domingo, junio 27, 2021

BAILANDO EN LA E.S.M.A.

Hace pocos días que el jefe de Gabinete de Alberto Fernández, Santiago Cafiero, se excusó por las consecuencias de la pésima gestión de las vacunas, apoyándose en un sofisma tenebrosamente concebido. Digamos que abusó de una “verdad” aparente para proveer de simpatía a su discurso; algo que lo hiciera menos importante de lo que es realmente, como todo el desaguisado sanitario que escapó desde el comienzo de las manos del gobierno. 

Días atrás Cafiero dijo, sin que se le moviera uno de sus muchos pelos: “SOLO 330.000 ESTÁN CUMPLIENDO LOS 90 DÍAS”. En buen romance la afirmación significa que ya, esa cantidad de gente, salió de la protección de la primera dosis de la vacuna rusa. Inicialmente se anunció que el plazo no excedería de catorce días, luego se fue ampliando hasta los tres meses, atendiendo siempre las conveniencias del gobierno y distante de las opiniones científicas que circularon. Por cierto, los tres meses no existieron o se estiran lo que haga falta.

Ahora bien, 330.000 personas ¿Es poco o es mucho? Si comprendemos que semejante cantidad de personas vuelven a la cola de los indefensos, es algo así como volver a hacerlos entrar al campo de concentración cuando se suponían casi salvados; la desesperanza por recaída es peor y más cruel que la anterior, mas cuando no se sabe qué debe hacerse en el caso. ¿El refuerzo servirá si el sostén base está vencido?

Digan lo que digan, nunca desconocieron que la segunda dosis no llegaría o no lo haría en tiempo propio.

Decir “SÓLO 330.000”, es lo mismo que decir que son unos pocos, que no es para exagerar. Proponer la sugerencia es un agravio moral al modo nazi. Peor si se piensa en improvisar alguna mescolanza de vacunas para disimular el fraude y el misterio con el que comenzó el nuevo negocio de las vacunas, que ya benefició a los “amigos privilegiados” desde el minuto cero.

Ahora podemos ver al “primer adelantado”, don Ginés González, lejos del bochorno, brindando en Madrid sonriente, despreocupado y escondido tras una indumentaria vergonzante.

El afán por ignorar la esencia de la realidad y de la historia no es un método novedoso en el kirchnerismo. Desde su comienzo se hizo patente la ausencia de un límite concreto entre su imaginación y la verdad que esconde la charlatanería propia y taimada.

Allá por el 24 de marzo de 2004, Néstor ordenó sacar de la galería del Colegio Militar el cuadro de Videla, hecho considerado histórico. ¿Acaso este asesino no existió? ¿No fue presidente? ¿No trabajaron con Cristina para él? Se entendió que la anterior presencia del genocida se borraba sacando una foto, en lugar de destacar hasta dónde puede llegar una bestia en nuestro país. Una leyenda aclaratoria debajo del cuadro del genocida, sería más ilustrativa que desaparecer el cuadro.

Algo similar ocurre con disponer que los chicos pasen de grado sin haber ido a la escuela ¿Para qué sirve? Supongo que lo más apropiado sería preparar un plan específico que compense ese deterioro sin daño para ellos. El perjuicio sufrido por no haber ido a la escuela debe ser subsanado y no escondido bajo la alfombra, tapado con un certificado escolar.

Pero volviendo a la torpe excusa de Cafiero de pretender pasar desapercibido a 330.000 personas, cuando está parado sobre 90.000 muertos; el triple de víctimas que le atribuyen al proceso militar, debería enfatizar sobre los que pudieron salvar actuando honestamente y con información suficiente, como es su deber.

