viernes, mayo 07, 2021

ALCAHUETERIA NECIA Y ASESINA

En forma previa a esta publicación, consulté con cuidado en el Diccionario de la Real Academia el significado de cada término que empleo en el título, para que la opinión personal que refiero sea interpretada adecuadamente y con la precisión a que aspiro.

No me cabe duda alguna que la pandemia ocasiona el desmoronamiento del mundo conocido, el cambio de las relaciones sociales, políticas y económicas. Pero a nosotros particularmente nos castiga con rigor inusitado dada la fragilidad y extravagancia que mostramos sin pudor ni vergüenza.

Digo alcahuetería entendiendo por ello a la “acción de ocultar o encubrir los actos reprobables de alguien”. En nuestra desquiciada realidad política al presidente lo puso y lo manda la vicepresidenta para su beneficio personal; acontecimiento exótico y singular que, además, los propios aludidos se jactan por ello. No obstante, convengamos que ese derrape político fue conocido antes de su aprobación electoral, por lo que cierto grado de “mea culpa” es incontestable.

Lamentablemente el desquicio raro y vergonzante acarrea consecuencias impensadas cuya magnitud desconocemos y sólo exhibe torpeza. Así, nuestro Ministro de Economía paso casi dos meses en el exterior mendigando un “arreglo” con los acreedores. Estos exigen algunas condiciones y austeridad para permitir así que empujemos deudas de miles de millones de dólares exigibles muy pronto; dinero que no tenemos y razón por la que debería asumir ciertas decisiones desagradables. Pero acá, un subordinado de tercer orden (subsecretario) se resiste a cumplir lo dispuesto, razón por la que el ministro le pide la renuncia. El presidente apoya al ministro; la vice hace lo propio con el subalterno y, hasta ahora, no sabemos qué pasara con las medidas, tampoco quién se va o quién se queda. El papelón mundial sería, como se escucha y que ya pasó antes con Julio de Vido, cuando la orden de ella fue: “de acá no se va nadie”, que se imponga el subsecretario K Basualdo y que obligatoriamente no se vaya ninguno.

A la alcahuetería la tildo como necia, término que según el diccionario implica: “Ignorante y que no sabe lo que podía o debía hacer”. El calificativo viene a guisa en razón de la muy confusa y oscura negociación de las primeras y mejores vacunas (Pfizer) por Ginés, como también la reconocida y deplorable gestión de la enfermedad, lo que nos ubica en el ante penúltimo lugar en el mundo. 

Hasta ahora la única solución para enfrentar a la pandemia es la vacuna; nosotros pusimos seis mil ciudadanos de cobayos para la prioridad en la obtención de catorce millones de dosis y, sin ninguna explicación, la abandonamos para ir a la cola de los pedigüeños; oportunidad que aprovechó Uruguay por nuestra negligencia.

Finalmente, también califico a la alcahuetería necia como asesina, que el diccionario identifica como acción “ofensiva, hostil, dañina”. Nuestro país ha superado en más del doble de cantidad de muertos que se le asignan a la dictadura de Videla más los de la Guerra de Malvinas juntas. Estimación por ahora, ya que el Servio de Salud está al límite no obstante el gran esfuerzo de su personal. A esa cifra espeluznante debe agregarse los millones de infectados, muchos de los cuales se encuentran en situación absolutamente precaria desbordando hospitales, camas y respiradores. En este maremágnum dantesco transitan latrocinios, avivadas imperdonables y jugarretas electoralistas deplorables.

Ya sabemos que priman intereses subalternos en la impenetrable oligarquía política que supimos conseguir, pero por lo menos ¡TENGAN PIEDAD!

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