En 1921, un célebre pensador español, José Ortega y Gasset, escribió una obra pequeña que tituló: “España invertebrada”, opúsculo que acá me guía para intentar una opinión similar, pero adecuada a nuestro suelo. En el prólogo a la segunda edición advertía que se trataba de un escrito dirigido tan sólo “al oído de unos cuantos, intimidad entre autor y un breve circulo de lectores afines”, que le permitía dar una opinión sincera sobre la realidad de su país, sin proponerse en dicho trabajo la más importante estructura de un libro.
El autor, profundo observador de nuestro país de aquel entonces, fue quién, frente al potencial que le reconocía, se permitió sugerir: “¡argentinos, a las cosas!” Digamos, traduciéndolo, muchachos ocúpense de lo mucho que tienen, no lo pierdan por indolentes.
El pensador reconocía su pesimismo sobre el futuro que auguraba a su querida España y no le escapó; sobrevinieron tumultos, guerra civil y dictadura.
Debo confesar que también me invade el pesimismo sobre lo que podría sobrevenir a nuestro ya caótico presente y así lo manifiesto en mi afán de mostrar las muy difíciles tareas que, necesariamente, deberíamos afrontar para emerger antes de la asfixia.
Si los servicios esenciales del Estado son: educación, salud, defensa y justicia, no será difícil comprender las dificultades que aquel enfrenta para salir de semejante pantano actual en razón de:
- Las campañas y sostenimiento de los políticos nuestros, en general son muy caras y bancadas en su gran mayoría por delincuentes, que así aseguran voluntades y blanquean dinero. Desarmar ese engendro es por demás tan complejo como imprescindible; a lo que debe sumarse la falta de capacitación de la mayoría de los diversos candidatos para encarar tremenda obra, más aún a sabiendas que también ellos se perjudicarían.
- Educación, una indispensable tarea a largo plazo que no admite más improvisaciones en los planes de estudio, que intente la formación de docentes adecuada a la hora actual y con retribución honorable que, también, impida el activismo del sector. En teoría, ningún servicio esencial del Estado admite las huelgas. Un espacio docente en el que los Baradel no tuvieran cabida.
- El cuidado de la salud está sometido a una compleja estructura de negocios que involucra a funcionarios, laboratorios y varias actividades anejas oscuras, subrepticias y dolosas. La prestación del servicio extorsiona a la población con precios y faltantes, dada su imprescindible y urgente necesidad.
- Defensa, tanto exterior del país como interior de los ciudadanos. Actualmente el rubro es un bochorno que sólo sirve para la jactancia perniciosa e inexplicable de quienes gobiernan. En el aspecto interno las personas han sido abandonadas a su suerte y a la indefensión. En el aspecto exterior los responsables se muestran asociados a los enemigos, como el caso Irán, o ignoran la valía e importancia de la integridad territorial, como sucede en la llamada cuestión mapuche. Frente a la invasión violenta de las fronteras, la agresión brutal de argentinos y el desconocimiento de la soberanía, es increíble que nuestro gobierno entienda que no es más que un problema municipal. Más aún, que mande al embajador en Chile, Bielsa, a procurar favores en la Justicia chilena para el terrorista pseudo mapuche Jones Huala. Debe haber olvidado que ese sujeto no se considera argentino, discute la soberanía y cometió acá varios delitos. Es motorizar el servicio diplomático para asistir a un extranjero que repudia esa ayuda increíble no solicitada.
- La Justicia, por su parte, está enredada en el abolicionismo penal, en la cuidadosa y oportuna morosidad con destinatario fijo, mostrándose con descaro al servició de ciertos intereses políticos. Sin embargo, termina exhibiéndose como la última, frágil y pobre garantía para los ciudadanos.
Ortega y Gasset usó el adjetivo “invertebrada” para reflejar el estado de pobreza, desorientación y peligro que enfrentaba su querida España; acertando el pronóstico y las consecuencias.
Nosotros con propósito parecido, usamos para nuestra Argentina el mismo término que expresa la ausencia de una columna vertebral, lo que transmite la clara noción de algo amorfo, confuso, de destino incierto, tan inaceptable como peligroso.
Aún cuando el oficialismo pierda las elecciones de medio término próximas, como supongo y espero, les quedan dos años para seguir rompiendo y apuntar al caos. Esto lo saben hacer.
Como creía don José, su pequeña (gran) obra la suponía destinada sólo a un grupo reducido de amigos o lectores afines. Lo sorprendió la gran difusión que alcanzó.
Como sé que mi suerte será distinta, me permito compartir el pesimismo que adelantara al comienzo, previniendo a los amigos que, lamentablemente, supongo la cercanía de la violencia y el desorden que alejan la paz social propia del Estado de Derecho.