Ayer fue 20 de junio del año 2020, día de la bandera; fecha que habitualmente pasaba sin pena ni gloria, salvo en los humildes actos escolares. Sin embargo, ahora fue distinto.
Yo vine del “banderazo”, con el ánimo reconfortado, pero también con un sabor agridulce que, al principio, no me explicaba a qué se debía. La satisfacción era producto de escuchar “Argentina, Argentina”, gritado en forma auténtica, unánime y sin discordias por muchas, muchísimas personas. Autos y peatones con pancartas que en general reclamaban algo a lo que suponen tener derecho. Mayoritariamente se leía: “Constitución”, “República” y “Justicia”.
Pero…, siempre hay un pero, cuantas veces ignoramos sus contenidos fundamentales. Hay un parangón entre esos términos con el significado de la palabra “Salud”, que solamente sabemos de ella cuando se pierde; mientras está presente la ignoramos.
Cuantas veces hemos escuchado y consentido que se han delegado funciones o acordado superpoderes a algún funcionario, algo que prohíbe y sanciona la Constitución expresamente, con la responsabilidad y pena de los “infames traidores a la Patria”(Art. 29). Sin embargo hemos hecho caso omiso a esa barbaridad. Hoy Cafiero y el presidente ostentan esas facultades al igual que tantos otros que formalmente las obtuvieron antes. Afuera, sólo silencio y complacencia.
“República” implica división de poderes y control recíproco, algo que hoy se ignora. Afuera silencio.
Creímos en una presunta “Justicia Independiente" que debió defender nuestros derechos, hoy pisoteados por impuestos confiscatorios, expropiaciones irregulares, y morosidad selectiva. Afuera, silencio.
Casi un siglo de corrupción que hizo desaparecer riquezas espléndidas y que permanentemente nos ha mantenido al borde de la quiebra. Afuera silencio.
Tal vez si como ayer hubiéramos cuidado lo que tuvimos, todo pudo ser diferente.
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