viernes, abril 30, 2021

EL HOMBRE DE LA ESQUINA ROSADA

En anteriores ocasiones la literatura, la filmografía o la música me acercaron títulos o frases que iluminaron publicaciones sobre nuestra triste realidad. Ahora fue la ominosa realidad la que me impuso buscar un título y me encontré con un cuento de Borges, cuyo título es el del epígrafe, que sirvió de base para un film de 1962. En el plagio mío, con cierto cinismo, me permito deformarlo: “El hombre de la casa rosada”, para referir a alguien diferente a los personajes del célebre escritor. Borges habitualmente, imaginó a malevos, cuchilleros que habitaron el suburbio bonaerense al comenzar el Siglo XX, de quienes destacó su valentía y la decisión que los caracterizaba. En una milonga, obra también del gran escritor: “Jacinto Chiclana”, unos versos definen su concepto del carácter de aquellos: “Capaz de no alzar la voz/Y de jugarse la vida”. 

Un articulista hoy en La Nación se pregunta si Alberto Fernández no es acaso el peor líder para enfrentar el peor momento; la antítesis de los personajes de Borges. Ante un panorama terrible e incierto, el presidente se muestra contradictorio e indeciso, cambia en horas su criterio alarmando a todos y, en especial, a la oposición en circunstancia que sería oportuno aunar voluntades al servicio de un pueblo, justificadamente asustado y también castigado con medidas atropelladas y discutibles.

Se ha usado mucho tiempo en negociaciones oscuras sobre las vacunas y se perdió sin explicación suficiente la mejor de ellas; algo que aplauden los vecinos que aprovecharon la frustrada “gestión argentina” y se vacunaron ellos. Primero nos agrandamos sin resto y luego nos achicamos sin remedio y, de astutos, pasamos a mendigos. De entrada, se expusieron seis mil personas para las pruebas y después regalamos la prioridad que por ello nos correspondía. Nunca se sabrá lo que verdaderamente pasó, qué se quiso hacer, pero detrás del silencio hubo la inexplicable huida entre bambalinas del “gran Ginés”, para quién la pandemia no pasaba de una tosecita. No obstante, todos los vivillos se vacunaron primero, en secreto o disfrazados.

Falsean todavía declaraciones juradas y priorizan amigos, familiares, amantes, choferes, compañeros del palo y “gatitas voluptuosas”; mientras tanto Alberto, como le llaman para diluir su metamorfosis con Cristina, hace “mutis por el foro”.

Hay dos aspectos sobre los que tienen continuidad: las escaramuzas electorales y la agresión a la Justicia. En el primer caso se ha mandado a un limbo la realización y fechas de elecciones (primarias y generales) con especulaciones y trucos evidentes. Pretenden, como Massa, fabricar una especie de Ley de Lemas que sólo sirve para trampear a la gente, también insinúan postergar incluso las generales, lo que es imposible porque los mandatos que vencen caducan de pleno Derecho, no pueden estirarse válidamente.

El otro rubro en que no ceden es en la permanente agresión a la Justicia para fabricarse toda la impunidad necesaria. A tal fin designaron como ministro de Justicia a un patotero agresivo y, por ello, evidentemente ignorante de los requisitos inherentes a su función. Esperemos que no compren algunos de los pocos que todavía impiden esas atrocidades al no prestar el número indispensable en el Congreso.

Sería deseable cierta consideración a las circunstancias que vive el pueblo con su economía destrozada y su sistema de salud colapsado. Creo que merecemos un poco de respeto y de tranquilidad en las cuestiones tangenciales que sólo terminan beneficiando a los de siempre.

No se ha conocido ningún gesto de la oligarquía económico-política capaz de moderar las angustias populares. Todo es rapiña  pelea, opciones rígidas y delirantes: el encierro o la muerte.

¿No se parece en algunos aspectos al Proceso de Reorganización Nacional, con Videla a la cabeza? Por lo menos en muertos, encerrados y amenazados aquel pierde por goleada.

lunes, abril 19, 2021

“Déjà vu”

Expresión francesa que popularizó entre nosotros una película. La traducción literal es “ya visto”, pero se la interpreta como “una sensación de haber vivido el mismo momento en el pasado”.

Harán unos doscientos años nuestro país iniciaba un periodo conocido como: “La Anarquía”. Fue allá por 1820, año en que murió Juan Manuel Belgrano y cuyas últimas palabras fueron un clamor doloroso: “AY PATRIA MÍA”.

Certera y lamentable profecía de un hombre merecidamente respetado e indudablemente honesto. Por entonces se iniciaba un proceso de unos treinta años, caracterizado por el desgobierno y la dispersión de las provincias ante la descomposición del poder central, menudeando guerras civiles, matanzas, tiranos y caudillos.

¿La descomposición del gobierno central se parece a lo que nos está pasando ahora o será una mera sensación, un “déjà vu”? Un gobierno nacional nacido de una improvisada alquimia política. Un presidente puesto para no mandar, contradictorio y confundido hasta por los propios inventores, que ahora se esconden en silencio tras los reiterados yerros políticos que le impusieron por teléfono. 

Fabricaron un NO-PRESIDENTE que sería comprado legítimamente por el pueblo, pero incapacitado para enfrentar una contingencia tan compleja como la actual.

