miércoles, noviembre 17, 2021

¿QUIÉN SE HACE CARGO DE LA “PLATITA”?

Al fin pasaron las elecciones y, por suerte, la población se expresó como pudo. Esa opinión cruzó al oficialismo nacional, aunque éste en su rara cosmovisión política, celebre la derrota como un triunfo (Alberto dixit).

El resultado, las sorpresas buenas y malas que se esperan de él, suponen una larga tela para cortar y, de peor pronóstico, si se atienden sugerencias K que debe resolver un futuro por demás complejo.

Con la intención de aliviar el resultado de las PASO el gobierno no trepidó en consumar maniobras ilegales, arrastrando a muchos funcionarios a la complicidad penal que deberían afrontar más pronto que tarde. Por lo menos es de esperar que así sea.

El descarado “plan platita”, destinado a la compra infructuosa de votos, insumió centenares de millones de pesos, consecuencia de la prepotencia oficial, la histeria y el miedo de la jefa y sus secuaces.

Hasta la promoción pública del “plan platita” es en sí un delito. Digamos que el sistema reprocha tanto el origen cuanto el destino de esos fondos, además de la publicidad de esos actos.

Usar recursos públicos cambiando el destino legal previsto, es Malversación de Caudales Públicos. Si bien fue una procacidad insolente hacerlo público y jactarse de ello, no deja de ser también un agravante del delito y de la inmoralidad pública. Proponer ese plan, como se jactó Gollán (Incitación a Cometer Delito), hasta la consumación, implica una ristra de responsables genuflexos y caraduras que saben haberse prestado a semejante atrocidad para desfigurar a propósito la real voluntad popular. Autoridades del Banco Central, ministerios, intendentes deberían a acompañar a Alberto en las consecuencias de la desquiciada aventura. 

Pero la cuestión no termina en el reproche penal y el repudio social; el dinero debiera ser reintegrado a las arcas oficiales de donde se extrajo tan vergonzosamente; no debería ser disimulada la exacción con inflación y emisión espuria. 

Mucho se ha robado y algo se ha descubierto en esta época, pero avisar que se continúa en lo mismo y llevarlo a cabo es demasiado, por lo menos para mí.

¿Quién se hace cargo del efectivo, los calefones, camas, bicicletas y electrodomésticos que de regalaron en la Prov. de Buenos Aires y, en menor medida, en el resto del país?, sin contar, por cierto, con los insaciables intermediarios y los muchos “delíberi”. Digamos que, lamentablemente, muchos vendieron su voto acuciado por su ignorancia o sus necesidades impostergables; pero también señalaremos que se agrandó la banda con los repartidores que también se beneficiaron personalmente con algún vuelto.

Esperemos que el conglomerado triunfante sepa asumir las obligaciones que el pueblo le encomendó, confiando en su armonía interna que, seguramente, se debe despojar de pretensiones individuales, por ahora inservibles.

viernes, noviembre 12, 2021

ESPERANCITA

Ayer, sin demasiado interés, hice un paneo por la TV del cierre de campaña de los distintos sectores. No encontré nada nuevo positivo, nada distinto a lo ya conocido; pero negativo si vi, y mucho, por las mentiras que obscenamente se desparramaron sin pudor alguno por parte de los interesados, totalmente carentes de propuestas serias. Especialmente en el acto del oficialismo y, particularmente, en ocasión de las palabras presidenciales. Una actuación desopilante, por ejemplo, cuando vociferaba ese amor no correspondido por su “querida Cristina”, recién salida del quirófano. Halagos que no le creería ni su propia madre. 

Un plagio indecoroso de aquel famoso discurso de Eva moribunda, sostenida por Perón que aprovechaba cruelmente sus instancias finales. Ahora la convaleciente Cristina estuvo para dar lástima. Por cierto, que los Kirchner siempre hacen coincidir las elecciones, con muertes, embarazos, partos, quebraduras óseas y otras oportunas dolencias o candorosos acontecimientos.

Las palabras falsas dedicadas a su jefa mientras ésta se entretenía a propósito jugando con una niña, sin prestar ninguna atención a las declaraciones de su servil enamorado, parecieron una triste humorada.

Deseo fervientemente que la oposición gane contundentemente, aunque reconozco que, si así fuera, nuestro futuro tan sólo podría ser un poco menos incierto que el fabuloso enigma actual. Las falsedades y contradicciones que ahora se afirman, lamentablemente tienen trascendencia nacional e internacional.

