sábado, febrero 26, 2022

PONER LAS BARBAS EN REMOJO…

El viejo refrán se utiliza para advertir a alguien que puede tener problemas con lo que hace o dice con el fin que los evite. Echo mano al viejo proverbio tan sólo para disminuir el dramatismo de la opinión que me inspira la conducta de los argentinos y, muy particularmente, de las personas a quienes voluntariamente le entregamos el gobierno. Distingos a los argentinos de los integrantes del gobierno, porque ambos deben “poner sus barbas en remojo”. Aquellos por indiferentes, estos por improvisados.  

También digo “gobierno” y no uso la expresión “Poder”, porque realmente ignoro si el Poder se muestra ante nosotros o si alguien lo detenta. Si queremos un ejemplo que nos ayude a entender la diferencia basta mencionar a Alberto y a Putin. El primero detenta sólo un gobierno vacuo y casual, mientras que el segundo ejerce el gobierno y el Poder conjuntamente. ¡Y vaya si los ejerce desde hace veinte años!

No hablo de Cristina porque sólo se trata de una mujer que se hace la rabiosa en busca de impunidad. Su aspiración no es el ejercicio del Poder político, es algo mucho más torcido e inferior.

Si alguno tuviese interés en indagar y comprender qué significa el Poder, le sugeriría una obra de un muy lúcido francés, Bertrand de Jouvenel, titulada “Sobre el Poder”. A este autor se le atribuyen frases simples, muy sugerentes y claras, como: “…con el tiempo una sociedad de corderos acabará generando un gobierno de lobos…”. Jouvenel también reprocha a las democracias que no estén sabiendo controlar adecuadamente el poder.

No deseo aburrir ni valerme del talento ajeno, pero señalo que me llevó a esta diatriba la actitud díscola, artera e infundada de nuestro presidente. En razón de su cargo jamás pudo ignorar el preludio de una guerra que puede ser sumamente peligrosa, eligiendo esa oportunidad para arrastrarse ante Putin, un poderoso que no le hace falta que Alberto le ofrezca abrirle las puertas de Latinoamérica, ya que el mismo no acostumbra pedir permiso ni ayuda para entrar donde quiera.

Llamo “artera” a la gestión porque no anticipó a los argentinos, ni al resto de Latinoamérica, que haría tal ofrecimiento gratuito y comprometedor. También califico de díscola e imprudente la actitud y el viaje, cuando ya los tanques de Putin marchaban a invadir otro país. Pero también, por pedir plata y jurar fidelidad a Biden al unísono. ¿No será ofensiva esa falta de precaución para cualquier destinatario?
¿Cómo podríamos calificar el régimen político que impera entre nosotros? Yo diría que es casi una anarquía todavía mansa, que responde apenas al silbido de un pastor mentiroso, incoherente y sumiso a ciertos mandatos. Particularmente desorientado frente a un futuro difícil por donde se lo aprecie.

Delante nuestro, haya acuerdo con el FMI o sin él, con guerra o sin ella, solamente se avizoran los sacrificios y violencia propios de un país quebrado. Creo que no podemos ignorar esta posibilidad ineludible; no debemos escuchar ningún canto de sirenas que lo niegue, venga de la derecha, del centro o de la izquierda; es una gran mentira aquello de que “estamos condenados al éxito”, como afirmó Duhalde en un momento también dramático. Estamos a un tris de buscar un salvador y dotar a cualquier prestidigitador de un Poder omnímodo, como ya lo hicimos no hace mucho y lo están haciendo otros países cercanos.

Tal vez sea oportuno releer las frases de Jouvenel que cito al comienzo quién, con acierto didáctico, descree de la mansedumbre de los corderos y reprocha la falta de control adecuado del Poder.

Poder es un término difícil de definir y de señalar, otro término que tampoco puede describirse con alguna exactitud es el Miedo. Éste es consustancial a aquel y, aunque parezca mentira, en nuestro caso, el miedo y el desconcierto aparecieron primero. No ha sido una consecuencia, pero allana el camino horadando la libertad.

