El inefable Kicillof, así comenzaba su reciente discurso olvidando a los JOVENOS al excluirlos de su diatriba. ¿Será una clara evidencia del tiempo perdido en la educación?
Frente al sustantivo “jóvenes”, indudablemente “inclusivo” que involucra a chicos y chicas, se le ocurrió la genialidad de ignorar a los primeros para sumergirse en la idiotez cultural de inventar palabras para evidenciar una supuesta ideología que incluye la moda de la identidad sexual.
Si el irritable gobernador Kicillof saliera de su silencio ominoso y se animara a comentar el repudiable suceso que dan cuenta las fotos del cumpleaños de la Srta. Yañez, no sabría qué decir de la fiesta y de las variadas excusas ensayadas por su amigo Alberto Fernández.
Kicillof ¿Referiría a Alberto como PRESIDENTO, frente a Cristina presidenta? Es probable que, de este modo, introduciéndose en el ridículo evitara el bochorno político de ignorar o de explicar lo que el presidente no pudo.
Ahora desde el Poder se procura desviar la atención popular, cargándose las tintas sobre quién habría filtrado las fotos y así disimular la ignominia de los que estaban posando en ellas. El culpable parece que será, como siempre, el cartero o, ahora, el fotógrafo, por el escándalo que generó la muestra fotográfica que habría compartido.
Todo indica que el apuntado es el “peluquero”, personaje altamente peligroso como transmisor de contagios y cuya presencia no es ejemplar. Recordemos que se había ordenado el cierre drástico de todas las peluquerías del país. El estilista y “colorista” (?) no solamente no debió asistir, menos exponerse tan sonriente. Creo que sus colegas lo agasajarán oportunamente.
Si así fuera, el pobre “cholulo botón” deberá exiliarse y luego resolverán quién le pinta la frívola cabecita a Fabiola.
Pero, ella ni el presidente podían ignorar lo que había ordenado prohibir, esto nos permite recordar al tango yira-yira: “verás que todo es mentira, veras que nada es amor”. Triste papel del novio mandando al frente a la mujer amada para exculpar sus falencias. La mentira, el amor y la agachada ahora van por la misma huella.
Digamos que Alberto por lo menos aprendió a no ser “machirulo” y salir al frente, como detesta Cristina, sino todo lo contrario.
Después de cargarse inescrupulosamente a varios de los 108.000 muertos por estupideces ideológicas y no tanto como: los vacunatorios Vip., esconder vacunas, adelantarse en la cola, negociaciones misteriosamente frustradas en medio de la peste y toda la secuela de consecuencias, deberían avergonzarse todos los responsables de no evitar el dolor y la muerte innecesaria al pueblo y a los deudos. Recordemos que un científico calculó en más de oncemil a las víctimas de las truchadas, según publicó Clarín.
Ahora bien, me pregunto sobre la triple encrucijada de SS Francisco, simpatizante de la fórmula presidencial, para eludir en silencio la evaluación de las conductas anticipadas recién.
En primer lugar, si admite sin más el lenguaje “inclusivo”, creo que podría tener problemas para interpretar las sagradas escrituras, particularmente El Génesis y la creación de “jovenas” etc.
Segundo, las mentiras y falsedades, ejemplos vergonzantes que les estarían permitido sólo a algunas “persones” y reprochado a todas las demás.
Finalmente, la responsabilidad por tantas muertes (¿Homicidios?) cuando había información mundial sobre la gravedad y riesgos de la pestilencia y se tomaron decisiones indiferentes a la valoración del amor, sufrimiento y muertes.
Entiendo, sin ser especialista ni mucho menos, que el arrepentimiento es un requisito indispensable de la absolución católica. Un sentimiento que no advertimos en los responsables de la masacre; pero apostamos que la cercanía política les permitirá escuchar Ego Te Absolvo de quién tendría facultades para flexibilizar los mandatos divinos.
Oscar Wilde, en el cuento que tituló casualmente: “Ego te Absolvo”, apuntó a los increíbles límites que puede alcanzar la mezquindad humana, en especial en aquellos que deberían caracterizarse por la camaradería y el cariño.
Así en la tierra como en el cielo.
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