Hace algunos años, la dependiente jerárquica de DDHH de la Nación, Karina Núñez, organizó en la lúgubre E.S.M.A. una muy regada fiesta de fin de año. Ahora Cafiero y su indiferencia mentirosa, organiza otro baile sobre cementerio. Total, nadie recuerda a Karina Núñez y su festejo; Videla no existió desde que bajaron la foto ¿Qué importa minimizar a unos 330.000 ciudadanos para tapar otra mentira?

viernes, junio 18, 2021

¿FUTURO?

Recientemente en Canal 13 se entrevistó a un joven emprendedor que ha logrado una aplicación que permite hablar a quienes no pueden hacerlo normalmente. Era notorio el entusiasmo al opinar sobre la tecnología del futuro proyectada a cincuenta o cien años.

Se me ocurrió realizar una proyección mucho menor de nosotros, arrancando de nuestra actualidad. No fue una experiencia grata y, lamentablemente, creo que todos deberíamos hacerlo honestamente y sin engañifas.

No podríamos efectuar una suposición de futuro sin comenzar desde nuestro presente político, económico, sanitario y social. Además, deberá tenerse en cuenta que ese “presente” nuestro, a su vez, navega en un conglomerado de personas, países, necesidades y recursos.

El mundo en poco tiempo, setenta u ochenta años no más, se cargó la historia y las culturas, anunciando que hace rato pasamos el límite que permitiría una vida sustentable para todos.

Explosión demográfica, degradación de recursos naturales, tecnología no compartida, pésima educación, poder militar etc., conforman el ámbito a considerar como punto de largada de la navegación imaginaria.

Pero, volviendo a lo nuestro, el régimen político que orienta el gobierno en su desquició y contradicciones cotidianas, con más de dos años de improvisación y agachadas por delante, sigue a contramano de las posibilidades que se aceleran en sentido contrario, pretendiendo sólo objetivos subalternos y sectoriales. Parece increíble que aparezcamos en apoyo de terroristas que mataron argentinos bombardeando dentro de nuestro país. Aplaudimos las autocracias violentas.

En lo económico estamos poco menos que destrozados y seguimos rompiendo lo que queda. En el mejor de los casos cualquier tipo de reestructuración posible demandaría tiempo, coherencia, honestidad, sacrificios y solidaridad. Esto lo veo poco menos que imposible.

La situación sanitaria pudo estar bastante mejor. Sufrimos la pandemia postergados por oscuros intereses, logrando que se nos ubique atrás de los mendicantes. Después de rechazar las mejores vacunas, rogamos por recibir sobrantes de cualquier clase.

En lo social es la educación la que lleva la peor parte, sin restarle importancia a la grieta y al aislacionismo pendenciero que supimos conseguir.

En fin, en este espacio de charlas con amigos, no se justifica ser demasiado extenso en cualquiera de los puntos señalados con lamentable pesimismo y con la exclusiva intención de instar, frente al error, actitudes positivas.

Sólo me permito enfatizar en el aspecto educacional ya que, con todo respeto, discrepo parcialmente con el entusiasmo juvenil del emprendedor que fue entrevistado por TV, que mencioné al comienzo, como también con cierto criterio expuesto por Francisco I en el mensaje que enviara a la OIT y que comenta brevemente La Nación de hoy (17/6/21), aun cuando suponga que si hay un equivocado debo ser yo.

El Papa reivindicó el rol “profético” de los sindicatos y la necesidad de rescatar a los trabajadores “poco cualificados, a los jornaleros, a los del sector informal…”

Siendo argentino Su Santidad no puede ignorar la metodología del sindicalismo vernáculo manejado por millonarios mal disimulados y comerciantes de los intereses ajenos, que esconden las botellas de vino de sus almuerzos para confundir al público y disimular la vergüenza “propia” de saber que, lo que están tratando en reuniones, no es tan serio como pretenden. Pienso que debió excluir expresamente al sindicalismo pernicioso como el que también alberga nuestro sistema, que de profético no tiene nada.

