viernes, noviembre 12, 2021

ESPERANCITA

Ayer, sin demasiado interés, hice un paneo por la TV del cierre de campaña de los distintos sectores. No encontré nada nuevo positivo, nada distinto a lo ya conocido; pero negativo si vi, y mucho, por las mentiras que obscenamente se desparramaron sin pudor alguno por parte de los interesados, totalmente carentes de propuestas serias. Especialmente en el acto del oficialismo y, particularmente, en ocasión de las palabras presidenciales. Una actuación desopilante, por ejemplo, cuando vociferaba ese amor no correspondido por su “querida Cristina”, recién salida del quirófano. Halagos que no le creería ni su propia madre. 

Un plagio indecoroso de aquel famoso discurso de Eva moribunda, sostenida por Perón que aprovechaba cruelmente sus instancias finales. Ahora la convaleciente Cristina estuvo para dar lástima. Por cierto, que los Kirchner siempre hacen coincidir las elecciones, con muertes, embarazos, partos, quebraduras óseas y otras oportunas dolencias o candorosos acontecimientos.

Las palabras falsas dedicadas a su jefa mientras ésta se entretenía a propósito jugando con una niña, sin prestar ninguna atención a las declaraciones de su servil enamorado, parecieron una triste humorada.

Deseo fervientemente que la oposición gane contundentemente, aunque reconozco que, si así fuera, nuestro futuro tan sólo podría ser un poco menos incierto que el fabuloso enigma actual. Las falsedades y contradicciones que ahora se afirman, lamentablemente tienen trascendencia nacional e internacional.

Apelando a cierta ironía, sostengo que Alberto es tan mal actor, que los roles diversos que pretende asumir ante interlocutores incompatibles (Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, EEUU, FMI, Europa o Cristina y su familia) resultan ingenuidades expresadas sin tacto alguno, como ostensiblemente inciertas. Es absoluta la falta de respeto que pone en evidencia, que le responden con ofensivos ninguneos, acá y afuera. Se muestra tan voluble en cada ocasión que participó que desconcierta y ofende. Es como insultar al almacenero cuando va a pedirle fiado. Para más eso lo hace acompañado de una recua de aplaudidores improvisados, que apenas pueden integrar una troupe ridícula e inerme, carente hasta de la apariencia adecuada.

Ganar o perder en esta circunstancia es un salto al vacío plagado de dudas tremendas que sólo el tiempo despejará. La mejor posibilidad que habría sería que el conglomerado opositor triunfase y sus integrantes se mantuviesen unidos, disciplinados y coherentes. Sin los Borocotó posibles. Esta es mi esperancita que, por ahora, no me atrevo a llamar esperanza con todas las letras.

El desasosiego me impulsó, para no pensar demasiado, a escribir dos o tres cuentos que subí a mi sitio (www.robertoyannello.com.ar), los que comparto con los amigos para aplacar la ansiedad de la espera. Espero lograrlo, suerte.

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