La literatura, la filmografía y el folclore suelen proporcionar ejemplos y analogías que evitan la extensión innecesaria de opiniones y pensamientos complejos.
La novela de Stevenson, publicada en 1886, refiere a la doble personalidad que habita en los hombres: en el caso particular, el doctor Henry Jekyll, que es inteligente, bueno, culto y educado, advierte que en su interior existen secretos impulsos malignos que enfrasca en otra faz de su personalidad, que temporariamente transforman al buen doctor en el Sr. Hyde, un ser malvado y cruel. Finalmente, éste se apodera totalmente de la personalidad. Es decir que triunfa el Sr. Hyde, transformando en modo permanente al Dr. Jekill, en un ser cínico y malvado, por lo que en un breve intervalo de lucidez, se suicida.
Sin eufemismos rápidamente advertimos que en el gobierno habitan esas dos personalidades y comenzamos ya sin duda a presenciar la imposición del malvado que el doctor supuso podría controlar.
La semana anterior dimos otro paso importante en la dilución del débil y maltrecho Estado que supimos construir, ahora sin respeto ni a sus frágiles formas.
La policía bonaerense, desconociendo a sus propios superiores que deberían mandar en la jurisdicción, trataron directamente con el presidente, quién, además, no sólo escuchó los reclamos, sino que encontró un principio de solución atropellando la legalidad al rapiñar fondos de quién odia la vicepresidente. Émulo de Hyde, que ya había anticipado sus rencores inolvidables. También vimos la foto posterior de cómo, con entusiasmo futbolero, Kicillof y Berni chocaban triunfantes sus puños como si a ellos correspondiera el éxito artero. Estos ni se enteraron de lo que sucedía en la Policía y estuvieron totalmente borrados en la negociación que nunca debieron permitir.
En medio de este descalabro económico, acompañado por la inactividad agobiante que fulmina empresas y puestos de trabajo, sin un plan a seguir y la desobediencia civil que sobrevino del hastío, el presidente no muestra otro proyecto que el de lograr la impunidad de la “dueña”, aunque ello le implique gastar sumas fabulosas de un erario vacío. La reforma judicial, que anticipa cambio de jueces y empleados, direccionados y coimeados desde el vamos, no debería contar entre las prioridades del momento.
Acá también pudimos presenciar, lamentablemente, un inefable derrape oficial inesperado. Enviar matones y delincuentes a la Plaza 25 de Mayo para desarmar la protesta que no reconocía destinatarios provinciales y, también, desparramar clavos “miguelitos” en las calles de la ciudad, no ha sido más que una alcahuetería absolutamente innecesaria y una nueva forma de salivar para arriba. ¿Qué beneficio obtenía la Provincia con el saqueo a la Ciudad de Bs. As. para asistir exclusivamente a la policía bonaerense? ¿Y los de acá, la sanidad y la economía nuestra?
Habrá que esperar la suerte de que el rebote de otra ocurrencia dañina de Mr. Hyde nos sirva para algo.
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