Nuestro país siempre se ha destacado por algo. Por cierto, a veces fue mundialmente reconocido por causas que nos honraron y otras por las que nos avergonzaron. Entre las primeras podemos señalar a San Martín, el libertador; Sarmiento, el educador; los ganadores del Premio Novel; su productividad que asombró y alimentó al mundo; sus profesionales, como Favaloro; sus escritores, entre ellos Borges; sus artistas y deportistas; la educación publica y gratuita de muy buena calidad (Reforma 1918), en fin en muchos aspectos fuimos respetados lo que me impone pedir disculpas a los que no he referido.
Del otro lado cuentan también varios puntos poco honorables como haber sido (¿) pro fascistas, adoradores de Hitler y Mussolini a quienes declaramos la guerra el 27 de marzo de 1945, dos días antes de la rendición final; la afición a los golpes de estado; los defaults; la institucionalización de los crímenes, como en 1976; la traición, como la de Menem a Perú y la designación del presidente por la vicepresidente, que a su vez se proclama a sí misma y, finalmente, la inefable, procaz y ostensible CORRUPCIÓN oficial.
Ahora inauguramos la incoherencia total, sancionar la impunidad del delito por una ley específica y artera. Esto es como instalar aire acondicionado en el infierno para evitar el calor.
Impunidad es eludir el castigo (punición) que la ley prevé para el que la viola; hace a la esencia de la ley la obligación de cumplir su mandato, la sanción es la consecuencia necesaria de la inobservancia de éste.
Nadie duda que el proyecto de reforma judicial que obtuvo media sanción ayer en el Senado, no es más que un descarado eufemismo para instituir la impunidad de la vicepresidente, sus familiares, cómplices y encubridores. Hasta la propia CFK afirmó que “no se trata de una auténtica reforma judicial”, degradando por escrito la mera apariencia de la norma en tratamiento al afirmar que sólo es un disfraz. Con este proceder seguro que lograremos un puesto de privilegio en el Libro de Guinness de récords mundiales o habremos creado una nueva Ley de Murphy; LA LEY QUE DISPONE NO APLICAR LA LEY.
Si esto no es otro pasito hacia la ANARQUÍA, no se comprende cual sería el propósito.