Por fusilamiento se entiende a la ejecución de un individuo a través de la descarga de armas de fuego efectuada por un pelotón designado a tal efecto. Es un medio de matar legalmente reconocido durante siglos.
Si bien no es el fusilamiento propiamente dicho el tema que específicamente me ocupa, corresponde mencionar ciertos antecedentes. Hubo fusilamientos individuales y también de varios a la vez; en ocasiones entre las armas se incluía alguna con bala de fogueo para que todos pudieran suponer que esa le había tocado y aliviar las consecuencias traumáticas del asesinato. El pelotón, si bien podían integrarlo voluntarios, normalmente se conformaba obligatoriamente y con amenaza de sanción al que se resistiera o no cumpliera la orden con efectividad.
Un poema de Nicolás Guillén nos acercará al tema que quiero proponer: “Van a fusilar a un hombre que tiene los brazos atados. Hay cuatro soldados para disparar. Son cuatro soldados callados, que están amarrados, lo mismo que el hombre amarrado que van a matar.-¿Puedes escapar?",
El objeto de especial consideración en el presente no es, por cierto el condenado, sino cada integrante del pelotón en particular. Aquel que tiene la obligación de apretar el gatillo.
La temática que ahora deseo referir la insinué al final de un artículo publicado hace mucho (26/10/2012) y está incorporado a mi página (www.robertoyannello.com.ar).
Hoy ya ha entrado en vigencia la ley que admite el aborto (IVE), aspecto sobre el cual en aquella oportunidad di mi parecer con cierta extensión, por lo que ruego que cualquiera que pudiere interesarle mi opinión sobre el aborto se remita allá.
Ahora quiero señalar no al que está adentro, sino al que está afuera y debe practicarlo que, al igual que el soldado del pelotón, debe obligatoriamente apretar el gatillo o ejecutar el acto pertinente.
La ley ha dispuesto sobre la procedencia del aborto, pero incurre en una lamentable falta de consideración de todos aquellos que deben llevarlo a cabo quieran o no (más allá del arte de curar y del juramento hipocrático); ya sea porque no les quede más remedio o bien por razones económicas o temor reverencial.
Tratándose de una cuestión con antecedentes excesivamente polémicos, no será fácil encontrar a aquellos que quieran hacerse cargo públicamente de semejante tarea.
No cualquiera se anota para integrar un pelotón de fusilamiento.
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