jueves, agosto 13, 2020

OBSCENIDAD, INCERTIDUMBRE Y MIEDO

Hasta ahora pareciera que nos dirigimos hacia la tormenta perfecta. Se suman elementos diversos, casi sin vinculación entre ellos, pero si se conectan puede ser que la estructura del barco que ocupamos no resista.

 Quisiera capacidad de síntesis para dar razón de cada uno de los términos utilizados en el epígrafe. No obstante, con algún ejemplo tal vez me aproxime al propósito, por lo que ruego que el lector amplíe en su consciencia lo que refiero.

Considero una obscenidad ofensiva que individuos con antecedentes prostibularios (incluye trata de personas) gocen de un monto jubilatorio de $ 853.000 mensuales por el cargo de cortesano que le prestaron para cubrir los desfalcos de otros y los delitos propios. Si, refiero a Zaffaroni que en nada contribuye a la pacificación del país. Tan sólo justificó a los delincuentes entendiéndolos productos de la sociedad para menguar su castigo. Falta preguntar: ¿Y las víctimas no merecían alguna reflexión suya? También, qué respuesta podrían recibir la gran masa de jubilados que los mantienen con migajas y que, en su momento, creyeron en el afán igualitario que se prometió en la campaña. 

La incertidumbre resulta de apreciar el presente y el futuro próximo. A diario caen los empleos, los negocios y las empresas, que no se levantarán cuando esto mejore o no se continúe mintiendo. ¿Quién cree que, manteniendo las puertas cerradas por más de cinco meses, alguien puede pagar impuestos insoportables, sueldos y gastos? Nada se prevé para los que van cayendo sin covid. En fin, qué se supone que haremos si la pandemia continúa indefinidamente ¿Continuará la cuarentena)?

El miedo tiene ya muchas causas; el contagio, la ruina y la muy previsible inestabilidad social grave. Esta última ya se hace notar pronosticando su incremento entre nosotros. Pero nos olvidamos que el mundo produce algo similar; así que la diatriba se dará entre la imposibilidad de huir o de evitar que entren los que huyen de otras latitudes en peores condiciones. La persistente duda (aun sin respuesta) de si la aparición del virus fue espontánea o de creación deliberada, en este caso sería imprescindible conocer el propósito para suponer qué orientación nos sugerirá el pánico. No es nuevo el aserto que sostiene que ya al planeta le sobra mucha gente.

La imprevisión actual carece de todo justificativo. Considero que el problema no se reduce a respiradores y camas.


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