Un antigua y defectuosa clasificación de las formas de gobierno, según el número de individuos que ejercían el Poder, era: Monarquía (De una persona); Aristocracia (Del grupo de personas mejor y más capacitado) y Democracia (De todos o del pueblo). Llamadas también formas puras por tender al objetivo del Bien Común. Cuando esa finalidad se abandonaba y cambiaba por el provecho propio, aquellas formas degeneraban en: tiranía, oligarquía y demagogia, respectivamente.
Para el presente bastan esas referencias, particularmente oligarquía, porque permite aplicar a esa situación en la que un grupo de personas inamovibles se adueña del poder político, sindical, judicial, financiero o legislativo, todos en su propio beneficio. Son grupos impenetrables y cambian solamente los descartables para guardar las apariencias. Es imposible llegar en la Provincia o en la Nación; en donde, aunque parezcan distintos, casi siempre son los mismos y están asociados en el vallado. Cuando algún aspirante pretende llegar es impedido por las buenas o por las malas; si no, revise su propia experiencia si alguna vez lo intentó o presenció el intento de otro.
Esta oligarquía multifacética, solventada por todos nosotros, no le escapa a ningún pecado:
1)Lujuria: Por la oficina de los jerarcas invariablemente circulan novias, amantes, parientes o cualquier personaje cariñoso bajo el rimbombante título de asesor/a. Para que mencionar al diputado Ameris, que recientemente no podía hablar con la boca llena. Episodio que se viralizó inmediatamente para el bochorno general.
2)Pereza: para muestra bastan “dos” botones. Tanto Moreau, como Gioja (pantalla sobre la cabeza de Ameris) duermen el sueño de los justos, así como no van a preferir las sesiones virtuales en las que se pueden esconder mientras descansan o disfrutan fuera de la vista de sus representados.
3)Ira: la rabia y odio habitual de la vicepresidente, entre otros, se muestran permanentemente, que encima remarca con fuertes dejos de ironía. Algo que contagió al presidente y a muchos otros creídos.
4)Soberbia: Cristina Fernández expresó y amenazó al tribunal que la indagaba por el delito de enriquecimiento ilícito, entre otros, entendiendo que a ella sólo la juzgará la historia y a los jueces el pueblo, yéndose bruscamente sin más;
5)Avaricia: tanto la vice que, además de lo que ya viene manoteando y no niega, como tampoco oculta a sus testaferros que adquieren edificios en EEUU, no hay pensión que deje pasar. Todos canjean hasta los pasajes y se desprenden de empleados consiguiéndoles nombramientos. Los adicionales que perciben o usan ilegalmente, como los regalos a sus acólitos que paga el Estado son increíbles. Boudou es un buen exponente;
6)Envidia: todos los que están alrededor del que distribuye y cuya voracidad se disimula de ese modo, aspiran a la inalcanzable silla de éste;
7)Gula: ¿Alguien los ha visto comer con sus comitivas y firmar las boletas a cuenta de las cámaras o de los sindicatos? Si les sucedió presenciar esas generosidades caras me comprenderán.
8)Mérito: este pecado nuevo es un recién llegado a la milenaria grilla. Hasta hace poco eran siete. Pero se incorpora porque trae muy buenas recomendaciones. Como son escasos estos pecadores (los meritorios) rápidamente abandonarán el vicio y serán suficientemente perdonados