Si tradujéramos tales expresiones del idioma alemán al nuestro, sería algo así como: “Viva Cristina, líder y canciller”, igual a como se auto etiquetó Hitler cuando asumió todos los poderes del Estado y cuyo uso se propagó inmediata y obligatoriamente.
Después del contradictorio y prefabricado mensaje del presidente nuestro al Congreso o, mejor, dirigido a los oídos de Cristina Fernández, nos quedó la perpleja sensación de la nada.
Él no podía arrasar con la República; correspondería a ella expresar semejante intento en su afán de huir hacia el futuro. Manotear todo el Poder del Estado es la única llave para escapar de las consecuencias de un pasado demoledor y vergonzante.
Son muchas las coincidencias en las circunstancias que empujaron a Hitler a su carrera macabra para recorrer fugazmente el esplendor y después el desastre. Partiendo de una Alemania destrozada en la Primera Guerra, en poco más de veinte años puso en vilo al mundo por el modo voraz de su Poder y el descaro de su ejercicio.
La Argentina llegó al desastre sin necesidad de guerra, sino por el latrocinio e ineptitud que caracterizó a sus gobiernos, tan inservibles como dañinos; en este recorrido Cristina Fernández fue una distinguida y brutal hacedora. Especialmente en la dispersión y confrontación popular.
Partiendo del barro en que se hunde con el país, respira aun pisoteando las frágiles instituciones que podrían asfixiarla. Instituciones republicanas que el pueblo contribuyó en debilitar casi ignorándolas, quedando retazos que, increíblemente, podrían ayudarnos ahora; aunque no sé qué valor tendría una ayuda, si pareciera que nos gusta transitar al borde del suicidio; cayendo una y otra vez en la misma mugre.
El Poder Legislativo sucumbió sosteniendo a flote un equipo inamovible de senadores ignorantes, sin vergüenza y también manejados con la billetera; sólo quedan unos pocos y frágiles diputados, por ahora indispensable freno cuando se requieren mayorías especiales para cuestiones que son excepcionales. La pirámide de semejante estructura se completa hacia su base con los gobernadores adictos y sus complacientes legislaturas; asimismo, ellos dirigen a la prensa local con la pauta. Prensa que sólo se escucha o se lee, en nuestro caso, nada más que por los obituarios.
La reciente declaración indagatoria de la jefa ya procesada ante un tribunal asustado, no fue otra cosa que un discurso de barricada transmitido por cadena nacional. Los magistrados vapuleados y amenazados no intentaron siquiera hacer callar los improperios, guardando la mentada “majestad de la Justicia”, que sólo recuerdan para con los infelices.
De todos modos, la intención de cooptar la Justicia no es un secreto, sino una pretensión desembozada y expresa.
El Führer verdadero escribió en su libro “Mi Lucha”: “La palanca más poderosa de las revoluciones fue en todo tiempo un fanatismo que fustiga el alma de las muchedumbres y la empuja hacia adelante, aunque sea con una violencia histérica, no con el conocimiento de verdades…”. Parecida histeria ¿No?
Son muchos los puntos de contacto entre la carrera hacia el Poder del histriónico alemán y nuestra tumultuosa vice, incluso ambos al principio se escondieron temporalmente a la sombra de algún otro funcionario de mayor nivel jerárquico meramente formal, para después mostrar sus verdaderas intenciones hasta chocar con la pared propia de la exageración y el desmán popular. Ambos descarnaron y vaciaron la estructura legal del Estado sometiendo a la gente que no coincidía con la amenaza constante de mayor violencia física o tributaria. Un buen pupilo vernáculo es Insfran en Formosa, que custodia a los enfermos infectados con Covid con la policía y apalea a los que caminan por la vereda con el barbijo caído; también hambreando y trampeando a minorías indefensas.
En fin, ambos personajes muestran coincidencias notables, en sus aspiraciones por el todo, en la proliferación del odio y en la habilidad de decir algo que quiere ser escuchado, aún cuando no supere la mera ilusión. Se diferencian sólo por la categoría distinta de sus espeluznantes logros y en los métodos e instrumentos que crean y utilizan.
Hitler ideó y se valió de la ruda Gestapo, mientras que Cristina usa el engendro de La Cámpora para fines parecidos. Parecido que se expresa sin tapujos como organizaciones a cargo del Estado, en plata y vacunas, para el beneficio personal y político de la “Führer” local y su familia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Muchas gracias por tus comentarios.