Dado el cúmulo de acontecimientos recientes provocados por gente de baja estofa (adjetivo que se aplica a persona o grupo despreciable o soez), también de música de similar calaña se me presentó el título del presente; una “cumbia” grosera a cuyo verso del epígrafe le sigue: “Marta, cuando pueda te vacuno”. Por cierto, que el sentido de la letra no es el literal sino otro evidente y chabacano. ¡No podríamos esperar inspirarnos en Mozart, tratándose de las personas responsables de semejante disparate!
Los vacunatorios VIP que involucran al mismo presidente y, de allí para abajo, a muchas otras autoridades, a los amigos del poder, novias, amantes, choferes, “compañeros” etc., es algo que trascendió por confesión amañada de la propia tropa, empezando con Horacio Verbitsky, el periodista estrella del Pte. Fernández.
La inmediata difusión de la actividad tramposa y sucia de las personas que “el pueblo votó”, cundió como reguero de pólvora y menudearon las críticas y análisis de reprobación; por ello no me detengo en lo que fue, es y será noticias tratadas por personas capacitadas de los medios.
Me indignan dos o tres aspectos no muy considerados públicamente: La actitud del presidente al vilipendiar a su patria y a su pueblo en el exterior y la burrada inmoral de manifestar que en su país la avivada de vacunarse en secreto y sin respetar el orden, no es delito.
Ir al extranjero para decir lo que acá no se animaba, afirmando como “CANALLADA” la crítica de lo sucedido en Argentina sin mencionar la complicidad suya y de su socia, es cobardía y doble traición: a la ciudadanía y al gobierno.
Como abogado y “profesor”, Fernández no puede desconocer que el PODER ES UNO, y, desde Montesquieu en el Siglo XVIII, se sabe que la legislativa, judicial y ejecutiva son sólo FUNCIONES del Poder que se distribuyó para moderarlo. Por tanto, denigrar a la justicia y a la fábrica de leyes es marcar la pudrición de la misma manzana que integra.
Ir a llorisquear a afuera y parlotear en desmedro del país que preside, es propio de “comadres” mentirosas y no de un estadista. Es “escupir para arriba” y afrontar algo que no puede ni debe hacer; el presidente está obligado a justificar como sea al pueblo que representa y al gobierno que integra o callarse.
Así también la barbaridad de afirmar que “en su país” adelantarse en la fila no es delito, es una falsedad cínica y ridícula. No es lo mismo adelantarse en la cola del cine que en el turno de las vacunas escasas.
Rapiñar la vacuna que correspondía a otro ser humano, es pisarle la cabeza en el agua. No será matar al otro, pero si negarle la POSIBILIDAD que anhela y que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Nunca se sabrá cuantos murieron y cuantos pueden morir por que les pasó el “cuarto de hora” o por que tendrán que esperar al otro avión. El Covid ya mató a más de cincuenta mil personas; ¿Cuántas habrá que acreditarle a don Ginés y a los acomodados de siempre, La Cámpora incluida? ¿Cuántos falta contabilizar todavía?
La historia de la vacunación VIP era conocida hasta por los granaderos que custodian la puerta de la Casa Rosada, no es posible que haya funcionarios que aleguen no haberlo sabido y el presidente menos. Salvo que sea el último en enterarse, como le sucede al cónyuge desprevenido.
Volviendo a la música tropical no debemos burlarnos de la pobre Marta si es que el Número Uno la vacunó, porque los vacunados acá son unos cuantos y, como dice el refrán: “A mal de muchos, consuelo de tontos”