domingo, mayo 30, 2021

LO LAMENTO

Hastiado de no hacer nada, como todos los días de pandemia y jubilación, se me ocurrió repasar mis publicaciones y vi que eran muchas luego de casi un año y medio. Recordé que al comenzar el confinamiento hice un curso “on line” para aprender los rudimentos (nada más) de Facebook, para publicar ideas u opiniones políticas bien intencionadas con destinatarios inciertos, como se hacía en las tribunas. Todo fue un paso, ahora lejano y de final abierto. Advertí que todas esas publicaciones eran de reprobación de determinada actividad oficial que, si bien no me retracto, comprendí que la falta de optimismo pudo dañar alguna sensibilidad. Pero supongo que descubrir mentiras o señalar engaños, es más saludable que callar; aunque un amigo virtual entendiera eso como “destituyente”, según el vocabulario K.

También escribí cuentos que subí a mi sitio (www.robertoyannello.com.ar). Lo hice para colorear los días tan vacíos que pasan en un santiamén gastando vida en forma lamentable, sobre todo para los que estamos andando con la reserva de combustible; mientras tanto, otros no paran de aprovecharse del ánimo achatado de la gente con miedo y roban para el cementerio. El encierro del confinamiento no permite señalarlos y la velocidad de los días nos hace enterar siempre tarde de las cosas que sucedieron. Me recuerda años atrás como una metáfora, cuando estando frente al Obelisco y hablaba por el celular, un chorro me bolsiqueó totalmente y tan rápido, que hasta mi insulto fue inoportuno y tardío. Cuando quise reaccionar ya no estaba. No quisiera repetir la experiencia.

Igual que el robo de vacunas que se conoce siempre demasiado tarde, cuando “todos” los caraduras ya se inmunizaron sin derecho y, si te quejas, te demandan por difamación o te querellan por ofenderlos. Cuando de vacunas se trata, adelantarse en la fila es lo mismo que afanarlas, que quitársela a alguien que la merecía o a un moribundo.

El gobierno lidera la critica a los que se vacunan afuera como si produjeran algún daño adentro. Aplaude a los que acá esconden el remedio para las elecciones, como Insfrán, y condenan al que liberan dosis para los que siguen atrás.

Ahora se buscan vacunas de “Cuba”, previo acuerdo de “confidencialidad”. Según entiendo que, confidencialidad, es sinónimo de “secreto”. ¿Qué pasó con la obligatoria “PUBLICIDAD DE LOS ACTOS DE GOBIERNO”? ¿Quiénes deben o pueden guardar secreto de Estado con las vacunas y por qué?

Si lo que está en riesgo el la Salud Pública, la vida misma de los ciudadanos, nada se les puede ocultar. Ni la calidad del producto, ni el precio o la cantidad. El secreto arrastra el olor de la mugre, de la coima.

Nos hemos acostumbrado a pensar en la coima como una mera inmoralidad y en ocasiones limitarla al que recibe el beneficio, excluyendo hasta el que paga, al pícaro.

Pero la coima se merece identificarla con algo mucho más grave que un tropezón ético porque, en realidad, es TRAICIÓN. Es pagar para que alguien no haga lo que debía hacer. Es pagar al vigilante para que traiciones a quién protegía o al médico para que no cure al enfermo.

¡Y bien! Quisiera que estas críticas se convirtieran sólo en otros cuentos de suspenso y terror. Que se tratara solamente de tragedias irreales.

jueves, mayo 27, 2021

LOS ALBERTOS…

Por cierto que primero referiré brevemente al Alberto que nació el 14 de marzo de 1879, Albert su nombre en alemán y Einstein su apellido. Un niño que vino al mundo gordo y cabezón para disgusto de su abuela; que no pronunció palabra alguna hasta pasados los tres años de vida y en la escuela fue menos que mediocre. Como el vulgo sarcásticamente afirmaría hoy: “nadie le ponía alguna ficha” entonces.

Sin embargo, se transformó en el científico más famoso del Siglo XX y lo que llevamos del XXI. Un verdadero genio que en su tránsito por este mundo dejó ocurrencias indiscutibles; principalmente una que se le atribuye es la que ahora nos ocupa: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, una verdad tan evidente como conocida. Una oración a la que no le falta ni le sobra una letra.

