martes, septiembre 29, 2020

LOS OCHO PECADOS CAPITALES DE LA OLIGARQUIA

Un antigua y defectuosa clasificación de las formas de gobierno, según el número de individuos que ejercían el Poder, era: Monarquía (De una persona); Aristocracia (Del grupo de personas mejor y más capacitado) y Democracia (De todos o del pueblo). Llamadas también formas puras por tender al objetivo del Bien Común. Cuando esa finalidad se abandonaba y cambiaba por el provecho propio, aquellas formas degeneraban en: tiranía, oligarquía y demagogia, respectivamente.

Para el presente bastan esas referencias, particularmente oligarquía, porque permite aplicar a esa situación en la que un grupo de personas inamovibles se adueña del poder político, sindical, judicial, financiero o legislativo, todos en su propio beneficio. Son grupos impenetrables y cambian solamente los descartables para guardar las apariencias. Es imposible llegar en la Provincia o en la Nación; en donde, aunque parezcan distintos, casi siempre son los mismos y están asociados en el vallado. Cuando algún aspirante pretende llegar es impedido por las buenas o por las malas; si no, revise su propia experiencia si alguna vez lo intentó o presenció el intento de otro.  

Esta oligarquía multifacética, solventada por todos nosotros, no le escapa a ningún pecado:

1)Lujuria: Por la oficina de los jerarcas invariablemente circulan novias, amantes, parientes o cualquier personaje cariñoso bajo el rimbombante título de asesor/a. Para que mencionar al diputado Ameris, que recientemente no podía hablar con la boca llena. Episodio que se viralizó inmediatamente para el bochorno general.

2)Pereza: para muestra bastan “dos” botones. Tanto Moreau, como Gioja (pantalla sobre la cabeza de Ameris) duermen el sueño de los justos, así como no van a preferir las sesiones virtuales en las que se pueden esconder mientras descansan o disfrutan fuera de la vista de sus representados.  

3)Ira: la rabia y odio habitual de la vicepresidente, entre otros, se muestran permanentemente, que encima remarca con fuertes dejos de ironía. Algo que contagió al presidente y a muchos otros creídos.

4)Soberbia: Cristina Fernández expresó y amenazó al tribunal que la indagaba por el delito de enriquecimiento ilícito, entre otros, entendiendo que a ella sólo la juzgará la historia y a los jueces el pueblo, yéndose bruscamente sin más;

5)Avaricia: tanto la vice que, además de lo que ya viene manoteando y no niega, como tampoco oculta a sus testaferros que adquieren edificios en EEUU, no hay pensión que deje pasar. Todos canjean hasta los pasajes y se desprenden de empleados consiguiéndoles nombramientos. Los adicionales que perciben o usan ilegalmente, como los regalos a sus acólitos que paga el Estado son increíbles. Boudou es un buen exponente;

6)Envidia: todos los que están alrededor del que distribuye y cuya voracidad se disimula de ese modo, aspiran a la inalcanzable silla de éste;

7)Gula: ¿Alguien los ha visto comer con sus comitivas y firmar las boletas a cuenta de las cámaras o de los sindicatos? Si les sucedió presenciar esas generosidades caras me comprenderán.

8)Mérito: este pecado nuevo es un recién llegado a la milenaria grilla. Hasta hace poco eran siete. Pero se incorpora porque trae muy buenas recomendaciones. Como son escasos estos pecadores (los meritorios) rápidamente abandonarán el vicio y serán suficientemente perdonados

jueves, septiembre 24, 2020

QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA...

En la tercera década del SIGLO XX, Gardel incluía este verso en un momento del tango “VOLVER”, así continuaba el anterior: “Sentir que es un soplo la vida”. Las sentidas palabras se entendían mejor entonces; en un mundo mucho más lento que el que conocemos hoy, con urgencias distintas. Los días eran parecidos y podía preverse un futuro más o menos similar. Las cuatro estaciones del año se presentaban más apacibles con las características que les eran propias y, de repente, los jóvenes se volvían viejos en el mismo escenario que les ofreció la vida sin grandes cambios.

