domingo, marzo 28, 2021

TENGO MIEDO

La pandemia le cambió la vida al mundo; por lo tanto nosotros, tradicionalmente volubles, descreídos, vivillos y desinteresados, no podíamos ser una excepción. Hace más de un año que voluntaria o involuntariamente fuimos encerrados, aislados y arruinados. Permanentemente embozados con el barbijo perdimos el contacto con la gente, los amigos y la familia, todos a los que ahora saludamos con los nudillos apenas y cada tanto. 

Así es que varios nos aferramos a alguna red social y nos incorporamos al ambiente comunicacional con “amigos” virtuales a los que, por suerte, algo les podemos decir y compartir. Pero perdimos toda la expresión que engloba la presencia; sólo nos queda aferrarnos a la palabra escrita y a lo que fríamente ésta logre transmitir.

Pues bien, esta circunstancia nos impone ser sinceros y escuetos a riesgo de aparentar tremendismo. Tal vez en una charla informal los mismos términos pueden ser más amables y menos sentenciosos.

Nuestro país, como el hijo pródigo, salió afortunado y volvió quebrado en pocos años, aislado y con fama de tramposo, a un ámbito mundial cerrado y desconfiado.

Cuando hablo de miedo al comienzo, refiero al que se palpita al presentir un peligro que se avecina y profundiza. Sin embargo, cuando veo al binomio presidencial y sus actitudes arteras, empiezo a encontrar cierta explicación racional a ese temor. Cuando mandamos a alguien a pedir dinero para vivir y al mismo tiempo le hacemos saber que no pagaremos, superamos la posibilidad que nos presten y el ridículo de la imbecilidad; si no nos fían vacunas y las pocas que llegan se las roban o dejan sólo retazos, empezamos a depender de la suerte de “llegar” y hasta conformarnos con ello.

El país se jacta de ofender a amigos como Uruguay y a socios del Mercosur, al tiempo que se ufana de acercarse a una Venezuela seca y vergonzante, a crueles como Irán que no nos hizo ningún favor bombardeándonos, a Cuba o Bolivia. Pero todo este “progresismo autóctono” es un teatro montado para la impunidad de la jefa y unos cuantos más que estafaron al país. El presidente, mequetrefe sin disimulo, va y viene traicionando a quienes pensaron en su moderación y presumible orgullo. Funcionarios que sobreactúan o se intercambian y una población que la amenaza la enfermedad, la muerte, el nuevo encierro o la miseria. Policía inerte que no sabe quién manda, ni que destino les espera si maltratan a un delincuente.

Las calles son de narcos y motochorros que matan sin mayores consecuencias, violencia que consumimos por televisión y asustados al abrir la puerta. Periodistas que opinan muy ligeramente y terminan adhiriendo al garantismo que también critican. Tampoco saben qué decir. 

Sin plan ni destino, en manos de mentirosos ineptos para gerenciar el momento más complejo, la organización social trastabilla camino a su disolución. A esta altura es cuando comienza el miedo cierto a superar el punto de no retorno. Ya tenemos unos cuantos disfrazados de “mapuches” que mordisquean o incendian parte de nuestro territorio sin provocar alguna reacción oficial adecuada (¿Quiénes cuidaban las fronteras?). Se bloquean empresas que trabajan y piquetes diversos paralizan ciudades.

La anarquía, el desorden, la necesaria defensa propia y la actual existencia de organizaciones barriales que por turnos de vecinos se custodian recíprocamente, nos sugieren que el desorden e inseguridad creciente acercan la violencia ciudadana general. Ya sucedió en España no hace tanto y acá también.

Será necesario ingenio y buena política pronto, antes que a alguno se le vuelva a ocurrir poner orden con asesinatos.

No hay dudas que fuimos aviesamente engañados antes y sorprendidos ahora por la dinámica de la desordenada demagogia en curso. Una banda se adueña de la estructura de la República y no reaccionan ni los propios amigos ante el ataque íntimo, llámense gobernadores, intendentes o, quizá, cómplices.

Debemos idear desde el hartazgo, la inmovilidad y la humillación, algún modo de contención del descalabro que habremos de soportar bastante tiempo. Tal vez sepamos que solamente podemos aspirar a la mediocridad preferible al desastre hacia dónde vamos

lunes, marzo 22, 2021

EL DISCRETO ENCANTO DE SER ARGENTINO (Camino a ningún sitio)

Los vulnerables por la edad tuvimos ocasión de apreciar un inteligente film del director español Buñuel, allá por 1972.  El título original era: “El Discreto Encanto de la Burguesía”; yo lo plagié parcialmente, algo que también hice con el argumento que nos encaja bastante. 