El otro Alberto, de apellido Fernández, que nació un 2 de abril de 1959 en Buenos Aires, abogado y profesor universitario de Derecho Penal según él, ahora presidente de los argentinos, junto a otra presunta abogada, desconocieron o ignoraron de propósito el célebre apotegma y ¡allá vamos!, buscando el “mismo” resultado que ya conocemos, aunque él sea cada vez más profundo y más irreversible.

Hace cuarenta años, un ebrio que no había ido ni al cine para saber cómo terminaban las guerras conocidas y quiénes son y han sido siempre socios de aventuras, desafió a los ingleses siendo ensordecedoramente aplaudido por la muchedumbre que colmaba Plaza de Mayo cuando dijo: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Y llegaron, se quedaron, mataron a muchos argentinos que valerosamente ofrendaron sus vidas, volvieron el estado de cosas a como estuvieron antes y bastante peor. Si bien el curda fue auto amnistiado, luego condenado, después indultado y, finalmente, vuelto a condenar; en todos los casos se escucharon estrepitosos aplausos como música de fondo. Pareciera que, en su momento, todo merece aplausos que ayudan a confundir.

Recientemente un funcionario reeditó aquellas lamentables palabras para un desafío tan innecesario como de inútil resultado previsible. ¿Valía la pena? Fue calurosamente aplaudido por todos los presentes.

Recuerdan cuando estallaban explosivos casi todos los días matando gente; bueno, ya están empezando a escucharse otra vez las detonaciones citadinas como instrumento político.

Hace apenas veinte años, cuando la injustificable algarabía y aplausos resonaban en el Congreso celebrando el “default” que decretó improvisadamente Rodriguez Saa, cuando pasó fugazmente por la presidencia, en una semana que hubo varios presidentes sucesivos. Si bien inmediatamente huyó a San Luis por las amenazas, el estado de quiebra quedó declarado desatando consecuencias surtidas, aplausos mediante y sin responsable alguno.

Bueno, ahora el presidente llorisquea por el mundo pidiendo algún placito para evitar el nuevo default, mientras su propio sector torpedea el propósito; en síntesis, aplaude el advenimiento de otra quiebra en medio de la pandemia, gritando a viva voz que no se pagarán las deudas. No solamente nos falta mucha plata que fue objeto de prestidigitación procaz, sino que igual destino corren las vacunas salvadoras. Sólo el silencio y la ira contestan los reclamos que no obtienen respuestas válidas.

No se olvidará el cierre de las exportaciones y el aumento de retenciones para “abaratar” precios interiores y seguir deglutiendo ingresos que son comunes. Bien, ahora se vuelve a cerrar las exportaciones del sector que más recursos produce. Los países vecinos no se cansan de aplaudir el vacío que les regalamos una vez más.

Mientras el planeta se achica, nosotros que tenemos espacio, seguimos en el “reino del revés” que, según una estrofa de la canción de María Elena Walsh, resulta premonitoria:

“Me dijeron que en el Reino del Revés”

“Nadie baila con los pies”

“Que un ladrón es vigilante y otro es juez”

“Y que dos y dos son tres”

sábado, mayo 22, 2021

EDIPO Y SU ANALOGÍA

Dado el nuevo encierro y sus circunstancias que nos imponen el ocio, me obliga a pensar y politiquear; entonces, qué mejor que comunicarse con los amigos distantes de las redes. Claro que guiado por la sana intención de moderar su aburrimiento y, tal vez, entretenerlos un poquito.

Repentinamente se me representó cierta analogía entre la suerte de Edipo, rey de Tebas, con Alberto, presidente de los argentinos.

Como sabemos, la tragedia, obra de la autoría de Sófocles en la antigua Grecia, refiere acontecimientos que, muy sintéticamente, recordamos: Edipo, quien luego sería rey de Tebas, ignorando toda vinculación biológica con sus padres, asesina a su progenitor (Layo), casándose luego con la esposa de éste, su madre natural (Yocasta) reina de Tebas, con la que hubo cuatro hijos. Aclaramos que los padres de Edipo también ignoraban el vínculo real existente.

La verdad se conocerá cuando la peste que se ha desatado sobre Tebas y el pueblo está muriendo, en su desesperación, todos acuden al ágora para pedir la intervención del Rey Edipo para alguna solución. Éste, en su afán de comprender la causa y poner fin al flagelo, realiza una investigación que lo llevará a conocer la verdad, enterándose que él fue quien asesinó a su padre y se casó con su propia madre, lo que desencadenará el drama. Todos estos acontecimientos habían sido vaticinados mucho antes por un oráculo. También, durante la investigación, otro oráculo (el de Delfos), dará las pautas que ubican a Edipo como la causa de los males que sufre la población por su herejía personal.