La cuestión viene a propósito de lo que expresó públicamente un elocuente periodista cuando, opinando sobre este año perdido y estrafalario, manifestaba que, en un mundo también bastante conflictuado, nosotros necesitaríamos más de veinte años haciendo las cosas bien -lo que es poco probable- para volver a la situación que teníamos hace cincuenta o sesenta años atrás. Apuntó a la situación catastrófica de la educación, exhibiendo fotos de la contrapartida que ejemplificaba Hiroshima, en la que un maestro daba clases a sus alumnos al aire libre y entre los escombros que acababa de dejar la bomba. Ahí esta Japón ahora, mientras esa posibilidad nosotros la descartamos con aplausos desde el vamos.

Ellos desde el comienzo presentían en medio de la hecatombe, que la educación era impostergable. Nosotros regalamos días, meses y años sin atisbos de algún plan para no detenernos en el tiempo.

Setenta años atrás había un tercio de la población actual y se depredaba el planeta en esa proporción. Hoy en este corto lapso, los habitantes se han más que triplicado y la depredación ni hablar. Dentro de veinte años con unos cuantos miles de millones de personas más y depredación mayor de lo que para entonces quede, la complicación no nos animamos a suponerla. Entre muchos otros, basura, aire y agua serán problemas graves que deberán afrontarse con tecnología y capacitación general.

De allí que no se comprenda que nosotros, que comparativamente viajamos detrás del último vagón, podamos aceptar que el presidente y su comitiva denigren el “mérito”. Personalmente no coincido para nada; creo que metafóricamente es lo mismo que equiparar a Baradel y su fábrica de burros con Favaloro. Un ser excepcional que estudió, dedicó diez años a ayudar a los otros en el campo; otros diez en perfeccionarse para finalmente VOLVER a su tierra con todo el bagaje de experiencia alcanzado, ayudando nuevamente salvando vidas. Claro que terminó suicidándose al comprobar que su aporte valioso era ignorado. No se negará que él fue un ejemplo de mérito, aunque la indiferencia lo sepultara.

Lamentable y “coincidentemente” (?) el Papa -otro argentino- se expresaba en forma similar al presidente menoscabando el valor del mérito. Menudo consejo de una voz resonante que alienta el desvalor de cualquier actitud que se reconozca positiva frente al desafío mayúsculo del futuro cercano. ¿Qué entenderán por mérito? No tenemos veinte años para averiguarlo.

sábado, septiembre 19, 2020

H0MBRES CON POLLERAS

El kilt es la prenda más típica de Escocia e Irlanda. Consiste en una falda pero tiene la peculiaridad de que la visten los hombres. Aunque el kilt es la falda masculina más reconocible en el mundo entero, existe una gran variedad de trajes tradicionales masculinos similares a la falda, antiguos y modernos. 

Entre nosotros no existe como prenda de vestir masculina algo parecido. Más bien, hasta hace algunos años era inimaginable dado el machismo acentuado de esos años; por entonces la posibilidad de que algún individuo usara pollera era un pasaporte al ridículo. No sólo el buen uso era improbable, sino que también, por extensión, se usaba como un calificativo insultante, algo así como: pollerudo; calzonudo; lavarropa etc. Esos términos era atribuir al referido la condición de dominado o “manejado por la mujer”, se tratara ésta de la madre, la esposa o la novia, etc. El calificativo era vergonzante y ofensivo para el aludido que difícilmente lo toleraría.

El epígrafe viene a colación por lo acontecido esta semana en el Senado de la Nación cuando se destituyó a los jueces que entendían en las causas de Cristina Fernández y que ésta odiaba por el curso que inevitablemente tomaban los muchos procesos en su contra.

Con independencia del conflicto institucional de meterse intempestivamente en la estructura de otro Poder del Estado, las cuestiones que se trataban en esos juicios fueron hasta transmitidas por televisión. Vimos revolear bolsos, contar dólares con máquinas o pesarlos, vuelos de aeronaves oficiales y saber del “éxtasis” que les provocaban las cajas fuertes y las bóvedas, etc.

