindicalizarse a sus servidores, porque se suponía que el Estado instituido por la Constitución se haría cargo debidamente de ellos. 

Ayer la Policía desconoció sin tapujos la cadena de mandos cansados de custodiar a chorros en sus mansiones, arriesgando su vida por monedas. Los médicos hicieron oír sus reclamos por la miserable valoración de sus funciones en el cuidado de la vida de los ciudadanos, fragilizando la estabilidad de un servicio esencial que no siempre se cumple debidamente. Finalmente, Baradel en presunta representación de un magisterio silencioso, defendía a rajatablas el trato infame que el gobierno da a sus principales servidores. Ahora muchos de todos esos servidores son supuestamente sostenidos por el narcotráfico, el mismo que debieran combatir.

Pero, como anunció magistralmente Discepolo, “Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”, con razón no dejó categoría sin carga social vigente. 

Sin ir más lejos, allá por enero del 2008, la Sra. de Bonafini y sus amigas defecaron (literalmente) en el altar de la Catedral de Buenos Aires, entonces a cargo del cardenal Bergoglio, elegido Papa unos cinco años después.

Tanto por lo sucedido en aquel entonces, como por lo que ahora sucede peligrosamente, podríamos haber escuchado alguna reflexión adecuada a las circunstancias tan delicadas de sus connacionales.

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