Los calificativos no pretenden ser insultantes, sino que se utilizan por sus significados literales: desfachatez se corresponde con el primero, mientras que el segundo refiere a persona que facilita a otro el ocultamiento de un quehacer generalmente ilícito.
Las acciones de las personas, asimismo, se agravan o atenúan según las circunstancias en que se produzcan; p.ej. un insulto en la calle y a los gritos es más grave que hacerlo por teléfono, ya que sólo se entera el destinatario. En nuestro caso la víctima es la Nación misma y el deterioro de sus instituciones que debieran fundarse jurídicamente y no en el encubrimiento de ilicitudes; sucediendo todo en el peor momento, algo que no se desconoce.
Actualmente el mundo se encuentra en una situación delicada y la Argentina en una desastrosa. El pueblo está maniatado y desorientado, por no decir que gran parte está desesperado. La falencia económica y el encierro aportan únicamente desesperanza, algo que la burocracia y el núcleo del Poder pareciera no comprender desde la comodidad, rentabilidad y tranquilidad de sus temporarios sillones.
Es un secreto a voces que el presidente ahora, justo ahora, impulse una costosa reforma integral del Poder Judicial que, además de muy cara, incorporará unos cuantos privilegiados adictos con la finalidad principal de lograr el cierre de las causas (Impunidad) de su vice.
El Poder Judicial que conocemos es bastante malo en su funcionamiento, tanto que deforma su propia estructura. Podría ser mucho mejor. El que se propondrá, en cuyo proyecto interviene el abogado defensor de Cristina (Beraldi), sin otro mérito que el de favorecerla, se inspira en la impunidad de ella.
Acá aparece el primer sustantivo del epígrafe (Caradura, desfachatado), la responsabilidad penal de los K es inocultable y no negado por los interesados (Bolsos revoleados, pesados en vez de contar el contenido de dólares, vuelos oficiales cargado de estos, testaferros vivos y muertos etc.). No interesa el prestigio que corresponde al cargo, sólo importa la impunidad para lo cual es indispensable la aprobación del proyecto de reforma.
El segundo sustantivo (Alcahuete) se pone en evidencia desde la descarada presentación del proyecto que, para peor, no considera el momento de angustia popular, simplemente se pone la cara y se resigna vergüenza para beneficiar la actividad ilícita de otro.
Ya el número diario de víctimas de delitos supera ampliamente a las del Covid; a los “chorros” vernáculos se incorporan debutantes empujados por la necesidad.
El pueblo argentino no merece que sus padecimientos sean agravados por costosas confabulaciones oficiales.