Los senadores que votaron favorablemente para echar a los jueces se pudieron esconder tras los dispositivos informáticos cuando lo hicieron, sabían que ella se regocijaba sola manejando un cuerpo vacío de personas reales y habitado por fantasmas encubridores y cómplices. No se trata de peronistas o no peronistas; no había cuestión ideológica o partidaria que considerar, esto nada tiene que ver con la política, sino con la ética, el honor y expresas obligaciones funcionales. Eso es desvergüenza y cobardía.

Mientras el país está paralizado, los ciudadanos encerrados y en medio de la ruina económica, para lo único que se movieron fue para concretar una ignominia; una verdadera afrenta pública. La única aspiración del cuerpo fue colaborar con la impunidad descarada de la mujer que a menudo los reta o los hace callar. Votaron escondidos porque ella lo mandó; como mandó al presidente a presentar el proyecto deleznable con apuro injustificable. Hasta el Boletín Oficial tuvo que hacer una edición extraordinaria y urgente al siguiente medio día para cumplir el necesario requisito de la publicidad de lo que no pudieron disimular.

En fin, tal vez se comprenda el título (“hombres con polleras”) que di al presente, especialmente si se le atribuye a los senadores el significado infamante que tuvo hace treinta o cuarenta años y que ya explicité más arriba.

En nuestro país “dólares” ya pertenece exclusivamente al lenguaje político en voz baja y se mueven por vías oficiales; total si trasciende esa esfera, se echa a un funcionario menor; pero ¿los dólares dónde están? A Cristina Fernández se le atribuye el mérito de crear la escuela de estos malabares.


martes, septiembre 15, 2020

Dr. JEKILL y Mr. HYDE

La literatura, la filmografía y el folclore suelen proporcionar ejemplos y analogías que evitan la extensión innecesaria de opiniones y pensamientos complejos.

La novela de Stevenson, publicada en 1886, refiere a la doble personalidad que habita en los hombres: en el caso particular, el doctor Henry Jekyll, que es inteligente, bueno, culto y educado, advierte que en su interior existen secretos impulsos malignos que enfrasca en otra faz de su personalidad, que temporariamente transforman al buen doctor en el Sr. Hyde, un ser malvado y cruel. Finalmente, éste se apodera totalmente de la personalidad. Es decir que triunfa el Sr. Hyde, transformando en modo permanente al Dr. Jekill, en un ser cínico y malvado, por lo que en un breve intervalo de lucidez, se suicida.

Sin eufemismos rápidamente advertimos que en el gobierno habitan esas dos personalidades y comenzamos ya sin duda a presenciar la imposición del malvado que el doctor supuso podría controlar.

La semana anterior dimos otro paso importante en la dilución del débil y maltrecho Estado que supimos construir, ahora sin respeto ni a sus frágiles formas.

La policía bonaerense, desconociendo a sus propios superiores que deberían mandar en la jurisdicción, trataron directamente con el presidente, quién, además, no sólo escuchó los reclamos, sino que encontró un principio de solución atropellando la legalidad al rapiñar fondos de quién odia la vicepresidente. Émulo de Hyde, que ya había anticipado sus rencores inolvidables. También vimos la foto posterior de cómo, con entusiasmo futbolero, Kicillof y Berni chocaban triunfantes sus puños como si a ellos correspondiera el éxito artero. Estos ni se enteraron de lo que sucedía en la Policía y estuvieron totalmente borrados en la negociación que nunca debieron permitir.

En medio de este descalabro económico, acompañado por la inactividad agobiante que fulmina empresas y puestos de trabajo, sin un plan a seguir y la desobediencia civil que sobrevino del hastío, el presidente no muestra otro proyecto que el de lograr la impunidad de la “dueña”, aunque ello le implique gastar sumas fabulosas de un erario vacío. La reforma judicial, que anticipa cambio de jueces y empleados, direccionados y coimeados desde el vamos, no debería contar entre las prioridades del momento.