Aterrados por la pandemia, por la vacuna que “puede tocarnos”, por la falta de vacunas, por el vodevil gubernamental de final incierto; es como estar sobre una nave al garete metida en un remolino en medio del océano y que, en cada circunvolución, nos hundimos más y más. Tripulantes azorados que ninguno sabe qué hacer con el barco y con los pasajeros.

La película es una comedia en la que varios personajes aristocráticos ven frustradas sus reiteradas intenciones de cenar; pasean por unos cuantos restaurantes de finura estética e incapacidad de alimentar a nadie. Personajes vanidosos que en su afán de figurar hablan y nunca dicen nada interesante y van a cualquier parte sin sentido, pero siempre con urgencia inexplicable.

En nuestro caso vemos al presidente absolutamente confundido, que habla por cadena nacional para no decir nada que no sepamos. Irresoluto, que no supera el furor de su “socia”, la que pretende destrozar el Poder Judicial buscando su impunidad, no un cambio político. 

Presenciamos el increíble espectáculo de ministros a las trompadas por querer salir en la foto. ¿Echarán a alguno? Si echan alguno tendrá solamente significado en la tirantez subterránea de la formula presidencial. Alguno se llevará pocos porotos; si no la cuestión se considerara empatada, vergonzante y, otra vez, nada más.

Estando el país en vilo por la niña secuestrada, que fue encontrada de casualidad por un camionero y una mujer, involuntariamente dejaron a las fuerzas de seguridad en ridículo luego de un operativo caro, fantástico e inútil. Helicópteros tardíos, fuerzas interjurisdiccionales, perros, funcionarios que sobreactuaban, concejales, intendentes etc., todo para atribuirse el mérito ajeno, llegando a escenas de pugilato callejero en defensa de un honor funcional rastrero.

Al presidente la socia le integra el gabinete con patoteros que no pueden guardar ni las formas inherentes a sus cargos costosos, que en silencio y resignación pagamos todos sin chistar, en medio de una situación realmente amenazante y sin futuro próximo, aunque se supere.

He aquí la paradoja que nos asemeja al film, caminamos urgidos hacia ningún lado. Han conseguido despojarnos de aspiraciones, de dinero e ideales. Hablan y hablamos renuentemente con meros sonidos que no sirven para comunicarnos ni sacándonos el barbijo. Al final, luego del encierro y los desastres educativo y económico, comienzan a ceder los muros de contención social creados por el autoritarismo vocinglero e imprudente, vaya a saber con qué resultado.

La ironía del film de Buñuel nos calza a la perfección; enojados, hastiados y empobrecidos, vamos rápidamente hacia una neblina que no sabemos qué hay dentro. Verdaderamente un camino sin destino; un trampolín a la nada fabricado por personajes de cartón que tradicionalmente nos mintieron reiteradamente y que reiteradamente insistimos en aplaudirlos. Pero esos vítores vacíos serán exclusivamente nuestros, porque afuera ya no nos cree nadie.

Para vendernos vacunas nos piden bienes soberanos en garantía del pago. Ahora, aunque caminemos rápido y sin sentido sacando pecho, no hay consenso político para hipotecar más al país, porque, además de robar lo que se consiga, también hemos roto internamente el vinculo político y social de los ciudadanos.

Es un secreto a voces que al comienzo no nos vendieron vacunas por el sobreprecio para retornos que pedían; ni lástima tuvieron del pueblo los salvadores que fueron urgente, no a buscar remedios, sino a robar. Verdaderos salteadores silenciosos de tumbas con lápidas conocidas.

Las ironías magistrales de Buñuel fueron superadas por el macabro desinterés humanitario de nuestros compatriotas. 

jueves, marzo 18, 2021

EL VIEJO QUE ESTAFÓ AL DIABLO

Aunque se trate de un cuento de nuestro Ricardo Güiraldes, no podemos negar que tuvo el ingenio para suponer que alguien pudiera defraudar nada menos que a Lucifer. Por cierto que se trataría de un argentino.

