El péndulo de las decisiones políticas oscila entre el coronavirus, el hambre y la delincuencia. El primero ocasiona el segundo y ambos empujan a la tercera. El denominador común de los tres sería la muerte, de tal suerte que cualquiera sea la elección no le escapa con ninguno. Así se muestra falsamente la probable realidad plagada de mentiras e incertidumbres. Los números de infectados, muertos y camas de terapia intensiva dependen de quién las señale y sus intereses. También es cierto que a la enfermedad no saben como controlarla; pero a las personas sólo se les ocurre encerrarlas para beneficio de las disputas encubiertas por el Poder que crece en autoritarismo, hasta ahora sin responsable concreto y dudas justificadas. Los recursos de la burocracia permanecen incólumes o se dilapidan sin mayor vergüenza (Boudou p.ej.).
Supongo que hay medidas flexibles e inteligentes que podrían aplicarse selectivamente, cuidando y moderando los escasos recursos en procura de salvar de la miseria lo que va quedando.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Muchas gracias por tus comentarios.