La verdad es que, para encontrar alguna vinculación entre la antigua y famosa obra teatral de Sófocles y nuestra actual desventura política y sanitaria, es necesario un esfuerzo de imaginación específicamente orientado en tal sentido. Podríamos suponer que propongo un acertijo para aligerar los nocivos efectos del ocio que nos acosa.

Si asociáramos “la plaga” que azotaba al moribundo pueblo tebano con nuestra actual pandemia, veremos que en ambos casos es un desastre sanitario el que finalmente conmueve al pueblo y moviliza el reclamo a sus autoridades por su inacción.

Layo, el rey asesinado y padre de la criatura, lo podríamos asociar con Néstor, causante también de un proceso duradero y dañino.

Yocasta, primero esposa del difunto rey Layo y madre de la misma criatura, Edipo, ¿Qué otra correspondencia podríamos suponer además de Cristina?

Edipo, el ingenuo, ignorante y obediente hijo de los anteriores, fácilmente se lo equipara a Alberto. Éste también se unirá contra natura a la verdadera reina y se esforzará hasta el ridículo por satisfacerla.

El oráculo, quién profetiza el desastroso destino del pueblo y de los personajes que lo conducen, se constituye en un símbolo principalísimo de aquella obra y de esta realidad, acuñando una grave sentencia que consiste en la diferencia evidente que existe entre “conocer el futuro” y “poder cambiar ese futuro”. Esto es algo que excede a las habilidades del adivino. No es a él a quién correspondía o podía moderar los efectos de un porvenir nocivo para la población. Imposible en aquella cultura. 

Sin embargo, actualmente, en las presuntas democracias podría hacerlo el pueblo sufriente que pone el lomo en la moderna “tragedia” bipolar: sanitaria y política.

Edipo, cuando se enteró de todo, se arrancó los ojos y se fue al desierto; Alberto, no compra las vacunas cuando pudo hacerlo y nos encierra a nosotros.

jueves, mayo 13, 2021

¿NO SERÁ SUFICIENTE CON LO NUESTRO?

Como no tenemos nada que hacer por acá, nos metemos por la puerta de servicio en el conflicto de Israel y Hamas; cuestión difícil y probablemente insoluble. Un tema que el mundo arrastra desde antiguo, agravado en 1948 cuando la ONU creó el Estado de Israel en territorio que los palestinos entienden propios.

Nuestra Cancillería, que hasta ahora venía zafando por su silencio e inmovilidad para todo, cuando nadie se acordaba que existe, se le ocurre intempestivamente tomar partido en la complicada y ancestral contienda sucedida al otro lado del mundo. Para peor haciéndolo en forma inconsulta y en apoyo de un sector que tiene serias cuentas pendientes con nosotros. Tanto los crueles atentados terroristas a la Amia y a la Embajada en nuestro país, como el bochornoso y frustrado acuerdo al que casi  llegamos con los autores en su beneficio, sugerirían que es por lo menos conveniente quedarse en el molde en el asunto actual.

Nuestro presidente toca timbre en cualquier puerta; impulsó la ley del aborto y fue a visitar al Papa, que lo recibió veinte minutos y le regaló una estampita. En su nombre la Cancillería reprocha a Israel, socio consuetudinario de EEUU al que Alberto le tiene que suplicar plata. El canciller jamás podría ignorar los intereses económicos y estratégicos que, los realmente poderosos, juegan en la zona del conflicto. Tampoco desconoce que a la Argentina le falta espalda para meterse gratuitamente en semejante contienda. 

Todavía no se ha aprendido aquello de que “todo acomedido la saca mal”; claro que al desacierto lo pagamos nosotros, excluidos los que roban y mandan. 

Más aun contando con el antecedente de la payasada de Cristina cuando, como presidente, se ofreció a mediar entre los mismos contendores de ahora y ni le contestaron. 

¡Qué decir de Menem!, que se agrandó innecesariamente “mandando las naves al Golfo” y luego tuvo que comérsela callado cuando le devolvieron la mano matándole a su hijo.