El relato es ameno y original ¡A quién se le puede ocurrir trampear al mismísimo Diablo! Bueno, a don Ricardo que tuvo la suerte y el ingenio para suponerlo. Por dos razones debemos lamentar su lejana muerte: en primer lugar, por haber perdido a un buen escritor; después, porque si viviera, tal vez con semejante ingenio podría señalarnos el camino para salvar la Republica, también dejar de ser renuentemente idiotas en la elección del futuro al que pudimos aspirar.

Hace casi cien años que seguimos tropezando con la misma piedra que, no sólo se agranda, sino que cada vez nos golpeamos más fuerte. Aplaudimos criminales, brujos, cabareteras, borrachos belicosos, vivillos, estúpidos, torpes, mafiosos, traidores, ladrones y embaucadores. Cada uno con un verso inmediatamente digerible.

La última prestidigitación política que tragamos con vaselina es: Fernández presidente, Fernández vice ¿Quién es quién? ¿Quién revolea la batuta de una murga candombera tan desorientada como candorosa e ingenua? No sabíamos acaso que era un revoltijo burdo y que un conejo recién salido de la galera jamás podría lograr un trato serio con un egresado del Infierno.

El paisano que estafó varias veces al Diablo, se llamaba Miseria y en sus estrafalarios tratos con aquel había conseguido fortunas que dilapidó repetidamente, sin cumplir, por cierto, con la entrega prometida de su alma utilizando raros ardides

Cuando Miseria murió, se fue urgente al Cielo, pero allí San Pedro no lo dejó entrar por haber rechazado el Paraíso reiteradamente en sus tratos con el demonio. Entonces enfiló al Purgatorio; allí tampoco pudo entrar por tratarse de una etapa transitoria anterior al Cielo que ya le estaba vedado. Finalmente resignado fue al Infierno y el Diablo enojado por las trampas que se tragó, también le cerró la puerta en las narices.

Concluye el relato don Segundo Sombra: “…dicen que es por eso que, desde entonces, Miseria y Pobreza son cosas de este mundo y nunca se irán a otra parte, porque en ninguna quieren admitir su existencia”.

¡Pues bien! ¿Vamos a admitir nuestra miseria o aceptar lo perdido por nuestra supuesta viveza? No podemos creer que tenemos aun las mentes brillantes que se llevaron; tampoco el oro que dilapidamos y robaron; el rezago de vacunas que nos retacean y manejan por debajo de la mesa etc. ¿Qué promesa de futuro tenemos? ¿Quién sabe a dónde vamos? Entrampados en el ilusionismo y los trucos de los Fernández, seguimos flotando en la corriente del rio que va a la catarata, preguntándonos inocente e increíblemente ¿Qué pasará? Lo que va a pasar lo sabemos de memoria porque a este rio lo navegamos varias veces, lo atestiguan nueve defaults seguiditos.

El flamante Ministro de Justicia desaforado manifestó que no quiere, por ahora, remover jueces; quiere que los mismos declaren inocente de su latrocinio a Cristina, prioridad esencial de nuestro gobierno. Esperan que hagan lo que no pueden ni les conviene; tendrían que pecar de ilusos si ignoran que apenas absuelvan mal recibirán de premio una patada en la nuca y el vergonzoso vilipendio social. 

Qué otra cosa que el fantasma de la pandemia ocupa la mente de la ciudadanía que, además, sabe que no hay una moneda para comprar una jeringa.

El peso del acostumbramiento nos va orientando a una especie de “realismo mágico” político en el que aceptamos sin chistar que no existen: femicidios, secuestros, motochorros, pedofilia, inflación, desempleo, quiebras, delincuencia infantil como mano de obra de impunidad garantizada, drogas y mentiras; muchas mentiras. Por tanto, todo está bien.

Pareciera que el Diablo estuviera tomando venganza del fraude tan argentino de la estafa que protagonizó el gaucho Miseria.

De todos modos, muchas gracias Don Segundo.

martes, marzo 16, 2021

MAQUIAVELO (1469/1528)

Ahora es la historia de las ideas políticas y no el arte, la que proporciona el pivote de estas reflexiones. Nicolás Maquiavelo, el autor de “El Príncipe”, una pequeña obra de menos de cien páginas que es más citada que leída, no fue el inventor de crueldades y traiciones, sino un agudo observador del desempeño de los gobiernos y de aquellas circunstancias o actos que los aproximaron o alejaron del Poder; conductas que aprovecharon después varios adoradores del mismo. La obra se comenzó a conocer a casi un siglo de la muerte del autor.