Acá también pudimos presenciar, lamentablemente, un inefable derrape oficial inesperado. Enviar matones y delincuentes a la Plaza 25 de Mayo para desarmar la protesta que no reconocía destinatarios provinciales y, también, desparramar clavos “miguelitos” en las calles de la ciudad, no ha sido más que una alcahuetería absolutamente innecesaria y una nueva forma de salivar para arriba. ¿Qué beneficio obtenía la Provincia con el saqueo a la Ciudad de Bs. As. para asistir exclusivamente a la policía bonaerense? ¿Y los de acá, la sanidad y la economía nuestra?

Habrá que esperar la suerte de que el rebote de otra ocurrencia dañina de Mr. Hyde nos sirva para algo.

miércoles, septiembre 09, 2020

¿ANARQUÍA?

Lamento a veces presentir complicaciones sociales que anticipan innecesariamente mi angustia. Esperaba íntimamente que esas premoniciones no fueran más que pesadillas que huyen al despertar. Pero no, no fueron sueños las manifestaciones concretas de descomposición social que vivimos e insistimos en profundizar y que la realidad nos enrostra con crueldad.

Para quienes ya estamos en tiempo de descuento saboreamos la frustración de apreciar que casi todo lo aprendido era falso o no sirvió para nada. Ahora los impresentables ni siquiera se ocupan en engañarnos, nos imponen lo que debemos creer: Báez, Boudou, De Vido, Cristóbal etc., NO robaron y merecen que el pueblo lo crea y que los absuelva “la historia”, como a Cristina, que fue recompensada por el voto. Ella no mintió; nadie ignoraba que puso a Fernández para moderar la ignominia de su delincuencia autoritaria.

Anoche la orden de los jueces se desdibujó frente a la decisión de un pequeño grupo de vecinos que, simbólicamente y con razón, mandó nuevamente a la cárcel al delincuente Baez liberado por la alcahuetería oficial. ¿Esos magistrados habrán comprendido que hace rato los descubrieron y que no son confiables sus sentencias?

Desde la escuela, más aún en la Facultad DE DERECHO, se nos enseñó que había servicios esenciales apreciados especialmente por la República, aquellos dedicados a velar por la SALUD, la DEFENSA y la EDUCACIÓN, razón por la que se les impediría sindicalizarse a sus servidores, porque se suponía que el Estado instituido por la Constitución se haría cargo debidamente de ellos. 

Ayer la Policía desconoció sin tapujos la cadena de mandos cansados de custodiar a chorros en sus mansiones, arriesgando su vida por monedas. Los médicos hicieron oír sus reclamos por la miserable valoración de sus funciones en el cuidado de la vida de los ciudadanos, fragilizando la estabilidad de un servicio esencial que no siempre se cumple debidamente. Finalmente, Baradel en presunta representación de un magisterio silencioso, defendía a rajatablas el trato infame que el gobierno da a sus principales servidores. Ahora muchos de todos esos servidores son supuestamente sostenidos por el narcotráfico, el mismo que debieran combatir.

Pero, como anunció magistralmente Discepolo, “Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”, con razón no dejó categoría sin carga social vigente. 

Sin ir más lejos, allá por enero del 2008, la Sra. de Bonafini y sus amigas defecaron (literalmente) en el altar de la Catedral de Buenos Aires, entonces a cargo del cardenal Bergoglio, elegido Papa unos cinco años después.

Tanto por lo sucedido en aquel entonces, como por lo que ahora sucede peligrosamente, podríamos haber escuchado alguna reflexión adecuada a las circunstancias tan delicadas de sus connacionales.

domingo, septiembre 06, 2020

EL APRENDIZ DE HECHICERO

Así se denomina un poema sinfónico del francés Paul Dukas, que adquirió verdaderamente popularidad cuando Disney lo llevó a la pantalla en 1940. El argumento consiste en que el aprendiz, en ausencia de su maestro, pone en practica los rudimentos de su escasa experiencia embrujando una escoba para que realizara la tarea que él debía ejecutar, pero tarde se dio cuenta no sabía cómo hacer para detener el estropicio inmanejable que ésta hacía sin control. Supo cómo ponerla en marcha, pero aún no había aprendido a pararla, ni controlar las consecuencias inimaginables que produciría.