Hay en el gobierno intermitentes delirios de grandeza para afuera y crueldad permanente para adentro. Esconde millones de vacunas con fines inconfesables que, para esto sí, no dicen ni mu; también callan, no obstante, los requerimientos de la gente frente a los entuertos sucios en las adquisiciones de las vacunas, en la vacunación selectiva y en los testeos truchos y vergonzantes.

Para la indispensable adquisición de vacunas en el exterior, bajo sospecha desde el comienzo, fueron ministros y subalternos. ¿Y la Cancillería? Como casi siempre, en el más sepulcral de los silencios. ¿No sería oportuna alguna forma de su intervención, ya que se trata de cuestiones que involucran a su área esas imprescindibles negociaciones internacionales del Estado?

Duele lo que pasó, lo que pasa y preocupa mucho lo por venir. Las especulaciones y yerros se pagan con vidas, con salud de la población y profunda intranquilidad íntima por la contingente selección de víctimas de esa porquería de pandemia, que parece llamada permanecer en el mundo trastocando todo lo conocido.

martes, mayo 11, 2021

LA ARAÑA QUE SALVASTE TE PICÓ ¿QUÉ VAS A HACER?

Otra vez un par de versos del tango “Desencuentro” se aparecieron sorpresivamente cuando trataba de informarme sobre el derrotero mágico de la política vernácula, tanto dentro de la propia Argentina, como fuera de ella. Tal vez Catulo Castillo haya tenido presente una conocida fábula de Esopo, que me permito reproducir brevemente para ubicar a los menos memoriosos que abundan en nuestro país, que reiteradamente ignoran las moralejas ostensibles y conocidas. 

“El escorpión le pidió a la rana que lo cargara para cruzar el río, la rana le dijo —¿Cómo se que no me picarás? El escorpión respondió: —porque haría que ambos nos ahogáramos. La rana aceptó; y a la mitad del río el escorpión picó a la rana. Cuando la rana le preguntó ¿por qué?, si los dos vamos a morir; el escorpión respondió: —es mi naturaleza”(Sic).

Las referencias y la moraleja son tan obvias que impactan al observador perspicaz. En fin, nuestro presidente acompañado por el devaluado Guzmán, viaja a diversos países europeos mendigando apoyo para las suplicas que hace al FMI. Por cierto, que los países elegidos de destino carecen de influencia sobre el acreedor, cuyos adalides EEUU, JAPÓN Y CHINA no fueron incluidos en la gira y que son los que “cortan el bacalao”; sin hablar del veto que podría ejercer el primero de ellos. Digamos que es un viaje para distanciarse de las patinadas locales y nada más.

Tampoco el Papa Francisco evidencia beneplácito con la visita programada, ya que, además de su notoria simpatía por Cristina a quién alienta, afila sus dientes por la recientemente aprobada ley sobre el aborto (IVE). Además, el novel ministro del Estado Vaticano, Grabois, como integrante de un gobierno extranjero, tal vez no debió permitirse reparos a la inocua actividad oficial del presidente argentino; a menos que haya alguna instrucción específica sugerida que pudiera justificar la intromisión.

Por su parte el Senado (feudo de Cristina) promueve una ley que prohíbe al Ejecutivo pagar deudas con varios miles de millones de dólares, que probablemente recibiría del FMI. Lamentablemente esa Cámara no puede ignorar que esas asignaciones de ayuda crediticia prevista para varios países necesitados tienen destino prefijado, indiferentes a cualquier pretensión local. Por lo tanto, las instrucciones al presidente no son sólo invasivas de la función del mismo, sino que carecen de sentido, porque no podría hacer otra cosa que cumplir con la finalidad que condiciona al préstamo. Por otra parte, evidencia un desconocimiento incompatible con los sueldos que cobran sus integrantes. Además, deben saber que con un telefonazo de la vice sería suficiente para disponer el destino de ese dinero, si es que llegara y se pudiera.

Otro acto que no ayuda y tiene trascendencia internacional, además de los “vacunatorios” VIP que continúan caprichosamente usándose como propaganda política, agregamos el negociado grande y corrupto de los “testeos truchos” descubiertos en Ezeiza, suficiente y vergonzosamente difundido. Se pretende cerrar escuelas mientras se abrieron las puertas a la libre inmigración del Covid en sus diversas variantes. Otra gran paradoja nacional.

Finalmente, al mismo tiempo que mandan al presidente a pedir plata afuera, la vice proclama a los cuatro vientos que no hay, ni habrá dinero para devolver esos mismos préstamos. Menudo favor para arruinar toda gestión.