En cuanto a los trabajadores “poco cualificados” coincido en la necesidad actual de ayudarlos y protegerlos, pero no debió sortear que ese tipo de trabajo no tiene lugar en el futuro próximo que urgente va instrumentando la tecnología. Exclusivamente una EDUCACIÓN APROPIADA resultante de una política de Estado seria y fuera del alcance del sindicalismo actual (verbigracia Baradel), podría ser la guía y el sendero adecuado al porvenir.

lunes, junio 14, 2021

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

No hace mucho publiqué una opinión en la que se me ocurrió vincular a Don Juan Tenorio con Edipo Rey; es decir, a los autores de esas obras: José Zorrilla y Sófocles. Destacaba del primero la ironía en la comedia y del segundo la tragedia; tal vez hoy me aproxime a la “tragicomedia”, hurgando en la filmografía y en la vida real y reciente.

“El hombre de las mil caras” refiere a un personaje real y actual: Francisco Paesa. Su compleja historia ingresó en la literatura y en la filmografía cercana (2016). Un individuo que engañó a España y salió indemne. Fue un hombre de negocios, banquero, traficante de armas, gigoló, play boy, diplomático, aventurero, estafador y agente secreto.

Si agregáramos: profesor universitario, jefe de gabinete, opositor feroz, presidente gracias a su destratada enemiga, mentiroso y ridículo, parecería que Alberto Fernández plagia a Paesa, mostrando también sus mil caras; aunque no todas las cualidades coincidan en resultados exitosos o hayan sido del mismo modo bien actuadas o interpretadas.

Por ejemplo, Paesa también fue un gigoló, expresión que refiere al “hombre joven que vive mantenido por una mujer mayor a cambio de compañía o ciertos favores…”. Digamos que en esto el plagiador derrapó porque él, en vez de recibir, es quién hace las estupideces que disfruta la señora callada, sorteando así sus dificultades serias por demás.

Ambos hombres son mentirosos y cambian sobre la marcha cualquier afirmación anterior, también soportan con cara de piedra ese tránsito y los nuevos argumentos no justifican lo ya dicho, sino que, simplemente, aquellos son ignorados.

No voy a repasar el glosario de mentiras, negociados y contradicciones que le atribuyen a Alberto y su banda, fundamentalmente cuando navegamos sobre la miseria inexplicable y una pandemia aterradora. 

Sólo me detendré en el ridículo pernicioso que acumuló en muy pocos días nuestro presidente y mejor que no aclare ni explique nada.

Frente al presidente español, que se salvó que se notara su risa por el barbijo, ninguneó y ofendió sin ninguna necesidad a Brasil y Méjico y a sus poblaciones, improvisando el discurso e inventando la historia por un afán de agradar frente a un interlocutor digno de respeto. El presidente de España estaba acá representando a su país; merecía palabras previamente preparadas y estudiadas, no un discurso inventado sobre la marcha, falso y ofensivo. Algo similar a la felicitación al NO presidente de Perú. Sin que se le caiga la cara de vergüenza, los recientes y sucesivos tropezones lo convirtieron en el hazmerreír dentro y fuera de la Argentina. Nosotros que lo elegimos no nos salvamos.

Seguro que el dignatario hispano debe conocer al personaje que señalamos al comienzo: Francisco Paesa. Pero difícilmente pueda vincular al hábil connacional con nuestro Alberto, por una cualidad que aquel no pudo tener para llegar hasta donde llegó: evitar el ridículo.

Parece mentira que el presidente también ignore una sentencia que popularizó su carismático líder, Juan Perón: “DEL RIDÍCULO NO SE VUELVE”.

