sábado, enero 23, 2021

APOCALYPSE NOW

El epígrafe, excesivo por cierto, lo tomo de la película homónima (1979, Francis Ford Coppola, Apocalipsis Ahora), que refiere a sucesos terroríficos ocurridos o supuestos en Vietnam. Acá tal vez mi opinión sea también exagerada y el título monstruoso, pero prefiero la sinceridad por si surge algo positivo que la descalifique. Por lo menos que aliente a la búsqueda de soluciones que moderen el pronóstico.

Por empezar, señalo que el mundo tiene una capacidad determinada y llega un punto en que se agota; igual que un ómnibus donde en un momento no caben más. Teniendo en cuenta que los expertos señalan esa capacidad de nuestro planeta en menos de cuatro mil millones de personas para subsistir sin depredar, nos habríamos pasado en más de tres mil quinientos millones, exceso que permanece ayudado por la tecnología y abusando de los recursos, algo poco esperanzador. 

La superpoblación acarrea las lacras propias del hacinamiento que afecta a todas las especies, como los asesinatos y hasta el canibalismo. Hoy, entre nosotros, se traducirían en guerras con bombas, tiros o “virus”, como bien sostiene públicamente Bill Gates. Todavía no puede afirmarse que nuestra inesperada pandemia haya salido intencionalmente de algún laboratorio o no. Tampoco podría negarse la subsiguiente conmoción de un mundo desorientado. Ninguna solución se muestra posible aún y, menos todavía, que sea fácil.

Sin embargo, nosotros, frente a este panorama inocultable y complejísimo, sólo nos enredamos en un enjambre de vacunas de cuya efectividad se duda y en negociaciones  que medran inescrupulosos con actitudes plagadas de engañifas. Tan solo importa realmente la impunidad de la banda y, principalmente, de su jefa. Se pretende que lo evidente sea invisible y con descaro. Para ello es necesario profundizar la grieta social e incrementar el silencio y la falta de organización popular que permita la defensa del grupo, principalmente del futuro que acecha. Prepararnos para lo porvenir. Países potentes se desmoronan, otros se cierran bruscamente y el resto no sabe qué hacer. Quizás ya intuye que sobra.

El sistema legal en países de segunda se descalabró y la organización política que conocimos ya no depende de partidos sino de grupos mafiosos irresponsables e impenetrables, los que no dudarían en entregar a la madre a cambio de confusas aspiraciones personales.

La democracia, el sistema republicano y la representación popular se debilitan día a día en manos de más y más mendigos mantenidos que, en realidad, tampoco sabrían qué hacer para su propio beneficio. Hoy la capacidad de un teléfono celular y la actividad “on line” descartan un alto porcentaje de posibilidades laborales; lo que seguramente se agravará pronto. Si el futuro está en manos del conocimiento, entre nosotros nada justifica haber perdido un año de educación y no saber qué hacer para recuperar el tiempo; como tampoco, y es lo peor, cómo hacerlo y qué orientación darle.

Si a la ley se la desnaturaliza manteniéndosela para guardar apariencias, algo que no sirve para afrontar a la anarquía, que es aún peor; urgentemente habrá que pensarse en hallar algún elemento aglutinador apropiado que no sea fascista, ahora pretendido por varios.

En la base de estos razonamientos está la pretensión de avanzar hacia la oportunidad de una subsistencia posible y adecuada. El contenido de “adecuada” depende de cada uno.

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