martes, abril 13, 2021

JAQUE A LA REPÚBLICA HERIDA ¿MATE?

En ajedrez la diferencia entre jaque y jaque mate se da cuando el rey tiene o no posibilidades de sobrevivir; para lograr cualquiera de ellos hace falta agresión oportuna del atacante y debilidad del atacado. Por cierto, que la parábola refiere a la situación crítica de la República que supimos conseguir, que ahora sería la pieza fundamental y en peligro en un tablero político desastroso frente a circunstancias graves y complejas.

Lamentablemente se nos inculcó desde siempre que, salvo honrosas y escasas excepciones, la política era una actividad de charlatanes y descuidistas que necesitan cómplices importantes y, también, de muchos ignorantes que actuaran como hinchas de futbol empujados por una camiseta a la que se le debe fidelidad ciega. Lo que se prometió e incumplió por cada uno de los que pasaron son apenas deslices aceptables y esperables. Muchos prefirieron el papel de los cómplices que recibían afuera los beneficios que les tiraban los traidores de adentro.

A diferencia de ello el sistema universitario argentino albergaba a personalidades de reconocida capacidad, profesionalismo y justificado prestigio; cuna surgida en gran medida de la famosa Reforma de 1918. Ahora, en el aterrizaje de nuestra generación, lamentablemente nos toca saber que el convicto Boudou dicta cátedra en la UBA, como ya lo hizo Esteche en una facultad de periodismo. También que en la Universidad de La Plata le fue otorgado a Hebe de Bonafini el “doctorado honoris causa” y el rectorado a Zannini. Inefables instrumentos de la claudicación generacional argentina.

A la política se la infectó con demagogia y a la universidad se le cambió ciencia por militancia, de tal modo que se empuja a las juventudes a aplaudir el adormecimiento de las virtudes de otrora.

En este esquema de confusiones se comprime el tiempo y se desconoce la naturaleza de las cosas. Hay que dar vuelta la historia, modificar el idioma, ignorar el presente y la inmensa complejidad del futuro; para colmo todo esto dentro del tenebroso caldero de la maldita pandemia.

Hoy estaríamos obligados a pedir perdón por lo que hizo Cristóbal Colón y actuar en consecuencia; convocar a los llamados pueblos originarios y entregarles la porción de la República que debió corresponderles y que se vayan, en lugar de integrar correctamente el país. Esas comunidades son dignas de todo respeto a su cultura y ancestros, más todos los derechos que debieran asistir a cualquier argentino, incluyendo salud y educación. No devastar lo que queda de nación, como sucede en el inadmisible fenómeno mapuche en la Patagonia.

Se nos impone destruir una creación milenaria y precisa como el idioma y admitir el llamado lenguaje “inclusivo” en el que, bajo una pretensión igualitaria difusa, se alienta la gran confusión. Actual reconstrucción de Babel, dónde el pueblo abandonó su proyecto de futuro común castigado con la mescolanza de las lenguas. Se pretende hoy borrar presuntas culpas de otro milenio, con el sacrificio actual; una especie de expiación tan injustificada como destructiva.

Es una lamentable mezcla de iniquidad, negligencia popular y mala suerte, que a esta terrorífica segunda ola de la pandemia la sobrevuele un manto de incapacidad política, improvisación y corrupción. Tal vez sea un castigo exagerado a nuestra indiferencia y negligencia consuetudinaria y perniciosa.

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