Expresión francesa que popularizó entre nosotros una película. La traducción literal es “ya visto”, pero se la interpreta como “una sensación de haber vivido el mismo momento en el pasado”.
Harán unos doscientos años nuestro país iniciaba un periodo conocido como: “La Anarquía”. Fue allá por 1820, año en que murió Juan Manuel Belgrano y cuyas últimas palabras fueron un clamor doloroso: “AY PATRIA MÍA”.
Certera y lamentable profecía de un hombre merecidamente respetado e indudablemente honesto. Por entonces se iniciaba un proceso de unos treinta años, caracterizado por el desgobierno y la dispersión de las provincias ante la descomposición del poder central, menudeando guerras civiles, matanzas, tiranos y caudillos.
¿La descomposición del gobierno central se parece a lo que nos está pasando ahora o será una mera sensación, un “déjà vu”? Un gobierno nacional nacido de una improvisada alquimia política. Un presidente puesto para no mandar, contradictorio y confundido hasta por los propios inventores, que ahora se esconden en silencio tras los reiterados yerros políticos que le impusieron por teléfono.
Fabricaron un NO-PRESIDENTE que sería comprado legítimamente por el pueblo, pero incapacitado para enfrentar una contingencia tan compleja como la actual.
Luego de haber expuesto seis mil personas para experimentar vacunas a fin de que se nos garantizara prioridad en su adquisición; por la desconocida mala praxis posterior (sin llamar a las cosas por su nombre), se dejó pasar la oportunidad que aprovecharon inmediatamente otros, para luego nosotros mendigar las vacunas sin resultados positivos. Se pusieron en peligro a seis mil ciudadanos para nada; ¡Total qué importa si los que pusieron la cabeza fueron los cobayos!
Se perdió más de un año en desaciertos, muertes y robos del medicamento, algo que tiende a repetirse provocando la rebeldía de las provincias que ignoran los decretos de necesidad y urgencia sorpresivos y han logrado nuevamente hasta la inusitada militarización de las calles; algo que ya se repudiara y prohibiera desde 1983.
¿Qué le pasó a Cristina Fernández que manda entre bambalinas y anatematizaba militares?
No hubo previsión, preparación, ni planes para afrontar un presente grave y anunciado. Tampoco la hay ahora respecto del futuro próximo y, como ya se dijo y escribió con título por demás sugestivo, andamos: “EN PELOTA Y A LOS GRITOS Historia de la pasión por el mando en la Argentina” (Alberto Lettieri, Editorial Prometeo).
No se puede ignorar que fabricar pobreza es intranquilizar a la gente; mientras que fabricar hambre es convocar a la violencia. Si se volviera a cerrar todo no habría quién pague sueldos y, sin plata, hay sólo especulación indigna que agrava la ya insoportable hambruna. La muerte no distingue si la precedió el COVID, la falta de atención médica a otras dolencias, la inanición o el crimen.
Si el buen Manuel Belgrano levantara la cabeza desde el fondo del cajón y viera que la situación no es sólo una sensación, un “déjà vu”, se moriría nuevamente de dolor e indignación (Parafraseando a Gardel, Audacia).
Necesariamente se impone la necesidad de reorganizar al Estado en beneficio de los argentinos y no de la impunidad; tampoco pensando en el futuro electoral cuya vergonzosa estrategia se paga también con cobayos.
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