Por si fuera poco, el ridículo internacional en el que se sumergió por iniciativa propia, pareciera que tiene la necesidad de embarrarse más al denunciarse solito y espontáneamente ante el INADI, que conduce la inefable VICTORIA DONDA. Personaje cuya servidumbre permaneció siempre en negro y la quiso silenciar con planes y empleos del Estado. Digamos con nuestro dinero, del que puede disponer con libertad. Ella es la que debe restaurar la personalidad no racista, no xenófoba y no ridícula del presidente. ¿Acaso piensa convencer a alguien?

jueves, junio 10, 2021

CANTO DE SIRENA…

La frase actualmente se la utiliza para señalar un discurso que esconde engaño, un suceso que nace y nos llega de la mitología griega; leyendas anteriores a la historia cargadas de simbolismos; algunas de ellas integran “La Odisea” de Homero.

Rescatamos de ese antiguo poema de veinticuatro cantos, uno que relata el regreso de Ulises, después de tanto tiempo alejado de su hogar y de su realidad cotidiana por la guerra de Troya.

En el trayecto se acercaban a la isla de las Sirenas, algo sobre lo cual fue prevenido por una hechicera, Circe, que le anticipó que allí atraían a los marinos con dulces cantos para luego matarlos. Ulises ordenó a su tripulación tapar sus oídos con cera y se hizo atar al mástil para conocer el encanto al que no pudo sucumbir por sus ataduras salvadoras.

Nos corremos, entonces, de la mitología al presente en el que escuchamos diversos y dulces “Cantos de Sirena”, que nos confunden con entidad suficiente para perjudicarnos. Hoy propondría como entretenimiento unos instantes de reflexión íntima. De observarnos y apreciar lo que nos toca vivir y lo que hacemos, para sacar algunas conclusiones útiles y valiosas para nosotros mismos.

En primer lugar, no podemos olvidar que llevamos un año y medio de encierro por la pandemia y, también, por ignorancia o rapiña de los que mandan. Ello produjo cambio de ánimos y acostumbramiento a mirar paredes. También quedaron consecuencias de decisiones acertadas algunas o absolutamente fallidas la mayoría; la educación, por ejemplo, es una víctima irrecuperable cuyo daño se siente ya y se sentirá agravado en el futuro próximo. 

Nos hemos acostumbrado a criticar solamente vía “on line” a quienes toman decisiones inauditas; en definitiva, nos acomodamos en la inacción, en la nada misma. Inercia peligrosa cuando a la reacción la reclame el agobio de la realidad y nuestra canoa se aproxime demasiado a la catarata. Mientras más larga es la espera y próxima la caída, el salvataje se dificulta.

No podemos olvidar que a nuestro país se lo colocó en un tobogán cuya orientación no se eligió concretamente; encima, se lo va torciendo más en forma inconsulta. Yo, por lo menos, no pretendí la excesiva aproximación a Venezuela tomada como modelo, ni supe que el acercamiento se anunciara en la campaña.

Durante esta inefable y trágica pandemia nuestros “representantes” han orientado rumbos que exceden sus “mandatos” y las leyes vigentes; aprovechando el encierro, la incomunicación y la ausencia total de debates.

Hemos naturalizado la creencia que basta con escuchar inertes las noticias, que, en realidad, empujan silenciosos grupos de presión o de poder, inspirados por intereses ajenos a nosotros. No importa que el objetivo nos convenga o no; generalmente su finalidad son negocios espurios o la impunidad que borraría la historia cercana.

El pueblo en silencio sólo escucha “cantos de sirena”, estando imposibilitado, como Ulises, nada puede hacer, nadie lo escucha ni lo libera; o como sucede con los remeros que, ensordecidos por la cera o por una realidad que no conocían, avanzan de espaldas hacia un futuro que también ignoran.

Frente a la miseria y la hambruna naciente, los dueños del poder, todos sin distinción, se atribuyen retribuciones obscenas que sostendrán con impuestos retroactivos a los incautos enmudecidos y a los encerrados, cuyo pasado insólitamente se encarece ya que deberán pagar lo que antes no adeudaban. Eso no lo conocieron ni los señores feudales.

