sábado, octubre 23, 2021

ARGENTINA INVERTEBRADA

En 1921, un célebre pensador español, José Ortega y Gasset, escribió una obra pequeña que tituló: “España invertebrada”, opúsculo que acá me guía para intentar una opinión similar, pero adecuada a nuestro suelo. En el prólogo a la segunda edición advertía que se trataba de un escrito dirigido tan sólo “al oído de unos cuantos, intimidad entre autor y un breve circulo de lectores afines”, que le permitía dar una opinión sincera sobre la realidad de su país, sin proponerse en dicho trabajo la más importante estructura de un libro.

El autor, profundo observador de nuestro país de aquel entonces, fue quién, frente al potencial que le reconocía, se permitió sugerir: “¡argentinos, a las cosas!” Digamos, traduciéndolo, muchachos ocúpense de lo mucho que tienen, no lo pierdan por indolentes.
El pensador reconocía su pesimismo sobre el futuro que auguraba a su querida España y no le escapó; sobrevinieron tumultos, guerra civil y dictadura.

Debo confesar que también me invade el pesimismo sobre lo que podría sobrevenir a nuestro ya caótico presente y así lo manifiesto en mi afán de mostrar las muy difíciles tareas que, necesariamente, deberíamos afrontar para emerger antes de la asfixia.

Si los servicios esenciales del Estado son: educación, salud, defensa y justicia, no será difícil comprender las dificultades que aquel enfrenta para salir de semejante pantano actual en razón de:

  1.  Las campañas y sostenimiento de los políticos nuestros, en general son muy caras y bancadas en su gran mayoría por delincuentes, que así aseguran voluntades y blanquean dinero. Desarmar ese engendro es por demás tan complejo como imprescindible; a lo que debe sumarse la falta de capacitación de la mayoría de los diversos candidatos para encarar tremenda obra, más aún a sabiendas que también ellos se perjudicarían.
  2. Educación, una indispensable tarea a largo plazo que no admite más improvisaciones en los planes de estudio, que intente la formación de docentes adecuada a la hora actual y con retribución honorable que, también, impida el activismo del sector. En teoría, ningún servicio esencial del Estado admite las huelgas. Un espacio docente en el que los Baradel no tuvieran cabida.
  3. El cuidado de la salud está sometido a una compleja estructura de negocios que involucra a funcionarios, laboratorios y varias actividades anejas oscuras, subrepticias y dolosas. La prestación del servicio extorsiona a la población con precios y faltantes, dada su imprescindible y urgente necesidad.
  4. Defensa, tanto exterior del país como interior de los ciudadanos. Actualmente el rubro es un bochorno que sólo sirve para la jactancia perniciosa e inexplicable de quienes gobiernan. En el aspecto interno las personas han sido abandonadas a su suerte y a la indefensión. En el aspecto exterior los responsables se muestran asociados a los enemigos, como el caso Irán, o ignoran la valía e importancia de la integridad territorial, como sucede en la llamada cuestión mapuche. Frente a la invasión violenta de las fronteras, la agresión brutal de argentinos y el desconocimiento de la soberanía, es increíble que nuestro gobierno entienda que no es más que un problema municipal. Más aún, que mande al embajador en Chile, Bielsa, a procurar favores en la Justicia chilena para el terrorista pseudo mapuche Jones Huala. Debe haber olvidado que ese sujeto no se considera argentino, discute la soberanía y cometió acá varios delitos. Es motorizar el servicio diplomático para asistir a un extranjero que repudia esa ayuda increíble no solicitada.
  5. La Justicia, por su parte, está enredada en el abolicionismo penal, en la cuidadosa y oportuna morosidad con destinatario fijo, mostrándose con descaro al servició de ciertos intereses políticos. Sin embargo, termina exhibiéndose como la última, frágil y pobre garantía para los ciudadanos.

Ortega y Gasset usó el adjetivo “invertebrada” para reflejar el estado de pobreza, desorientación y peligro que enfrentaba su querida España; acertando el pronóstico y las consecuencias.