Ya se habrá adivinado el parangón con nuestro presidente que, iniciándose de prestado en la complejísima tarea de gobernar, no solamente se encontró con una bruja de medio pelo que lo instruyera, sino que puso en movimiento variables demasiado complejas para él y sus circunstancias, transformando al país en una balsa que el agua arrastra hacia una catarata. La maestra tampoco sabe qué hacer para evitar ese destino o si realmente quiere evitarlo.

La política, como arte o como ciencia, señala una premisa ineludible: saber qué se pretende y suponer cómo hacerlo. Entre nosotros sólo vemos incertidumbre, propósitos subalternos y chabacanerías. Para muestra basta la última sesión de la Cámara de Diputados, que computaba ausentes a los presentes y presentes a los que no estaban o dormían en sus domicilios (Moreau).

La Argentina enfrenta interna y externamente variables que no alcanzan a comprender sus líderes disfrazados, cuyos antifaces de mala muerte hasta impiden conocer quién gobierna realmente. La cuestión es por demás compleja y grave teniendo en cuenta las borrascosas aguas en que se ha transformado el mundo superpoblado y asustado actual.

No será fácil conseguir alguna ayuda de los que también fueron sorprendidos por acontecimientos desconocidos. No podemos perder más tiempo sin organización ni objetivos. La herencia de corrupción e ineptitud que nos abruma y en las que se persiste, no aportarán nada positivo. Lo que se hizo hasta hoy, hecho está y es inmodificable; aunque se encontraran los múltiples culpables nada podrá cambiarse.

Solamente el futuro debe ser señalado, por nosotros y por algún “hechicero” recibido y bien intencionado. Pero, insisto, es nuestra la principal responsabilidad.

martes, septiembre 01, 2020

¡GUERNICA!

Guernica es un pequeño pueblo vasco cuya población civil fue masacrada por la aviación alemana el 26 de abril de 1937, la que apoyaba a Franco en la terrible guerra civil española. El abominable hecho inspiró la obra cumbre de Picasso para testimonio de los tiempos. Fue un acto mercenario y canalla del extranjero que probaba su letalidad bélica en otro país, preparándose para la guerra mundial que se avecinaba.

Para no ser menos, nosotros también tenemos nuestra Guernica, una localidad bonaerense homónima que, ¡vaya casualidad!, también inauguró desembozadamente una previsible etapa de violencia civil con la toma masiva de tierras. El acontecimiento generado a mediado de julio pasado produjo una verdadera batalla campal (con probable uso de armas) entre vecinos y otros connacionales.

Algo similar, pero de pronóstico mucho más grave sucede en el sur de nuestro país (p.ej. Villa Mascardi), donde se proyecta en paralelo con el sur chileno, un extenso conflicto atribuido confusamente a la comunidad mapuche. Se habla de la intención separatista y la creación de un Estado independiente. También se presume de un gran proyecto inmobiliario auspiciado por delincuentes y potentes grupos económicos; todos aprovechan la ruina moral, política y sanitaria que nos consume. Dicho sea de paso, se trata de regiones de intenso potencial turístico, de enormes riquezas naturales y de reservas de agua.

Acontecimientos de esta naturaleza sólo produjeron una muy discutible reacción de nuestro Ministerio de Seguridad (Sabina Frederic).

Recientemente el expresidente peronista Duhalde se desdijo de haber previsto, entre otros desastres, la posibilidad de una guerra civil. Para ello insinuó haber sufrido un brote psicótico como justificativo de sus manifestaciones públicas, siendo poco probable que alguien recuerde qué hizo o dijo en circunstancias como las aludidas. De todos modos, la inefable disolución de la República, el desconocimiento de la necesaria y frágil vigencia de nuestra ley y la promoción de personajes conflictivos como Grabois, cuyo mérito es atribuirse la amistad del Papa, son circunstancias que vivimos día a día y nos van arrimando a la anarquía y a la violencia. 

Tampoco nada sabemos qué fue de los doscientos “médicos” cubanos que importamos apenas empezó la pandemia. ¿Qué hicieron o estarán haciendo? ¿Dónde están?

En fin, ya son muchos interrogantes sin respuesta y a mí, por lo menos, me preocupa bastante la incertidumbre y las posibles consecuencias.