Por otra parte, solamente se admiten en el teatro político manifestaciones públicas selectivas y sin “barbijos”, que sortean únicamente aquellos que reciben migajas para respaldar al que reparte dinero que no es suyo, sin saber que se suicidan de a poco.

Ya enfrentamos un proceso electoral manipulado, cercano y fundamental; para semejante ocasión ¿Usted sabe quién y cómo se eligen los candidatos que votará?

La cera de los oídos que ensordece a los remeros, el sol y el sudor la va derritiendo y todavía pueden llegar a escuchar a las sirenas y virar hacia el peor desastre.

miércoles, junio 02, 2021

LOS MUERTOS QUE VOS MATÁIS…

La frase “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, es una graciosa ironía que la atribuyen a José Zorrilla, empleada en su obra “Don Juan Tenorio”, mientras otros se la adjudican a Lope de Vega y, finalmente, hay quienes se la niegan a ambos. Poco importa ahora la autoría de la misma, dado su fama que trascendió hasta nuestros días y suele utilizarse frente al mentiroso que se excusa sin pudor o agranda sus pretendidas e inexistentes hazañas.

Así como les coló “inexplicablemente” la diputada Moreau en el Congreso, la palabrita “negligencia” en una ley, lo que supuestamente habría impedido la adquisición y obtención oportuna de trece millones de vacunas Pfizer el año pasado. Hoy nosotros, con permiso de Zorrilla o de Lope de Vega, nos permitimos colar en la frase un solo adverbio: No. Entonces quedaría: “Los muertos que vos matáis NO gozan de buena salud”; podríamos agregar que tales difuntos están efectivamente muertos.

Hoy la crónica ha traído una vez más a la consideración pública el tropezón humanitario, ético y político, de causa retorcida, que impidió la compra de la mejor vacuna, luego de haber colaborado con seis mil cobayos humanos en las pruebas que garantizaban prioridad en la adquisición.

Hoy se continúa mintiendo y desmintiendo a nivel nacional e internacional acontecimientos incomprensibles, salvo el que refiere a coima, para justificar lo injustificable. Un demérito que se agrava mucho, cuando se sabe que los “custodios” también se birlaron parte importante de las vacunas que pasaron tardíamente y que luego prodigaron en “vacunatorios Vip” y en la política rastrera.

Corre de mi cuenta un interrogante que me indigna: ¿Cuántos vivirían de haberse aplicado el año pasado las vacunas Pfizer que nos correspondían? ¿Cuántos fallecidos podrían restarse a los OCHENTA MIL que nos llevan a la punta del ranking mundial? No lo sabemos, ni lo sabremos nunca.

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero alguna es necesaria para evaluar la magnitud real que resulta de la irresponsabilidad política de funcionarios incapaces, ignorantes o ávidos de monedas.

Si recordamos las cifras de víctimas del terrible Proceso de Reorganización Nacional, con Videla a la cabeza, y recordamos con espanto los números que se barajan, veremos que unos hablan de treinta mil personas y otros, como Fernández Meigide, refieren nueve mil, según consignó la Comisión que elaboró Nunca Más. Pero sea cual sea la cifra de aquel horror, hoy volvemos a enfrentar desaparecidos reales y contados de a uno, sin poder determinar cuantos se deben atribuir a la asquerosa pandemia, cuantos a la torpeza política y, finalmente, cuantos a la tenebrosa voluntad de medrar frente al infortunio y desesperación popular.

Si pudiéramos vincular a José Zorrilla, supuesto responsable de la frase inicial, con Sófocles, autor griego de “Edipo Rey” que yo referí hace poco, veremos que ambos hablan de muertes y asesinatos. Los relatos se distinguen porque que el primero para ello utilizó la ironía con destreza, mientras que el segundo, también con gran talento, usó la muerte para su famosa “tragedia”.

Hoy los argentinos, también con una cualidad vernácula, la indiferencia, unimos la ironía a la tragedia y tornamos incomprensible e inexplicable la angustiante realidad.