sábado, agosto 07, 2021

SAN CAYETANO, LA FÁBULA Y LOS MITOS

Mientras observaba el paso de ruidosas y tupidas marchas de organizaciones sociales bien identificadas cada una con carteles, pecheras y bebés, clamando por el trabajo que cobijaría el santo encargado de tramitar el milagro de hacerlo aparecer: San Cayetano De Thiene, pensé que semejante pretensión, en el fondo, supone que el santo es un delívery laboral a sabiendas que la petición hecha es confusa, poco sincera e imposible de satisfacer.

Creo que “es confusa”, porque en la pretensión que exhiben, unos están esperanzados en trabajar, mientras otros cuantos únicamente piensan en que se mejoren las dádivas llamadas “planes”, que los mantendrán en la misma situación en la que están, para así servir al delito o para alimentar a la miseria permanente.

“Poco sinceras”, porque a muchos no los mueve la fe ya que sólo pretenden satisfacer a algún político y sus punteros, los que reparten migajas bajo amenaza de negarlas, mientras ellos gozan de patrimonios injustificables. La mayoría no sabe porque está ahí; tampoco sabe quién paga los traslados y ornamentos, ni qué implica el cartel o las pecheras que les ponen, finalmente, varios no dudan que son nada más que números amontonados para que otro cobre dinero mal habido.

“Imposibles de satisfacer”, porque las muchas pretensiones honestas de trabajar debieran ser informadas que no hay, ni va a haber, trabajo para todos. La mayoría de las necesidades ya han sido satisfechas por maquinas eficaces, esas que ni siquiera entienden o conocen. También porque a cada momento se pierden empresas y patrones que puedan pagar sueldos o impuestos para cubrir las dádivas genuinas.

Confieso que al lado del santo que patrocina la ofrenda al trabajo, pensé en denominar al presente como “fábula”, porque entiendo que este entuerto cruel es direccionado también por “animales” que promueven ofertas ficticias. Más aun, todavía no alcanzo a descubrir oferta alguna por la cual luchar y sólo distingo en la población las mismas reyertas que podrían ocasionar las camisetas futboleras.

También utilicé el sustantivo “mito” para completar el epígrafe porque su significado literal colabora con eficacia: “Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”. 

Todos los líderes que arrastran multitudes y justifican los más diversos intereses, no existen, están muertos y enterrados: Irigoyen, Perón, Evita, Illia, Alfonsín etc. Todos pertenecieron a otras épocas que nada tienen que ver con la que nos toca vivir a nosotros. Además, todos fueron personas de carne y hueso con virtudes y defectos, nada tuvieron o tienen de “divino o heroico”. Las personas que ahora se esconden o se manifiestan a la sombra de los que ya no están son meras “hinchadas irreflexivas”, que se valen apenas de cánticos robados al pasado y de algún ejemplo prefabricado y oportunamente adaptado a las circunstancias.

A cambio de la disolución social o de la violencia que nos acecha “haciéndonos sentir el aliento en la nuca”, estamos obligados a ser nosotros quienes aporten propuestas sustentables y acordes a la realidad que, seguramente, no serán gratas sino apenas útiles y de cara al difícil y complejo futuro próximo.

Todos sabemos que la salida para los que nos siguen viene sólo de la mano de la educación, pero no dudamos que para ello necesitamos por lo menos treinta años que no tenemos de continuar esta inexplicable parsimonia.

Pensar en volver a los años 80, a los 70 o a los 50 como si estuvieran los líderes de entonces es una irrealidad banal, pues como sintetizó en su parábola Heráclito hacen ya miles de años: “No nos bañamos dos veces en el mismo rio, porque ni el agua ni nosotros somos los mismos”.

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