En anteriores ocasiones la literatura, la filmografía o la música me acercaron títulos o frases que iluminaron publicaciones sobre nuestra triste realidad. Ahora fue la ominosa realidad la que me impuso buscar un título y me encontré con un cuento de Borges, cuyo título es el del epígrafe, que sirvió de base para un film de 1962. En el plagio mío, con cierto cinismo, me permito deformarlo: “El hombre de la casa rosada”, para referir a alguien diferente a los personajes del célebre escritor. Borges habitualmente, imaginó a malevos, cuchilleros que habitaron el suburbio bonaerense al comenzar el Siglo XX, de quienes destacó su valentía y la decisión que los caracterizaba. En una milonga, obra también del gran escritor: “Jacinto Chiclana”, unos versos definen su concepto del carácter de aquellos: “Capaz de no alzar la voz/Y de jugarse la vida”.
Un articulista hoy en La Nación se pregunta si Alberto Fernández no es acaso el peor líder para enfrentar el peor momento; la antítesis de los personajes de Borges. Ante un panorama terrible e incierto, el presidente se muestra contradictorio e indeciso, cambia en horas su criterio alarmando a todos y, en especial, a la oposición en circunstancia que sería oportuno aunar voluntades al servicio de un pueblo, justificadamente asustado y también castigado con medidas atropelladas y discutibles.
Se ha usado mucho tiempo en negociaciones oscuras sobre las vacunas y se perdió sin explicación suficiente la mejor de ellas; algo que aplauden los vecinos que aprovecharon la frustrada “gestión argentina” y se vacunaron ellos. Primero nos agrandamos sin resto y luego nos achicamos sin remedio y, de astutos, pasamos a mendigos. De entrada, se expusieron seis mil personas para las pruebas y después regalamos la prioridad que por ello nos correspondía. Nunca se sabrá lo que verdaderamente pasó, qué se quiso hacer, pero detrás del silencio hubo la inexplicable huida entre bambalinas del “gran Ginés”, para quién la pandemia no pasaba de una tosecita. No obstante, todos los vivillos se vacunaron primero, en secreto o disfrazados.
Falsean todavía declaraciones juradas y priorizan amigos, familiares, amantes, choferes, compañeros del palo y “gatitas voluptuosas”; mientras tanto Alberto, como le llaman para diluir su metamorfosis con Cristina, hace “mutis por el foro”.
Hay dos aspectos sobre los que tienen continuidad: las escaramuzas electorales y la agresión a la Justicia. En el primer caso se ha mandado a un limbo la realización y fechas de elecciones (primarias y generales) con especulaciones y trucos evidentes. Pretenden, como Massa, fabricar una especie de Ley de Lemas que sólo sirve para trampear a la gente, también insinúan postergar incluso las generales, lo que es imposible porque los mandatos que vencen caducan de pleno Derecho, no pueden estirarse válidamente.
El otro rubro en que no ceden es en la permanente agresión a la Justicia para fabricarse toda la impunidad necesaria. A tal fin designaron como ministro de Justicia a un patotero agresivo y, por ello, evidentemente ignorante de los requisitos inherentes a su función. Esperemos que no compren algunos de los pocos que todavía impiden esas atrocidades al no prestar el número indispensable en el Congreso.
Sería deseable cierta consideración a las circunstancias que vive el pueblo con su economía destrozada y su sistema de salud colapsado. Creo que merecemos un poco de respeto y de tranquilidad en las cuestiones tangenciales que sólo terminan beneficiando a los de siempre.
No se ha conocido ningún gesto de la oligarquía económico-política capaz de moderar las angustias populares. Todo es rapiña pelea, opciones rígidas y delirantes: el encierro o la muerte.
¿No se parece en algunos aspectos al Proceso de Reorganización Nacional, con Videla a la cabeza? Por lo menos en muertos, encerrados y amenazados aquel pierde por goleada.