jueves, marzo 18, 2021

EL VIEJO QUE ESTAFÓ AL DIABLO

Aunque se trate de un cuento de nuestro Ricardo Güiraldes, no podemos negar que tuvo el ingenio para suponer que alguien pudiera defraudar nada menos que a Lucifer. Por cierto que se trataría de un argentino.

El relato es ameno y original ¡A quién se le puede ocurrir trampear al mismísimo Diablo! Bueno, a don Ricardo que tuvo la suerte y el ingenio para suponerlo. Por dos razones debemos lamentar su lejana muerte: en primer lugar, por haber perdido a un buen escritor; después, porque si viviera, tal vez con semejante ingenio podría señalarnos el camino para salvar la Republica, también dejar de ser renuentemente idiotas en la elección del futuro al que pudimos aspirar.

Hace casi cien años que seguimos tropezando con la misma piedra que, no sólo se agranda, sino que cada vez nos golpeamos más fuerte. Aplaudimos criminales, brujos, cabareteras, borrachos belicosos, vivillos, estúpidos, torpes, mafiosos, traidores, ladrones y embaucadores. Cada uno con un verso inmediatamente digerible.

La última prestidigitación política que tragamos con vaselina es: Fernández presidente, Fernández vice ¿Quién es quién? ¿Quién revolea la batuta de una murga candombera tan desorientada como candorosa e ingenua? No sabíamos acaso que era un revoltijo burdo y que un conejo recién salido de la galera jamás podría lograr un trato serio con un egresado del Infierno.

El paisano que estafó varias veces al Diablo, se llamaba Miseria y en sus estrafalarios tratos con aquel había conseguido fortunas que dilapidó repetidamente, sin cumplir, por cierto, con la entrega prometida de su alma utilizando raros ardides

Cuando Miseria murió, se fue urgente al Cielo, pero allí San Pedro no lo dejó entrar por haber rechazado el Paraíso reiteradamente en sus tratos con el demonio. Entonces enfiló al Purgatorio; allí tampoco pudo entrar por tratarse de una etapa transitoria anterior al Cielo que ya le estaba vedado. Finalmente resignado fue al Infierno y el Diablo enojado por las trampas que se tragó, también le cerró la puerta en las narices.

Concluye el relato don Segundo Sombra: “…dicen que es por eso que, desde entonces, Miseria y Pobreza son cosas de este mundo y nunca se irán a otra parte, porque en ninguna quieren admitir su existencia”.

¡Pues bien! ¿Vamos a admitir nuestra miseria o aceptar lo perdido por nuestra supuesta viveza? No podemos creer que tenemos aun las mentes brillantes que se llevaron; tampoco el oro que dilapidamos y robaron; el rezago de vacunas que nos retacean y manejan por debajo de la mesa etc. ¿Qué promesa de futuro tenemos? ¿Quién sabe a dónde vamos? Entrampados en el ilusionismo y los trucos de los Fernández, seguimos flotando en la corriente del rio que va a la catarata, preguntándonos inocente e increíblemente ¿Qué pasará? Lo que va a pasar lo sabemos de memoria porque a este rio lo navegamos varias veces, lo atestiguan nueve defaults seguiditos.

El flamante Ministro de Justicia desaforado manifestó que no quiere, por ahora, remover jueces; quiere que los mismos declaren inocente de su latrocinio a Cristina, prioridad esencial de nuestro gobierno. Esperan que hagan lo que no pueden ni les conviene; tendrían que pecar de ilusos si ignoran que apenas absuelvan mal recibirán de premio una patada en la nuca y el vergonzoso vilipendio social. 

Qué otra cosa que el fantasma de la pandemia ocupa la mente de la ciudadanía que, además, sabe que no hay una moneda para comprar una jeringa.

El peso del acostumbramiento nos va orientando a una especie de “realismo mágico” político en el que aceptamos sin chistar que no existen: femicidios, secuestros, motochorros, pedofilia, inflación, desempleo, quiebras, delincuencia infantil como mano de obra de impunidad garantizada, drogas y mentiras; muchas mentiras. Por tanto, todo está bien.

Pareciera que el Diablo estuviera tomando venganza del fraude tan argentino de la estafa que protagonizó el gaucho Miseria.

De todos modos, muchas gracias Don Segundo.

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