jueves, febrero 18, 2021

DÉBILES Y PODEROSOS

El título lo extraje de un film de la década del cincuenta que trataba de un avión de pasajeros que tenía casi nulas posibilidades de llegar a destino a salvo, algo que se enteraron todos los viajeros. En el ultimo y más peligroso tramo, los pasajeros, ya con mucho miedo, desnudan las miserias y mentiras que las apariencias ocultaban. Se despojan desinteresados de las joyas y equipajes para aligerar a la aeronave que podría salvarlos; algunas hasta se quitan el maquillaje para mostrar en los lánguidos y últimos momentos su verdadera identidad.

Actualmente en nuestro país esta dicotomía resulta cada día más acentuada; los débiles aumentan disgregados, anárquicos y silenciados. No tienen más que miedo, desamparo y destino de víctimas, frente a una caterva de mal nacidos que les interesa profundizar ese estado para confirmar su situación de poderosos, cada vez más reducida. La polarización es necesaria al sistema.

Encima del azote de la maldita pandemia, que además del daño real y terrible, confunde a la sociedad, exacerba la violencia y el hastío de los más jóvenes que, naturalmente. no soportan ya el encierro ni el barbijo. Hoy las calles deshabitadas están copadas por delincuentes innecesariamente brutales y peor con los más débiles; viejos, mujeres y jóvenes son las presas preferidas, cuando no resultan asesinados por dos pesos o por incontinencia de la droga. Cada veinte horas se produce un femicidio que solamente da lugar a un pequeño espacio en los noticieros del día siguiente, donde vemos a los deudos que suplican por justicia a órganos del Estado que están dislocados y conscientes de su inutilidad. Ya sea que juegan para el otro bando; sea porque no sirven o porque se lo impide el sistema hiper “garantista”; eufemismo que se utiliza para suprimir el rigor legal. La desfachatez de los poderosos, tácitamente asociados a la indefinida oposición en los propósitos de exclusividad, avanzan descaradamente sólo en la búsqueda de impunidad. Si no logran desbaratar a la Justicia en su estructura orgánica, por lo menos cambian y nombran jueces militantes en jurisdicciones clave; también dictan normas que, además de desbordar la Constitución Nacional, producen efectos sobre el pasado disolviendo los pronunciamientos anteriores y también los del porvenir.

Se han establecido normas procesales que degradan a la mismísima Corte Suprema, arrebatándole la “última palabra”, pasándola a tribunales extra nacionales. Con ello trasladan al infinito la duración de los procesos y de las prisiones domiciliarias, las que se disfrutan los corruptos en mansiones. Claro que la posibilidad no es para pelagatos ni ladrones de gallinas.

Como los pasajeros del gran avión en la etapa final, se han quitado el maquillaje y actúan sin pudor, no tienen ni el necesario decoro que se le debía hace mucho tiempo a la función pública.

La vieja película tiene un final feliz como era de esperar, a pesar del suspenso prefabricado propio de aquellos años.

¿Y nosotros por estos días qué podemos esperar? Nuestro suspenso es real, largo y el final francamente imprevisible, con augurios que no son esperanzadores.

Los que todavía piden justicia, en realidad claman por venganza; cuando todos admitan su evidente desprotección, nada impedirá que se quiten el maquillaje de credulidad que los contenía y, llamando a las cosas por su nombre, se encarguen personalmente de las soluciones que cada cual suponga conveniente para sí. Esto se llama anarquía y evitarla merece el mayor esfuerzo.

La violencia, la venganza y el desquite están a la vuelta de la esquina.

El Estado, creación que debía cumplir la saludable tarea de organizar a la sociedad, también se quitó el maquillaje como hizo el Dr. Jekyll para transformarse en el detestable Mr. Hyde.

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