Nuestra idiosincrasia, indiferencia e ignorancia, nos coloca en situación de indefensión de la que será muy difícil desprendernos. Y no va a ser fácil porque nos hemos acostumbrado a vivir mal, pensar peor y a desconocer las consecuencias de este lamentable “combo” de desconfianza. Aceptamos burdas mentiras, huimos de todo compromiso y ya se perciben rasgos graves de disolución social que, por ahora, llaman “grieta”. Una de las causales del previsible desastre es que hasta confundimos el significado de las palabras que pronunciamos y de las instituciones que inicialmente se fundaron en argumentos profundos.
Por ejemplo, el oficialismo ahora imprime miles de centenas de millones de pesos sin respaldo, destinados regalar en su campaña electoral de un mes, para que Cristina quede impune, favorecida por una equivocada interpretación del orden legal que ya perdió el rumbo en manos de jueces venales. Todos estos regalos con plata del Estado ¿No es un gasto que debe justificarse en algún momento? ¿Pero no nos damos cuenta ya que es una perjudicial ignominia y fraude chabacano? ¿Y? Hasta ahora sólo se escuchan quejas de café sobre algo destinado al olvido y a la futura falsía procaz, que oportunamente aceptaremos.
El oficialismo es espeluznante y descarado, una gavilla de delincuentes mal intencionados, mientras que el rejunte opositor nos beneficiaría si gana y se comporta honorablemente, como desearíamos. Pero no carga ni muestra la esperanza de orientar al pueblo hacia un futuro promisorio y razonable sin quimeras. Esperemos que, por lo menos, no se dividan ni se entreguen enseguida como el recordado Borocotó. De mínima quisiéramos que fuesen honestos.
Al comienzo utilizo en el epígrafe “Democracia tramposa”, porque hablar de Democracia sin entender qué es, sólo sirve a los que quieren enterrarnos y entregar lo que quede.
Por ejemplo, una antigua clasificación de las formas de gobierno, teniendo en cuenta el número de personas que los integraban, distinguía: 1°-Monarquía, cuando era uno el que gobernaba; 2°- Aristocracia, cuando era un grupo -los mejores- quienes los hacían;3°- Democracia, cuando era el gobierno del pueblo. Estas se denominaron formas puras porque aspiraban al bien común. Pero cuando la finalidad NO eran el bien común, esas mismas formas degeneraban. La monarquía se convertiría en tiranía; la aristocracia en transformaba en oligarquía y la democracia se convertía en demagogia; éstas también eran denominadas formas impuras por su distanciamiento del bien general como objetivo.
Por eso cuando hablo de oligarquía, lo hago despectivamente. Nuestra oligarquía es política, sindical, patronal (Uniones, cámaras etc.), eclesiástica etc. Los grupos definidos que se han encaramado en cada ámbito, aun cuando se muestren enfrentados; simplemente se cuidan entre si protegiéndose de alguna manera que les permita perdurar sin mayores cambios. Será difícil remover toda esa estructura prostituida. No todas las personas son o fueron malas, pero da la casualidad que los que deciden han sido casi siempre los peores y siempre nos han hecho caminar por el borde de la quiebra. El verso del bien común, casi siembre ha sido para la gilada; tal vez por eso la juventud valiosa que los presiente se está yendo. Mejor dicho, se la están llevando selectivamente. ¿Por qué no se llevarán corruptos, motochorros, pedófilos y narcos? Es posible que si así fuera quedaríamos pocos, pero sería de desear que los que quedaran se reconocieran entre sí, como nación, como un grupo humano con destino común y con la necesidad de recrear el tejido social quebrado.
La democracia no es, ni podría ser, el gobierno del pueblo, porque como afirmaba Rousseau, el pueblo no gobierna, lo gobiernan. Aquel concepto de democracia sólo sirve para engañarnos, para que creamos que, finalmente, el culpable del fracaso es el propio pueblo que eligió a quienes creía sus representantes y sólo dio forma a una nueva oligarquía.
La mejor manera de comprender la idea de Democracia es señalando sus opuestos, los que la niegan y contradicen: 1- El totalitarismo, que asfixia la libertad; 2- El absolutismo, que la extingue. Es un régimen político, no una simple forma de gobierno.
De allí que el concepto de democracia esté tan íntimamente ligado a la libertad y la paz social que la posibilita. Por lo menos es lo que yo entiendo y quisiera para Argentina.