domingo, octubre 04, 2020

PIRRO DE EPIRO-FERNÁNDEZ DE ARGENTINA

Pirro, rey de Egipto que murió en el año 272 a. C., fue un guerrero del cual proviene el calificativo “pírrico” que se aplica al triunfo o a la victoria conseguidos con más daños del vencedor que del vencido. Se le atribuye haber manifestado, al contemplar los resultados de la batalla que ganó a los romanos: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa” (Sic). 

Aproximadamente 2200 años después, en épocas de Fernández de Argentina”, aplicamos el calificativo al manejo que se hace a la lucha del gobierno contra la pandemia, la economía, la educación y la seguridad.

Es verdad que hasta el momento no se sabe a ciencia cierta qué hacer con el coronavirus, pandemia que afecta al mundo y que hasta ahora no tiene efectiva cura y no la habrá vaya a saber hasta cuándo.

Pero la estrategia que adoptamos se ha transformado en absolutamente singular en comparación con el resto del mundo: clausurar por ocho meses al país (hasta ahora), mostró al comienzo resultados positivos, aunque era claro que se trataba de una medida excepcional destinada a mantenerse por poco tiempo. Sin embargo, se transformó en la cuarentena más extensa del planeta con las desastrosas y previsibles consecuencias. La gravedad del giro de los acontecimientos, a último momento ubica a la Argentina en el “top ten” de los países más afectados. Es evidente que el precio que eludimos pagar al comienzo, lo hacemos efectivo muy tarde con intereses superlativos. Alguna razón habrá advertido oportunamente a TODOS los demás que optaron por medidas menos exageradas previendo las consecuencias lamentables.

La economía también alcanzó otro récord, ¡Pero en cuanto a derrumbe! Las empresas que era evidente no podrían soportar, se fueron a pique arrastrando los empleos. Empleos que el mundo virtual ya había condenado, pero con aviso y tiempo.

Educación para qué hablar con el año perdido. Tan grave para los que debieron entrar a Jardín, como para los que esperaban entrar al mundo profesional, acceder a la tecnología o a la cúspide de las ciencias.

La Seguridad, con los turnos de las fuerzas que redujo las posibilidades de custodia a la mitad; como a la continuidad de los criterios de dudosa buena fe que hoy las rigen, las transforman en casi inservibles. Es evidente que los responsables que dirigen, cuanto la normativa que imponen, no entienden y señalan requisitos y exigencias incompatibles con la finalidad de la función de que se trate. Hablando para ejemplificar de la Policía (no de delincuentes disfrazados, por cierto), concomitantemente a la decisión del Estado de disponer a su favor el monopolio de la Fuerza Pública, también resuelve desarmar a los particulares a quienes él se obliga a proteger; para ello provee de armamento adecuado al órgano que tiene esa función, la de cuidar al ciudadano inerme. Ahora se interpreta que esas armas solamente las puede usar cuando es atacado el funcionario. quién debe justificar “legítima defensa” propia. Cuando se debe cuidar a los otros no se puede exigir que también deba ser atacado el policía para que pueda utilizar los elementos que se le proveyeron para la custodia de la Paz Social; encima con una serie de requisitos que imposibilitan la función.

Ironizando, esto se asemeja a los alguaciles de los viejos “Westerns” que disponían: “desenfunda tu primero”, una ventaja que, casi siempre, suplían con su destreza y velocidad. El principio de “legítima defensa propia” no aplica para el que debe defender a otro, a éste lo obliga otros criterios que debió aprender y entrenar, criterios bastante más delicados, por cierto.

Es imposible esperar una puñalada en el corazón del funcionario para entender que actuó conforme reglamento y se le rinda un ampuloso homenaje “post mortem”, mientras que el ciudadano se salvó de casualidad.

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