Luego de haber expuesto seis mil personas para experimentar vacunas a fin de que se nos garantizara prioridad en su adquisición; por la desconocida mala praxis posterior (sin llamar a las cosas por su nombre), se dejó pasar la oportunidad que aprovecharon inmediatamente otros, para luego nosotros mendigar las vacunas sin resultados positivos. Se pusieron en peligro a seis mil ciudadanos para nada; ¡Total qué importa si los que pusieron la cabeza fueron los cobayos!

Se perdió más de un año en desaciertos, muertes y robos del medicamento, algo que tiende a repetirse provocando la rebeldía de las provincias que ignoran los decretos de necesidad y urgencia sorpresivos y  han logrado nuevamente hasta la inusitada militarización de las calles; algo que ya se repudiara y prohibiera desde 1983. 

¿Qué le pasó a Cristina Fernández que manda entre bambalinas y anatematizaba militares?

No hubo previsión, preparación, ni planes para afrontar un presente grave y anunciado. Tampoco la hay ahora respecto del futuro próximo y, como ya se dijo y escribió con título por demás sugestivo, andamos: “EN PELOTA Y A LOS GRITOS Historia de la pasión por el mando en la Argentina” (Alberto Lettieri, Editorial Prometeo).

No se puede ignorar que fabricar pobreza es intranquilizar a la gente; mientras que fabricar hambre es convocar a la violencia. Si se volviera a cerrar todo no habría quién pague sueldos y, sin plata, hay sólo especulación indigna que agrava la ya insoportable hambruna. La muerte no distingue si la precedió el COVID, la falta de atención médica a otras dolencias, la inanición o el crimen.

Si el buen Manuel Belgrano levantara la cabeza desde el fondo del cajón y viera que la situación no es sólo una sensación, un “déjà vu”, se moriría nuevamente de dolor e indignación (Parafraseando a Gardel, Audacia).

Necesariamente se impone la necesidad de reorganizar al Estado en beneficio de los argentinos y no de la impunidad; tampoco pensando en el futuro electoral cuya vergonzosa estrategia se paga también con cobayos. 

martes, abril 13, 2021

JAQUE A LA REPÚBLICA HERIDA ¿MATE?

En ajedrez la diferencia entre jaque y jaque mate se da cuando el rey tiene o no posibilidades de sobrevivir; para lograr cualquiera de ellos hace falta agresión oportuna del atacante y debilidad del atacado. Por cierto, que la parábola refiere a la situación crítica de la República que supimos conseguir, que ahora sería la pieza fundamental y en peligro en un tablero político desastroso frente a circunstancias graves y complejas.

Lamentablemente se nos inculcó desde siempre que, salvo honrosas y escasas excepciones, la política era una actividad de charlatanes y descuidistas que necesitan cómplices importantes y, también, de muchos ignorantes que actuaran como hinchas de futbol empujados por una camiseta a la que se le debe fidelidad ciega. Lo que se prometió e incumplió por cada uno de los que pasaron son apenas deslices aceptables y esperables. Muchos prefirieron el papel de los cómplices que recibían afuera los beneficios que les tiraban los traidores de adentro.

A diferencia de ello el sistema universitario argentino albergaba a personalidades de reconocida capacidad, profesionalismo y justificado prestigio; cuna surgida en gran medida de la famosa Reforma de 1918. Ahora, en el aterrizaje de nuestra generación, lamentablemente nos toca saber que el convicto Boudou dicta cátedra en la UBA, como ya lo hizo Esteche en una facultad de periodismo. También que en la Universidad de La Plata le fue otorgado a Hebe de Bonafini el “doctorado honoris causa” y el rectorado a Zannini. Inefables instrumentos de la claudicación generacional argentina.

A la política se la infectó con demagogia y a la universidad se le cambió ciencia por militancia, de tal modo que se empuja a las juventudes a aplaudir el adormecimiento de las virtudes de otrora.

En este esquema de confusiones se comprime el tiempo y se desconoce la naturaleza de las cosas. Hay que dar vuelta la historia, modificar el idioma, ignorar el presente y la inmensa complejidad del futuro; para colmo todo esto dentro del tenebroso caldero de la maldita pandemia.

Hoy estaríamos obligados a pedir perdón por lo que hizo Cristóbal Colón y actuar en consecuencia; convocar a los llamados pueblos originarios y entregarles la porción de la República que debió corresponderles y que se vayan, en lugar de integrar correctamente el país. Esas comunidades son dignas de todo respeto a su cultura y ancestros, más todos los derechos que debieran asistir a cualquier argentino, incluyendo salud y educación. No devastar lo que queda de nación, como sucede en el inadmisible fenómeno mapuche en la Patagonia.

Se nos impone destruir una creación milenaria y precisa como el idioma y admitir el llamado lenguaje “inclusivo” en el que, bajo una pretensión igualitaria difusa, se alienta la gran confusión. Actual reconstrucción de Babel, dónde el pueblo abandonó su proyecto de futuro común castigado con la mescolanza de las lenguas. Se pretende hoy borrar presuntas culpas de otro milenio, con el sacrificio actual; una especie de expiación tan injustificada como destructiva.

Es una lamentable mezcla de iniquidad, negligencia popular y mala suerte, que a esta terrorífica segunda ola de la pandemia la sobrevuele un manto de incapacidad política, improvisación y corrupción. Tal vez sea un castigo exagerado a nuestra indiferencia y negligencia consuetudinaria y perniciosa.