Recientemente el Presidente dijo que a él lo había marcado el “Mayo francés” de 1968; algo que ironizó un columnista de Clarín (Borestein) recordándole que en ese momento él tenía ocho años de edad. Si realmente conoció con bastante posterioridad ese acontecimiento y con alguna profundidad, seguro que preferiría que no hubiese ocurrido ya que expresaba la concreta antípoda política.
La protesta fue de gran magnitud lo que le dio trascendencia mundial, al comienzo era fundamentalmente estudiantil y luego concitó la adhesión obrera y la clase media. Fue por algo absolutamente contrario a lo que Alberto Fernández hoy hace y representa. Si solamente se advierte que voltearon al presidente, entonces nada menos que De Gaulle, héroe de la resistencia francesa en la guerra, tales consecuencias no quisiera soportarlas.
Ese acontecimiento fue un antecedente de otro suceso nuestro de trascendencia internacional, también en mayo, pero del 69: el “Cordobazo”. En aquel entonces yo estaba próximo a culminar mi carrera en esa ciudad lo que me permitió ver y conocer el suceso y sus antecedentes. Finalmente se llevó puesto a Onganía, un dictadorzuelo que se había iniciado en el ´66 derrocando al Pte. Illia y que mostró su imbecilidad desde el comienzo con la conocida “noche de los bastones largos”. Esto produjo el éxodo de profesores universitarios y científicos que inmediatamente captaron otros países (principalmente EEUU).
Quienes lideraron o inspiraron aquellos sucesos en Francia, tenían envergadura y luz propia (Sartre, Marcuse, Cohn-Bendit), nada que ver con Alberto y bastante más coherentes y honestos que Cristina. Si realmente supieran de qué y de quienes intentan valerse aparentando una ducha de intelectualidad, saldrían espantados.
Hoy serían prácticamente incompatibles aquellos sucesos con nuestra realidad: la población se duplicó creando necesidades nuevas, algunas insoportables; instalando una compuerta grave entre la historia y la tecnología. Esta lamentable consecuencia -haber casi perdido la conciencia histórica- le permite a nuestros contradictorios e improvisados gobernantes suponer similitudes con acontecimientos del pasado que desconocen o creen que los demás los ignoramos. Sólo pretenden aprovechar la estela de cierto romanticismo de aquellos sucesos populares que, en realidad, fueron complejos y duros. Enfrentamientos citadinos que sumaron muertos tanto en Francia como en Córdoba. Estaba a flor de piel el hartazgo popular del régimen impuesto, del destrato a los ciudadanos, del pisoteo de la libertad y la torpeza inmoral de los que mandaban.
En realidad, no comprendemos qué quiso decir el Presidente cuando afirmó estar marcado por el “mayo francés”. ¿Esa marca indica afirmación farandulesca y mentirosa, propia de la ignorancia? ¿Será pavura de saber qué sucede cuando el pueblo se cansa de mentiras, de impunidad, de descalabro e improvisación gubernamental? ¿O cuando ve desparramada la jerarquía oficial comunicada por vía epistolar deleznable y antirrepublicana?
Es una vergüenza y una fantochada que la vicepresidente, habiendo jurado por la Constitución Nacional, la atropelle con descaro intentando desnaturalizar el sistema republicano de gobierno previsto ostentosamente en el primer artículo.