Corrupción, violencia, inseguridad y anarquía es y será un coctel de mal pronóstico.

lunes, febrero 14, 2022

LA TORPEZA ES MÍA PERO LA CULPA ES TUYA

Seguramente estimados amigos, que el título ya orienta la percepción del contenido de la opinión que hago pública a continuación. Si, efectivamente refiero al dúo que posee y destruye el timón que puede orientar a nuestro país: Alberto y Cristina, esta especie de androginia política compleja y descarnada que sumerge a la Argentina en la incertidumbre, el desconcierto y la ridiculez.

Solamente la ignorancia de las exigencias ineludibles que demanda el complicado lenguaje de las relaciones internacionales, podría explicar las actitudes asumidas por el elenco presidencial. Justo en el peor momento de la realidad socioeconómica y política de nuestro país, y en víspera de un conflicto bélico internacional que tiene al mundo en vilo, nuestro Alberto, dotado de ciertas potestades por nuestra Cristina, se le ocurre ningunear a quién le está pidiendo ayuda y, al mismo tiempo, cepillar los zapatos del peor enemigo de aquel. Para más, ella calla disconforme mientras complica a su hijo para que fracture el trono.

El silencio de Cristina ¿implica apoyo o reproche de lo que hizo y dijo Alberto? Ella sabrá qué interpretación deberá dársele según sean los resultados que soportaremos del pretendido principio de entendimiento con el FMI que, desde ahora pronostico, oscilan entre desastrosos y malos.

El punto sobre el que pongo énfasis no es sobre a cuál de los sectores en pugna se pretende apoyar, sino que no podemos adular simultáneamente a los dos potentes contendores, justo cuando están mostrándose los dientes. Menos todavía cuando la intervención es mendicante; es como subir al cuadrilátero a pedir limosna a los dos púgiles cuando ya brincan para agredirse. No solamente es ostensiblemente odioso, sino que también es molesto, inoportuno y ridículo.

Ahora debemos preguntarnos ¿por qué se actúa así? ¿no estamos, acaso, inmiscuyéndonos innecesariamente en los albores de una posible guerra mundial? ¿para Alberto y los suyos Ucrania no existe? ¿estamos a favor de que sea invadida militarmente?

Creo que hubiese sido conveniente no meterse inconsultamente en semejante conflicto internacional, cuando ni siquiera puede el gobierno controlar internamente su desvencijada tropa.

Ya tenemos en la Patagonia una base militar china y otra proyectada en Tierra del Fuego y, para despejar dudas, nuestra comitiva presidencial exagera sobreactuando loas a Mao, mientras nuestro embajador en aquel gigantesco país, canta ante sus autoridades la marcha tradicional de la famosa Revolución Cultural que aquel inspiró, dejando tras de si muchos “millones de muertos”. Marchita hoy escondida.

En el Siglo XX apostamos a favor de Hitler y de Mussolini, quienes solitos se cargaron a otros cuantos millones de personas y hoy pretendemos pactar con los terroristas iraníes, los mismos que mataron argentinos poniendo bombas de nuestro propio suelo.

Yo no comprendo qué nos impulsa a insistir y festejar nuestras miserias, al momento de pretender que somos ricos y adalides defensores de los derechos humanos. En realidad, no superamos la categoría de ignorantes e involuntarios pasajeros del tren fantasma, dispuestos a asombrarnos inmóviles de los conocidos monigotes baratos de un entretenimiento caro, viejo y perimido.

El lector no debe confundir el título: el torpe y la culpable de los daños que provoca la torpeza, no pueden excusarse de la responsabilidad que le cabe a cada uno.

sábado, febrero 05, 2022

IN MEMORIAN

Ayer se supo que murieron unas veinticuatro personas por consumir drogas envenenadas Vaya a saber cuántas otras estarán tiradas en alguna pieza sin registro, cuantas otras por ahí se supondrán “muertes súbitas”-El número es brutal y la precisión ya no interesa. Hoy dejé de lado la literatura, el cine o la música, artes de las que suelo valerme para moderar opiniones críticas, para así soportar sin vueltas el cachetazo de una realidad que creía conocer, pero que es superlativa y fantasmal.

