Cuando expiraba el abominable 2020, su último suspiro fue rapiñado por los tramposos del gobierno para ofrendar a la vicepresidenta el mejor regalo que la camarilla oficial tuvo a su alcance. El obsequio en sí mismo, del que nos ocuparemos luego, además de vergonzante fue solapado, inoportuno y repulsivo, ya que quiso disimular su voracidad tras otras noticias complejas. El último día hábil del año, legisladores ocultos en la madrugada sancionaron la ley del aborto (IVE), para la algarabía y el desconsuelo de la muchedumbre que confrontaba en la calle sin demasiadas precauciones sanitarias, sin perjuicio de la trascendencia pública e inmediata del resultado que, a su vez, serviría para ocultar el suceso judicial que comentaremos luego. Seguramente esa propaganda estaba destinada a opacar el resto de las novedades, lo que demostraba la premeditación de los autores, de allí su carácter traidor y artero. Junto a esa ley, a la que le falta promulgación y reglamentación aún, se deslizó otra novedad francamente lamentable y dolorosa para muchos de los miserables y más indefensos sectores de la población: “el recorte jubilatorio”. Ésta seguramente circularía con sordina dada la tumultuosa algarabía abortista y la celeste desazón.
La “casualidad” quiso que, bajo semejante ruido legislativo, un ignoto juez sorpresivamente sentenció que la señora vicepresidenta debía cobrar unos dos millones de pesos mensuales por la necesaria superposición de pensiones privilegiadas, más otros CIEN MILLONES con carácter retroactivo por no haber recibido antes semejantes estipendios.
Pero más allá del ilegal tarascón económico se impone meditar sobre los modos ofensivos, voraces y desfachatados que utiliza para hacer y deshacer lo que le viene en ganas. Sin preocupación ni sensibilidad quita hasta los mendrugos de los hambrientos, sin importarle la oportunidad para concretar otro de los habituales manotazos, que logra con el apoyo político del conjunto de alcahuetes que gozan de su favor y participan en esa corrupción.
Se trata de actos del Estado francamente ilegítimos por su inmoralidad y descaro. Nosotros, encerrados y confundidos por esta rara pandemia, estamos produciendo el silencio que otorga justificación tácita a estas barbaridades. En este caso, dada la falta de verdadera publicidad de los actos de gobierno y la irresponsabilidad de todos los funcionarios enredados en una madeja judicial prefabricada, cuanto la inobservancia de la ley, nos permite afirmar la sinrazón de toda representación política y el no muy lento deceso del sistema Republicano de gobierno.
El pueblo, en su momento, no pudo ignorar que el presidente apenas formal y asustadizo, no tendría más destino que el de un mal hecho espantapájaros que, sin embargo, logró su pobre cometido con creces.
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