 En silencio el pequeño “opúsculo” es un manual que durante cuatrocientos años leyeron y leen aun hoy, los que aspiran a alcanzar o retener el Poder.

La cuestión viene a guisa porque nuestros gobernantes, evidentemente, hojearon el librito, pero no como lo hizo Napoleón, Catalina de Rusia, Hitler y la mayoría de los famosos, sino a la ligera, confundiendo destinatarios y propósitos.

El Príncipe estaba dirigido al que manda en nombre propio y no a un subordinado que simplemente figura al mando; tampoco esas experiencias pueden encajar al que escondido sólo mueve los hilos; por lo tanto, el presidente y su vice no pueden atender aquellas experiencias que el autor plasmó en su obra.

Por ejemplo, una experiencia desoída es que el que manda debe ser bien aconsejado, pero tales consejos debe recibirlos cuando él los quiere, “no cuando lo quieren los otros” y sin dejar jamás que los que aconsejan ejerzan presión sobre él. Es evidente que esta página el presidente la salteó. Si Alberto Fernández conscientemente asumió el rol de mandadero, no recibirá consejos sino órdenes y, en cuanto a la presión que soporta de buen grado, ¿Qué quieren que les diga?

Ahora, con el Vacunatorio VIP, la inflación, la presión impositiva, el impuesto a la “riqueza” y el entuerto grosero con la Justicia, concretamente se salieron totalmente del librito. Desoyó el binomio gobernante sugerencias fundamentales y lógicas que expresó el antiguo recopilador de las técnicas del ejercicio del Poder.

Así recomendaba que las ofensas y crueldades necesarias deben cometerse al principio y de una sola vez, también deben ser cortas, porque así parecen menos amargas; en cambio los beneficios, a la inversa, deben sucederse lentamente para que sean mejor saboreados.

El tema de las vacunas soporta mentiras procaces y dañinas que se extienden demasiado en el tiempo, acarreando consecuencias que no se olvidan ni perdonan.

Por otra parte, Maquiavelo distinguía: “ser temido no significa ser odiado, que es cosa grave”. Señalaba una receta simple para evitar ese odio, que es “abstenerse de atentar ya a los bienes de los súbditos, ya al honor de sus mujeres”.

Las medidas adoptadas por el gobierno, tan inconsultas como dramáticas, han dejado el reguero de patrimonios destrozados y desempleos al por mayor. La muy extensa y desastrosa gestión de la pandemia, la injustificable aproximación a monstruos como Insfran, justificar permanentemente a la vicepresidenta o soportar ingenuamente ser vapuleado y apedreado por la gente, como sucedió en Chubut, haría que el autor de El Príncipe señalara también a estos casos como ejemplos de sucesos muy previsibles como inaceptables.

Finalmente, el exageradamente premiado despido de la Ministro de Justicia, Marcela Losardo, luego del golpe palaciego que ideara su compañera de fórmula, puso al presidente a caminar por el difícil alambre del ridículo. El despido y la conjunta designación de la funcionaria al envidiable destino como embajadora en París, aparenta un despropósito tan risible como incompatible, ya que echar es un reproche fuerte y no un premio. A la vieja amiga, socia y querida persona del presidente, según afirmaron con insistencia sugestiva los medios, aparentemente la “echaron” al paraíso; tal vez para salvar aquello de “no tocar el honor de sus mujeres”.

En otra obra del mismo autor (Historia de Florencia), éste refiere a una máxima tan brutal como cierta: “…a los poderosos, o no hay que tocarlos o cuando se los toca hay que matarlos”. ¿Qué hará Alberto o qué hará Cristina?

Como enseña un maestro de la materia, se pensó que la derrota de Hitler en la II Guerra era, en definitiva, la derrota de Maquiavelo. “Pero derrota de Hitler es, en una parte apreciable, victoria de Stalin”, otro acólito del mismo autor que guardaba permanentemente a su cabecera El Príncipe. Allí seguramente encontró la guía pera instaurar su terrible régimen, aplaudiendo de tal suerte las observaciones del famoso florentino.

sábado, marzo 06, 2021

¡HEIL CRISTINA! FÜHRER UND REICHKANZLER

Si tradujéramos tales expresiones del idioma alemán al nuestro, sería algo así como: “Viva Cristina, líder y canciller”, igual a como se auto etiquetó Hitler cuando asumió todos los poderes del Estado y cuyo uso se propagó inmediata y obligatoriamente.

