miércoles, junio 02, 2021

LOS MUERTOS QUE VOS MATÁIS…

La frase “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, es una graciosa ironía que la atribuyen a José Zorrilla, empleada en su obra “Don Juan Tenorio”, mientras otros se la adjudican a Lope de Vega y, finalmente, hay quienes se la niegan a ambos. Poco importa ahora la autoría de la misma, dado su fama que trascendió hasta nuestros días y suele utilizarse frente al mentiroso que se excusa sin pudor o agranda sus pretendidas e inexistentes hazañas.

Así como les coló “inexplicablemente” la diputada Moreau en el Congreso, la palabrita “negligencia” en una ley, lo que supuestamente habría impedido la adquisición y obtención oportuna de trece millones de vacunas Pfizer el año pasado. Hoy nosotros, con permiso de Zorrilla o de Lope de Vega, nos permitimos colar en la frase un solo adverbio: No. Entonces quedaría: “Los muertos que vos matáis NO gozan de buena salud”; podríamos agregar que tales difuntos están efectivamente muertos.

Hoy la crónica ha traído una vez más a la consideración pública el tropezón humanitario, ético y político, de causa retorcida, que impidió la compra de la mejor vacuna, luego de haber colaborado con seis mil cobayos humanos en las pruebas que garantizaban prioridad en la adquisición.

Hoy se continúa mintiendo y desmintiendo a nivel nacional e internacional acontecimientos incomprensibles, salvo el que refiere a coima, para justificar lo injustificable. Un demérito que se agrava mucho, cuando se sabe que los “custodios” también se birlaron parte importante de las vacunas que pasaron tardíamente y que luego prodigaron en “vacunatorios Vip” y en la política rastrera.

Corre de mi cuenta un interrogante que me indigna: ¿Cuántos vivirían de haberse aplicado el año pasado las vacunas Pfizer que nos correspondían? ¿Cuántos fallecidos podrían restarse a los OCHENTA MIL que nos llevan a la punta del ranking mundial? No lo sabemos, ni lo sabremos nunca.

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero alguna es necesaria para evaluar la magnitud real que resulta de la irresponsabilidad política de funcionarios incapaces, ignorantes o ávidos de monedas.

Si recordamos las cifras de víctimas del terrible Proceso de Reorganización Nacional, con Videla a la cabeza, y recordamos con espanto los números que se barajan, veremos que unos hablan de treinta mil personas y otros, como Fernández Meigide, refieren nueve mil, según consignó la Comisión que elaboró Nunca Más. Pero sea cual sea la cifra de aquel horror, hoy volvemos a enfrentar desaparecidos reales y contados de a uno, sin poder determinar cuantos se deben atribuir a la asquerosa pandemia, cuantos a la torpeza política y, finalmente, cuantos a la tenebrosa voluntad de medrar frente al infortunio y desesperación popular.

Si pudiéramos vincular a José Zorrilla, supuesto responsable de la frase inicial, con Sófocles, autor griego de “Edipo Rey” que yo referí hace poco, veremos que ambos hablan de muertes y asesinatos. Los relatos se distinguen porque que el primero para ello utilizó la ironía con destreza, mientras que el segundo, también con gran talento, usó la muerte para su famosa “tragedia”.

Hoy los argentinos, también con una cualidad vernácula, la indiferencia, unimos la ironía a la tragedia y tornamos incomprensible e inexplicable la angustiante realidad. 

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