Ya no cabe duda alguna que la vicepresidenta actual puso a Alberto Fernández de presidente para ganar ella y vengarse de él, que fue un durísimo y veraz crítico de sus conocidos desmanejos económicos. Fabuloso gambito de dama en el ajedrez nacional.

Si volviéramos a la fábula y cambiáramos los personajes, veríamos que Alberto, sorprendido por la traición en medio del rio, si  le preguntara a Cristina por qué lo hace en un momento tan crítico para ambos, recibiría como respuesta: “es mi naturaleza”. Algo imposible más cierto y crudo.

El exceso de candor e ingenuidad presidencial verdaderamente aterra en un momento tan inoportuno.

viernes, mayo 07, 2021

ALCAHUETERIA NECIA Y ASESINA

En forma previa a esta publicación, consulté con cuidado en el Diccionario de la Real Academia el significado de cada término que empleo en el título, para que la opinión personal que refiero sea interpretada adecuadamente y con la precisión a que aspiro.

No me cabe duda alguna que la pandemia ocasiona el desmoronamiento del mundo conocido, el cambio de las relaciones sociales, políticas y económicas. Pero a nosotros particularmente nos castiga con rigor inusitado dada la fragilidad y extravagancia que mostramos sin pudor ni vergüenza.

Digo alcahuetería entendiendo por ello a la “acción de ocultar o encubrir los actos reprobables de alguien”. En nuestra desquiciada realidad política al presidente lo puso y lo manda la vicepresidenta para su beneficio personal; acontecimiento exótico y singular que, además, los propios aludidos se jactan por ello. No obstante, convengamos que ese derrape político fue conocido antes de su aprobación electoral, por lo que cierto grado de “mea culpa” es incontestable.

Lamentablemente el desquicio raro y vergonzante acarrea consecuencias impensadas cuya magnitud desconocemos y sólo exhibe torpeza. Así, nuestro Ministro de Economía paso casi dos meses en el exterior mendigando un “arreglo” con los acreedores. Estos exigen algunas condiciones y austeridad para permitir así que empujemos deudas de miles de millones de dólares exigibles muy pronto; dinero que no tenemos y razón por la que debería asumir ciertas decisiones desagradables. Pero acá, un subordinado de tercer orden (subsecretario) se resiste a cumplir lo dispuesto, razón por la que el ministro le pide la renuncia. El presidente apoya al ministro; la vice hace lo propio con el subalterno y, hasta ahora, no sabemos qué pasara con las medidas, tampoco quién se va o quién se queda. El papelón mundial sería, como se escucha y que ya pasó antes con Julio de Vido, cuando la orden de ella fue: “de acá no se va nadie”, que se imponga el subsecretario K Basualdo y que obligatoriamente no se vaya ninguno.

A la alcahuetería la tildo como necia, término que según el diccionario implica: “Ignorante y que no sabe lo que podía o debía hacer”. El calificativo viene a guisa en razón de la muy confusa y oscura negociación de las primeras y mejores vacunas (Pfizer) por Ginés, como también la reconocida y deplorable gestión de la enfermedad, lo que nos ubica en el ante penúltimo lugar en el mundo. 

Hasta ahora la única solución para enfrentar a la pandemia es la vacuna; nosotros pusimos seis mil ciudadanos de cobayos para la prioridad en la obtención de catorce millones de dosis y, sin ninguna explicación, la abandonamos para ir a la cola de los pedigüeños; oportunidad que aprovechó Uruguay por nuestra negligencia.

Finalmente, también califico a la alcahuetería necia como asesina, que el diccionario identifica como acción “ofensiva, hostil, dañina”. Nuestro país ha superado en más del doble de cantidad de muertos que se le asignan a la dictadura de Videla más los de la Guerra de Malvinas juntas. Estimación por ahora, ya que el Servio de Salud está al límite no obstante el gran esfuerzo de su personal. A esa cifra espeluznante debe agregarse los millones de infectados, muchos de los cuales se encuentran en situación absolutamente precaria desbordando hospitales, camas y respiradores. En este maremágnum dantesco transitan latrocinios, avivadas imperdonables y jugarretas electoralistas deplorables.

Ya sabemos que priman intereses subalternos en la impenetrable oligarquía política que supimos conseguir, pero por lo menos ¡TENGAN PIEDAD!