Las últimas noticias señalan con insistencia que la cuarentena sería extendida hasta el 12 de julio (por ahora). Los beneficios de una privación o, meramente, restricción de la libertad tan prolongada es cuestionada por los amplios sectores de la comunidad que han transcurrido penosamente el interregno que aún perdura. En realidad, la regularidad de nuestro ya precario sistema institucional se continúa diluyendo y alejando en medio de zarpazos oficiales que no cesan ni esperan.
Nadie sabe cuándo y cómo despertará la sociedad del extenso letargo. Desde ya es previsible una hecatombe económica y social importante. Muchos no pueden soportar mansamente cien días sin trabajar o producir algún ingreso para su subsistencia y la de su grupo familiar. Gran parte de los que puedan llegar no tendrán resto para continuar como antes. También ya han caído varios cuya suerte hoy ignoramos.
Por otra parte, la presión impositiva agobiante ha permanecido totalmente saludable, sin atisbos de aliviar al ciudadano doliente y siempre en beneficio de una casta inoperante que se mantiene incólume. Crece el temor por el futuro cercano.
El miedo del pueblo es peligroso porque sólo se calma resignando libertades en beneficio del autoritarismo. Este aserto cuenta ahora con más de cuatrocientos años (Hobbes) y ha probado reiteradamente su infalibilidad. También sostuvo: “El hombre es lobo del hombre”, afirmando de tal suerte que no era de esperar generosidad en los que mandan.
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