lunes, agosto 24, 2020

NO ACORRALAR AL GATO

El gato que señalo nada tiene que ver con el mote despectivo de Macri. Refiero al gato común y corriente, al innominado que señala un viejo adagio popular: “si te encerrás con un gato, terminarás lastimado”. El consejo antiguo afirma que el “gato encerrado” sin tener escape es peligroso porque seguro que te rasguña.

La metáfora sirve para equiparar al oficialismo que produce el encierro, mientras que el papel del gato que puede lastimar le corresponde al pueblo.

El presidente que está de prestado y que conoce desde el comienzo la opinión popular, avanzó desafiante con su inefable proyecto de impunidad apenas solapada encerrándonos como al gato. Demás está decir que con ello descarrila de la vía de la legalidad y avanza por la confusa huella de la fuerza de los “hechos, del facto, imponiéndose sólo por el vigor propio del cargo vacuo”, como el de Isabelita, María Estela, Chabela o como haya sido el verdadero nombre de la mujer de Perón fuera de la cartelera de espectáculos nocturnos. 

No debe confundirse el gobierno de facto que nace de un golpe de Estado como en 1976, con aquel que, siendo de origen legítimo, se transforma en uno de “hecho, de facto”, por dejar de respetar las normas JURÍDICAS que obligatoriamente debe observar para mantener el estado inicial. Por tanto, habiendo engañado al pueblo al que prometió rechazar reformas al Poder Judicial y acatar sus sentencias para preservar la libertad de TODOS los gobernados, al incumplir perdió su prestigio. El precio del voto es la promesa, sin embargo, esta camarilla no cumplió nada. La sorpresa de la reforma encubridora de la vicepresidente por la vía utilizada es un acto prepotente de VIOLENCIA INSTITUCIONAL, UNA ESTAFA; igual que el Senado al ignorar el mandato judicial que le ordenó regularizar su actividad. Actos de semejante naturaleza convocan la desobediencia cívica, a la violencia recíproca que lamentablemente conocimos y cuyas heridas no han cicatrizado; algo que habitualmente reza el oficialismo en la voz de sus amenazantes acólitos jóvenes y no solamente de ellos.

La verdad enoja al ciudadano actual cuando busca la causa de nuestra miseria, pobreza y vergüenza, teniendo y habiendo tenido siempre riquezas inconmensurables al alcance de la mano, cuanto un envidiable volumen intelectual y científico. Todavía el mundo aprovecha la capacidad residual innata que también teníamos y se la llevaron. Sólo la tradicional mala política, la voracidad de sus personeros y la corrupción endémica nos hundió sin remedio en el peor momento.

A la impunidad de algunos la desprecian por envidia los otros delincuentes, también la desprecia el ciudadano honesto por sentirse inseguro y defraudado. En fin, ¡todos la desprecian!

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