Apelando a cierta ironía, sostengo que Alberto es tan mal actor, que los roles diversos que pretende asumir ante interlocutores incompatibles (Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, EEUU, FMI, Europa o Cristina y su familia) resultan ingenuidades expresadas sin tacto alguno, como ostensiblemente inciertas. Es absoluta la falta de respeto que pone en evidencia, que le responden con ofensivos ninguneos, acá y afuera. Se muestra tan voluble en cada ocasión que participó que desconcierta y ofende. Es como insultar al almacenero cuando va a pedirle fiado. Para más eso lo hace acompañado de una recua de aplaudidores improvisados, que apenas pueden integrar una troupe ridícula e inerme, carente hasta de la apariencia adecuada.

Ganar o perder en esta circunstancia es un salto al vacío plagado de dudas tremendas que sólo el tiempo despejará. La mejor posibilidad que habría sería que el conglomerado opositor triunfase y sus integrantes se mantuviesen unidos, disciplinados y coherentes. Sin los Borocotó posibles. Esta es mi esperancita que, por ahora, no me atrevo a llamar esperanza con todas las letras.

El desasosiego me impulsó, para no pensar demasiado, a escribir dos o tres cuentos que subí a mi sitio (www.robertoyannello.com.ar), los que comparto con los amigos para aplacar la ansiedad de la espera. Espero lograrlo, suerte.

jueves, noviembre 04, 2021

ADIOS A LAS ARMAS

La exitosa novela de Hemingway refiere a una pareja de jóvenes que viven en la aterradora realidad de la Primera Guerra; él, un soldado herido, ella una enfermera que, amándose profundamente, deciden desertar de Italia, sumergida en la contienda, a Suiza, exiliándose en este país neutral para escapar del infierno que no comprendían. Poco después de lograrlo, ella y el hijo común mueren en el parto. Terminada la guerra, el sobreviviente conocerá también las desventuras del desarraigo ya que, como desertor, no puede volver al país del que huyó para salvar su futuro.

Hoy la escuálida síntesis de una célebre novela viene a propósito de dos concretas coincidencias con lo que nos toca vivir acá; un país que antes fue envidiado y que, finalmente, terminó empujado a la miseria, al crimen y a la discordia popular, inspirando nada mas que vergüenza los desaciertos y papelones oficiales. Una realidad brutal que alienta a más de cien jóvenes a huir cada día. Salida incluso aconsejada por los propios dolientes de las ausencias, frente a la lamentable falta de un futuro discreto.

Estamos devolviendo y “pagando” los inmigrantes del Siglo XX, hambrientos y honestos trabajadores que hicieron grande al país, con emigrantes talentosos y jóvenes que la Argentina produce, que necesita ahora y necesitará mañana.  De esta suerte sube el porcentaje de corruptos, delincuentes y asesinos que se quedan y no los reciben en ningún lado; ni siquiera en los países vecinos que hacen su importante aporte mandando esa mugre que acá defienden los émulos de Zaffaroni. 

Se prostituye la Justicia con el descarado ingreso de militantes o de cobardes que nunca deciden, sin contar la horda de ñoquis, inútiles y excesivos, que soportamos en una burocracia inmensa e inservible, sin que nadie se haga cargo ni insinúe advertirla. Además están los muchos que trabajan para los narcos o integran sus redes, en lugar de proteger a la ciudadanía y la paz social, simplemente, se las ignoran.
El futuro en mano de impresentables absolutamente improvisados, títeres manejados por personajes e intereses espurios, que para peor tienen aún tiempo de sobra para socavar las salidas posibles, aunque difíciles. Muy difíciles.

Los personajes de la famosa novela no podían volver por la guerra y, luego, por haber desertado. Los chicos que se van están condenados a sufrir el desarraigo porque el desastre del que huyeron seguramente permanecerá para entonces. Hacer atractivo el regreso sería una labor ciclópea que, quiérase o no, debemos intentar con toda fuerza.

Somos ignorados por el mundo y dejamos en manos inexpertas funciones esenciales como la Cancillería (p.ej), actividad en la que el protocolo, la previsión y la compostura conforman gran parte del lenguaje de la representación de cualquier país que se precie. Pero la faz distintiva la constituye también el ridículo del que no se vuelve; el manoseo, el idioma y los gestos ordinarios ayudan a que los importantes nos eludan, como Merkel en el G20 y la sorpresa de Biden.

La realidad espeluznante de Hemingway, que desterró para siempre a sus personajes, es equivalente a la desconcertante e interminable parodia social que supimos fabricar para el bochorno y miseria de muchas generaciones.

Esperemos que el “Adiós a las armas” continúe siendo una despedida de las mismas y no se convierta en una bienvenida. Ya conocemos lo que fue saltar de la sartén al fuego.