Después del contradictorio y prefabricado mensaje del presidente nuestro al Congreso o, mejor, dirigido a los oídos de Cristina Fernández, nos quedó la perpleja sensación de la nada. 

Él no podía arrasar con la República; correspondería a ella expresar semejante intento en su afán de huir hacia el futuro. Manotear todo el Poder del Estado es la única llave para escapar de las consecuencias de un pasado demoledor y vergonzante.

Son muchas las coincidencias en las circunstancias que empujaron a Hitler a su carrera macabra para recorrer fugazmente el esplendor y después el desastre. Partiendo de una Alemania destrozada en la Primera Guerra, en poco más de veinte años puso en vilo al mundo por el modo voraz de su Poder y el descaro de su ejercicio.

La Argentina llegó al desastre sin necesidad de guerra, sino por el latrocinio e ineptitud que caracterizó a sus gobiernos, tan inservibles como dañinos; en este recorrido Cristina Fernández fue una distinguida y brutal hacedora. Especialmente en la dispersión y confrontación popular.

Partiendo del barro en que se hunde con el país, respira aun pisoteando las frágiles instituciones que podrían asfixiarla. Instituciones republicanas que el pueblo contribuyó en debilitar casi ignorándolas, quedando retazos que, increíblemente, podrían ayudarnos ahora; aunque no sé qué valor tendría una ayuda, si pareciera que nos gusta transitar al borde del suicidio; cayendo una y otra vez en la misma mugre.

El Poder Legislativo sucumbió sosteniendo a flote un equipo inamovible de senadores ignorantes, sin vergüenza y también manejados con la billetera; sólo quedan unos pocos y frágiles diputados, por ahora indispensable freno cuando se requieren mayorías especiales para cuestiones que son excepcionales. La pirámide de semejante estructura se completa hacia su base con los gobernadores adictos y sus complacientes legislaturas; asimismo, ellos dirigen a la prensa local con la pauta. Prensa que sólo se escucha o se lee, en nuestro caso, nada más que por los obituarios.

La reciente declaración indagatoria de la jefa ya procesada ante un tribunal asustado, no fue otra cosa que un discurso de barricada transmitido por cadena nacional. Los magistrados vapuleados y amenazados no intentaron  siquiera hacer callar los improperios, guardando la mentada “majestad de la Justicia”, que sólo recuerdan para con los infelices.

De todos modos, la intención de cooptar la Justicia no es un secreto, sino una pretensión desembozada y expresa.

El Führer verdadero escribió en su libro “Mi Lucha”: “La palanca más poderosa de las revoluciones fue en todo tiempo un fanatismo que fustiga el alma de las muchedumbres y la empuja hacia adelante, aunque sea con una violencia histérica, no con el conocimiento de verdades…”. Parecida histeria ¿No?

Son muchos los puntos de contacto entre la carrera hacia el Poder del histriónico alemán y nuestra tumultuosa vice, incluso ambos al principio se escondieron temporalmente a la sombra de algún otro funcionario de mayor nivel jerárquico meramente formal, para después mostrar sus verdaderas intenciones hasta chocar con la pared propia de la exageración y el desmán popular. Ambos descarnaron y vaciaron la estructura legal del Estado sometiendo a la gente que no coincidía con la amenaza constante de mayor violencia física o tributaria. Un buen pupilo vernáculo es Insfran en Formosa, que custodia a los enfermos infectados con Covid con la policía y apalea a los que caminan por la vereda con el barbijo caído; también hambreando y trampeando a minorías indefensas.

En fin, ambos personajes muestran coincidencias notables, en sus aspiraciones por el todo, en la proliferación del odio y en la habilidad de decir algo que quiere ser escuchado, aún cuando no supere la mera ilusión. Se diferencian sólo por la categoría distinta de sus espeluznantes logros y en los métodos e instrumentos que crean y utilizan.

Hitler ideó y se valió de la ruda Gestapo, mientras que Cristina usa el engendro de La Cámpora para fines parecidos. Parecido que se expresa sin tapujos como organizaciones a cargo del Estado, en plata y vacunas, para el beneficio personal y político de la “Führer” local y su familia.