sábado, mayo 22, 2021

EDIPO Y SU ANALOGÍA

Dado el nuevo encierro y sus circunstancias que nos imponen el ocio, me obliga a pensar y politiquear; entonces, qué mejor que comunicarse con los amigos distantes de las redes. Claro que guiado por la sana intención de moderar su aburrimiento y, tal vez, entretenerlos un poquito.

Repentinamente se me representó cierta analogía entre la suerte de Edipo, rey de Tebas, con Alberto, presidente de los argentinos.

Como sabemos, la tragedia, obra de la autoría de Sófocles en la antigua Grecia, refiere acontecimientos que, muy sintéticamente, recordamos: Edipo, quien luego sería rey de Tebas, ignorando toda vinculación biológica con sus padres, asesina a su progenitor (Layo), casándose luego con la esposa de éste, su madre natural (Yocasta) reina de Tebas, con la que hubo cuatro hijos. Aclaramos que los padres de Edipo también ignoraban el vínculo real existente.

La verdad se conocerá cuando la peste que se ha desatado sobre Tebas y el pueblo está muriendo, en su desesperación, todos acuden al ágora para pedir la intervención del Rey Edipo para alguna solución. Éste, en su afán de comprender la causa y poner fin al flagelo, realiza una investigación que lo llevará a conocer la verdad, enterándose que él fue quien asesinó a su padre y se casó con su propia madre, lo que desencadenará el drama. Todos estos acontecimientos habían sido vaticinados mucho antes por un oráculo. También, durante la investigación, otro oráculo (el de Delfos), dará las pautas que ubican a Edipo como la causa de los males que sufre la población por su herejía personal.

La verdad es que, para encontrar alguna vinculación entre la antigua y famosa obra teatral de Sófocles y nuestra actual desventura política y sanitaria, es necesario un esfuerzo de imaginación específicamente orientado en tal sentido. Podríamos suponer que propongo un acertijo para aligerar los nocivos efectos del ocio que nos acosa.

Si asociáramos “la plaga” que azotaba al moribundo pueblo tebano con nuestra actual pandemia, veremos que en ambos casos es un desastre sanitario el que finalmente conmueve al pueblo y moviliza el reclamo a sus autoridades por su inacción.

Layo, el rey asesinado y padre de la criatura, lo podríamos asociar con Néstor, causante también de un proceso duradero y dañino.

Yocasta, primero esposa del difunto rey Layo y madre de la misma criatura, Edipo, ¿Qué otra correspondencia podríamos suponer además de Cristina?

Edipo, el ingenuo, ignorante y obediente hijo de los anteriores, fácilmente se lo equipara a Alberto. Éste también se unirá contra natura a la verdadera reina y se esforzará hasta el ridículo por satisfacerla.

El oráculo, quién profetiza el desastroso destino del pueblo y de los personajes que lo conducen, se constituye en un símbolo principalísimo de aquella obra y de esta realidad, acuñando una grave sentencia que consiste en la diferencia evidente que existe entre “conocer el futuro” y “poder cambiar ese futuro”. Esto es algo que excede a las habilidades del adivino. No es a él a quién correspondía o podía moderar los efectos de un porvenir nocivo para la población. Imposible en aquella cultura. 

Sin embargo, actualmente, en las presuntas democracias podría hacerlo el pueblo sufriente que pone el lomo en la moderna “tragedia” bipolar: sanitaria y política.

Edipo, cuando se enteró de todo, se arrancó los ojos y se fue al desierto; Alberto, no compra las vacunas cuando pudo hacerlo y nos encierra a nosotros.

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