Nosotros con propósito parecido, usamos para nuestra Argentina el mismo término que expresa la ausencia de una columna vertebral, lo que transmite la clara noción de algo amorfo, confuso, de destino incierto, tan inaceptable como peligroso.

Aún cuando el oficialismo pierda las elecciones de medio término próximas, como supongo y espero, les quedan dos años para seguir rompiendo y apuntar al caos. Esto lo saben hacer.

Como creía don José, su pequeña (gran) obra la suponía destinada sólo a un grupo reducido de amigos o lectores afines. Lo sorprendió la gran difusión que alcanzó.

Como sé que mi suerte será distinta, me permito compartir el pesimismo que adelantara al comienzo, previniendo a los amigos que, lamentablemente, supongo la cercanía de la violencia y el desorden que alejan la paz social propia del Estado de Derecho.

viernes, octubre 15, 2021

ANARQUÍA

La “anarquía” implica la ausencia total de estructura gubernamental en un Estado y “anarquismo” es una doctrina política que significa: sin autoridad ni poder. Señalo la diferencia para evitar confusiones, porque a la anarquía se llega queriéndolo o no.

La anarquía viene porque se la buscó, como pretende el anarquismo, o como una consecuencia impensada de conductas que destruyen al Estado. En nuestro caso, la Argentina actual, es la que nos interesa y se puede afirmar que la proximidad al abismo de la anarquía lo produce todo el conjunto repudiable de corrupción, improvisación, indiferencia, ignorancia, desfachatez e imprudencia suprema que exhibe el oficialismo.

Llegar por estas causas a la destrucción del Estado, a romper el escaso rezago de orden público, las migajas de paz social e imponer el cotidiano riesgo de vida, son las consecuencias que hoy ya sufrimos y que, lamentablemente, muestran el previsible agravamiento.

Los asesinatos y la rapiña voraz están ingresando a una etapa que, por la reiteración, comienzan a considerarse como aconteceres naturales de nuestra existencia y fragilidad habitual. Quiérase o no, el grueso de la población no está preparada para enfrentar la nueva realidad que crece y los irresponsables del maltrecho gobierno no solamente miran para otro lado, sino que no nos defienden, ni permiten que nos defendamos como podamos; incluso sabiendo de la inferioridad de condiciones que debemos soportar frente a la decisión y desparpajo de los delincuentes agresores.

Pero no pensemos que esto es así y nada más; estamos recién en el comienzo de la pendiente que nos llevaría a un futuro próximo brutal. Si todavía los responsables ignoran a donde conduce esta ruta, también desconocen que no hay frenos para atenuar las consecuencias. Si quisieran saber cómo concluye este dislate, solamente les bastaría mirar a España (1936/9) y su millón de muertos en la guerra civil y a los cuarenta años de dictadura fuerte que le siguió.

Piense el lector si está dispuesto para ello y si supone que podría soportar junto a sus seres queridos, un plazo semejante de tiempo, de dolor y frustración.

Hoy se nos dice que ingresamos al mundo de las comunicaciones, pero eso es una verdad que induce equívocos, porque hay tantas posibilidades las veinticuatro horas del día que no alcanzamos a elaborar lo que recibimos, ni a distinguir lo importante dentro del cúmulo de chabacanería que lo envuelve.

Estamos a un paso de las elecciones de conjuntos de rejuntados, sin plan ni promesa concreta de lo que verosímilmente piensan hacer. Escuchamos críticas espeluznantes y verídicas del pasado de cada uno.

Todos caminan avanzando de espaldas al futuro; gran logro de un oficialismo descarado y cínico.

Los asesinatos, la droga y el despilfarro obsceno de los muy escasos recursos públicos, son moneda corriente que ni siquiera, por vergüenza e ilegalidad, pretende ocultarse. Los funcionarios son todos misteriosos nuevos ricos que pisotean la miseria de muchos y el desempeño honesto de otros tantos que si trabajan. Ninguno puede justificar de dónde salió el fabuloso patrimonio que no pueden ocultar. Ni pensar en el negro que si lograron esconder.

