Durante algún tiempo Google identificó a la vicepresidente, Cristina Elizabet Fernández Vda. de Kirchner, como “ladrona de la Nación Argentina”, por cierto, que semejante calificativo ocasionó sobresalto en la funcionaria impulsándola a demandar al popular buscador. La dolorosa información fue publicada en forma digital por diario Clarín el 17/05/20. De tal suerte la “vice” decidió entablar una acción legal contra Google, por entender que éste había colocado una leyenda infamante en lugar de señalar el cargo que ocupa.
La destinataria así calificada consideró agraviante la referencia por la naturaleza ofensiva del término utilizado (ladrona), mas no podría afirmar sin sonrojarse que la misma fuera mentirosa. Sobre todo, ahora que se encuentra furiosamente empeñada en ser recibida por jueces amigos y no por los que están entendiendo en todas las causas que la involucran.
Acá es donde la realidad se roza con la fantasía, “Alí Babá y los cuarenta ladrones” es un cuento corto que integra “Las mil y una noches”, que induce a una moralidad confusa. Alí Babá, que no pertenecía a la banda de los cuarenta ladrones, cuando se enteró cómo se abría la guarida donde guardaban el botín; no dudó en pronunciar “Ábrete Sésamo” y alzarse con todo lo que aquellos habían robado. Así Alí se quedó con la inmensa fortuna robada sin anoticiar a las víctimas. Digamos que se quedó con lo ya había sido robado. Pero la suerte le fue esquiva ya que al poco tiempo falleció; entonces la viuda que lo heredó aprovechó la fortuna y suponiendo legitimada la adquisición la disfrutó para siempre.
Ahora bien, interpretó a su favor el aforismo aquel que afirma: “El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. Pero una cosa es ser perdonado por el delito y otra muy distinta es quedarse con lo robado. Eso sigue siendo robo.
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