Los despojos humanos que murieron ya y los que morirán enseguida, merecen un mínimo de respeto.

Nacieron como nosotros, vivieron un ratito como pudieron y murieron como estropajos. ¿Alguno se habrá enterado que los usaron para mostrar qué delincuente manda en ese barrio? Es difícil, ya estaban muertos hace tiempo. A todos les dedico mi compasión y estas palabras como un pálido responso.

Pero dejemos a los muertos que descansen en paz y nos ocupemos brevemente de los que todavía vivimos, en lo que hemos hecho y en lo que no hacemos callando a sabiendas. No nos hagamos los distraídos porque a los “chorros”, conocidos y desconocidos, los pusimos siempre nosotros. Los “narcos” no son sorpresa, como no se ignora que ellos financian la política y pocos desconocen por donde circulan los porros, la cocaína y el amplio menú de estupefacientes.     

Estas generaciones no dudan que desconocen en manos de quién dejan sus hijos; qué les enseñan; qué les dan. ¿Los abusan de alguna forma? Creo que pocos pueden responder con seguridad. Lo que haya de hacerse para mejorar, no me cabe duda alguna que no debe ser fácil ni rápido, pero nada justifica la indolencia ni el silencio.

El gobierno es y fue siempre una granada plagada de traiciones, contradicciones y ridículo. De nada vale decir: “yo sabía”, porque no se hizo lo necesario y los que no supieron ahora se enteraron con lo que sucede.

Caravanas de delincuentes desfilan repudiando a los jueces que los condenaron, mientras estos callan y el PE aplaude. No podemos confundir quién es la víctima; nos roban a nosotros, manipulan nuestros hijos o los balean en las veredas y a pleno día. 

Un presidente sin respaldo y puesto a dedo, sin justificación ni mandato, se ofrece inconsultamente a Rusia y China como portero capaz de abrirles las puertas de Latinoamérica, creerá acaso que así convencerá a EEUU que nos perdone un tiempito mientras no deja de pedirle plata. Justo ahora que están en pie de guerra.

“Biden es peronista”, se jactan los muy caros funcionarios nuestros, ignorando que el poderío que aquel detenta no fue un regalo y saben del valor de las cosas. En este espacio no hay buenos ni malos, cada uno de los poderosos hace lo que le conviene y, por lo general, no admiten improvisados al mando. No nos queda más remedio que administrar bien nuestras posibilidades dentro del pentagrama de los intereses ajenos, fundamentalmente por el estado de postración en que nos mantienen. ¿Cómo se podría justificar un siglo se saqueos en un país que, en la ruina, todavía se envidia?

El narcotráfico es un potente instrumento político que comprende desde la utilización de los chicos, el agravio de los indefensos y la esclavización de los idiotas que produce. Todo redunda en la confusión y dependencia social. Los involucrados han tenido la habilidad de desnaturalizar las instituciones que fueron caras a la población y que se alcanzaron con sacrificio. 

Hoy la preciada división de poderes que fuera emblema de la República, resulta bastardeada por las hordas de que se vale el Ejecutivo para atacar al Judicial en busca de la impunidad que, a su vez, derrumbará el Estado de Derecho. El Federalismo se respeta sólo en cuanto impone jurisdicciones que son cotos de caza de unos cuantos vivillos que medran con las imposibilidades y confusiones que crea su deformación. La Democracia que suponemos lograda sólo sirve para amparar privilegios, olvidando el bien común, la paz social, la solidaridad y el progreso del conjunto.

Creo que muchos de los adictos que hoy lamentamos, eligieron esa ruta por la imposibilidad de identificar un futuro aceptable para sí. También creo que es peor callarse y admitir todo bajo una aparente e inmóvil indiferencia o ignorancia.