El mundo se está hundiendo, los países se cierran y nosotros – que le debemos a cada santo una vela- sólo nos apura garantizar la impunidad de quienes saquearon al pueblo, empujando contra viento y marea una innecesaria reforma judicial. ¡Ah! También a prolongar la cuarentena más larga del planeta. Entonces amordazados, encerrados y acosados por los demás delincuentes, estamos llamados a ser mudos espectadores de un corso tenebroso.
Tanto el presidente como su vice, han sido enfáticos vocingleros contra toda reforma; al punto que, durante los dieciséis años en el gobierno disfrutando casi de la suma del poder público, ni se les ocurrió modificar nada.
Suponiendo que logran la novedad que ahora pretenden, como es muy posible, solamente les quedaría reponer jueces absolutamente militantes, porque a los presos ya los soltaron.
A la tradicional canción de los tres chanchitos: “juguemos en el bosque ahora que el lobo no está”, habrá que agregarle que al lobo lo corrieron los narcos, criminales y otros delincuentes de distinta laya. Luego seguramente se mudarán para José C. Paz, en el conurbano bonaerense, donde el intendente reparte “falopa” con las ambulancias y podrán bailar contentos y “fumados”.
Si antes, con varios defaults a cuestas no nos consideraban confiables, ahora con una población mixturada de esa forma, pueblo y gobierno sólo inspirarán temor.
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