En fin, hace más de cuatrocientos años (Thomas Hobbes) que ya se anunció que el desquicio público, la anarquía, produce el miedo a la violencia que clama por defensa, temor que ruega protección y esa protección se paga resignando libertades. Ese es su precio.

Al que dude de este aserto, le bastaría mirar a su alrededor con suficiente atención y contarnos qué es lo que ve y escucha, sobre todo en los últimos años.

viernes, octubre 08, 2021

“YO ACUSO”

Circunstancialmente releía la carta abierta de autoría de Èmile Zola (1898), titulada “Yo Acuso”, instrumento del que se valió para denunciar públicamente, con nombre y apellido, a las encumbradas autoridades civiles y militares que a sabiendas habían condenado deshonrosamente y a consciencia a un inocente, el capitán Alfred Dreyfus. Éste soportó diez años espeluznantes en la prisión de la Isla del Diablo. La denuncia de Zola tuvo incluso serias consecuencias para él debiendo asilarse, presumiéndose también, que fue por ello asesinado. Pocos años después de la muerte se conoció la verdad en modo irrefutable de la inocencia de Dreyfus. El famoso caso había trascendido la orbita judicial, convirtiéndose en instrumento de confrontación política, con graves fisuras en la sociedad que no las pudo superar ni cuando el caso Dreyfus pasó al olvido.

La cuestión de algún modo se asemeja a nuestra suerte a lo que luego referiré con más precisión. Sucede que el martes pasado escuche por Radio Mitre, a las doce aproximadamente, la terrible situación vivida por una familia neuquina en su provincia. El joven matrimonio y sus pequeños hijos fueron a comer un asado a orilla de uno de los hermosos lagos de Neuquén. De pronto se aparecieron supuestos (o no) mapuches armados y en camionetas de doble tracción. Previo a echarlos les dieron una paliza atroz, que incluyó cuchilladas y machetazos, reivindicando “sus tierras ancestrales”. La familia, con el hombre seriamente herido, pudo huir hasta llegar a un puesto de Gendarmería en busca de auxilio. Los dos gendarmes que había, arguyendo que estaban solos, entendieron que nada podían hacer. Mientras tanto los agresores pasaban delante de ellos a los gritos y haciendo ostentación de su armamento, también en la “voluntad de defender a toda costa las tierras que pretenden no son argentinas”. Gendarmes callados y asustados no hicieron nada, ni siquiera pedir ayuda.

Éste no es más que otra de las cotidianas muestras y actos de posesión que, quiérase o no, pueden justificar derechos posteriores. Poco y nada más he escuchado de semejante tropelía.

Y, ya que estamos hablando de derechos mal habidos, acabo de leer en la Nación que la vicepresidente habría sido sobreseída en el caso del Pacto con Irán. En síntesis, acá puede venir cualquiera, poner bombas, matar a ochenta y cinco argentinos y esfumarse entre aplausos, medallas y besos.

Ni los árabes, ni los mapuches pueden confundir válidamente para nosotros, un pretendido derecho de propiedad con lo que es nuestro territorio soberano. No es lo mismo propiedad que soberanía,;"caranchear el territorio es INADMISIBLE. La anarquía y el terrorismo merece el más profundo repudio para muchos de nosotros; no para todos y menos para los cobardes y los cipayos. 

Acá retornamos al célebre Zola, su valor y sacrificio, capaz de señalar, con nombre y apellido, a los jerarquizados farsantes, inútiles, traidores y terroristas.

Si aquí estuviera no dudaría en decir: YO ACUSO a Alberto por mequetrefe, títere y cómplice consciente de una engañifa popular; a Cristina por su afán de evadir hasta una justicia “dudosa” y sus bienes; a Manzur que le pide ayuda a Dios porque no sabe qué hacer y cuidar su misteriosa fortuna; Aníbal, gran zorro en el gallinero. Todo un séquito numeroso de mentirosos, ladrones de vacunas, asesinos, todos descarados mercaderes del horror y la miseria junto a su camarilla de adláteres.

La nómina de Zolá sería muy extensa, pero seguro que en algún lado de ella incluiría a los propios argentinos que sostienen a los infames.