Resulta difícil expresar pronósticos optimistas más allá de desear el pronto achatamiento y descenso de la curva que muestre la evolución de la pandemia.
Estamos ingresando a una etapa de malhumor, inestabilidad y confusión. Con independencia de los resultados positivos de las primeras medidas que el gobierno dispuso (cuarentena), luego sobrevinieron disposiciones contradictorias y/o, por lo menos complejas. Por ejemplo, lo relativo a pagos, cobro de sueldos, recursos para cancelar deudas, subsistencia de empresas, pago de servicios -electricidad p.ej.- y sus consecuencias, etc. También comportamientos individuales y sociales deleznables, los precios son una muestra.
No todo se puede operar “on line”, aun cuando se trate de una actividad reservada para los que saben hacerlo, para el resto implica manejo de billetes sucios, colas y aglomeraciones; para más son raros los teléfonos indicados para aportar soluciones que alguna vez sean atendidos por quienes deberían aportarlas.
Esa situación de encierro y su prolongación sólo puede generar VIOLENCIA de toda índole, desde la doméstica hasta la internacional. No podemos olvidar que es el mundo el que sufre el colapso.
Hay quienes están obligados a intentar prever lo que podría venir y cobran bastante para ello, por tanto, deben procurar proteger y preparar a la población que los mantiene opinando públicamente por lo menos. No podemos arriesgarnos a la sorpresa total, ni “seguir atando con alambre”.
(www.robertoyannello.com.ar)
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