Hoy cuando uno observa el panorama nacional (político, social, educativo, moral etc. etc.), en principio no logra comprender lo que sucede; se esfuerza buscando algún justificativo para ver si somos los culpables de lo que nos pasa, quiere encontrar un hilo esperanzador y sólo enfrenta desasosiego, mucha mentira y desorientación.
Quien, como yo, está en tiempo de descuento revuelve en los recuerdos pretendiendo encontrar vivencias que entusiasmaron o momentos similares en los que se pudo superar la profunda angustia que provoca no saber qué hacer; hoy tenemos la triste sensación que provoca reconocer que a nosotros nos falta tiempo, energía y amigos para, equivocados o no, intentar llegar a mejor puerto para reparar está nave que fue hermosa y habitable.
Al menos podemos consolarnos al saber que vivimos y conocimos una época de cambios permanentes y profundos que nos asustaban o agradaban. Un Siglo XX que hizo estallar la historia del mundo y de estas tierras en particular. Iniciamos el siglo pasado como potentados y lo terminamos como mendigos. Dilapidamos una herencia cultural, económica y política fabulosa en desencuentros inútiles y fuegos artificiales. Pero ¿Quién se llevó todo?, porque pudimos ser pródigos, malos administradores y torpes, pero no magos. La riqueza y la instrucción estaban, pudieron perderlas unos y aprovecharlas otros. ¡Pero se esfumaron y vaya a saber dónde fueron a parar!, aunque podemos suponerlo como respuesta a la permanente corrupción política y la indiferencia popular. Recordamos que, al finalizar la Segunda Guerra, en el Banco Central ponían los lingotes de oro hasta en los pasillos ¿Y ahora?
Para peor, la oligarquía empoderada (política, sindical y empresaria etc. como ya lo dije) juega a sacarse el lazo de encima utilizando discursos y actitudes engañosas y desafortunadas. Los que están echan la culpa al anterior y éste al que le precedió; asumiendo todos actitudes periódica y diametralmente opuestas y traicioneras que jamás encontrarán soluciones reales.
Un breve ejemplo lo proporciona la hábil y reciente carta pública de Cristina Kirchner, en la cual se despega del peronismo y del presidente que ella impuso, para zafar del desastre previsible y cercano. El “pobre Alberto” estuvo solo aplaudiendo la estatua de Néstor, el marido de Cristina y hacedor del régimen impresentable. También para el día de la Lealtad (17/10) le tiraron por la cabeza el balcón que fue del General, para que se las arreglara como pudiera frente al PJ amontonado extorsivamente y a gran costo.
Pero aislarlo al presidente frente a la estatua que descartaron bochornosamente de Ecuador, fue el colmo para un alcahuete que no podía ignorar que pasaría esto o algo peor. Lo hacen ir al almacén a pedir fiado pero insultando al dueño, porque si no se enojan.
Le meten al “arcángel” Grabois que promueve una reforma agraria tan antigua como incompatible con las actuales formas de explotación intensiva de la tierra y los modos que comercialización de su producción.
En fin, pocos son los aciertos que podemos adjudicarnos en el siglo pasado, pero todas las barrabasadas, mentiras, traiciones, corrupción y ansias de impunidad de los graves delitos cometidos, que boquiabiertos presenciamos en el 2020 tienen autores perfectamente identificados. Así que, señoras y señores: ¡Háganse cargo!