Con una simplificación tal vez exagerada utilizamos en el epígrafe parte de la frase que en la biblia se le tribuye a Jesús (Mateo 22, 15-21): “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Estas palabras fueron objeto de interpretaciones varias dentro y fuera de la Iglesia; también en ámbitos del Poder. Estuvo presente en complejas situaciones del pasado, al punto de llegar a justificar confrontaciones graves. Incluso también se convirtió en refrán popular.
La denominación “Cesar” se usaba y refería al Emperador, con posterioridad identificó a quién ejercía el gobierno y que le estaba reservado imperar sobre las cuestiones temporales y terrenales. Ahora bien, lo espiritual, intemporal y de fe era ámbito exclusivo de Dios, que se expresaba por medio de la Iglesia. De este modo quedaron establecido planos o jurisdicciones que no debía alterarse inmiscuyéndose alguno en el campo del otro. Esta situación se mantiene hasta el presente esquivando de tal suerte los conflictos que pudieran sustentarse entre el Estado y la Iglesia.
La cuestión viene a guisa por cierto sincretismo político del que pretende valerse este extraño personaje Juan Grabois. Adviene a la política terrena con acciones concretas rayanas en la violencia, como es liderar las tomas de terrenos invocando el Evangelio y las palabras del Papa. Tomas o usurpaciones en la que intervienen necesitados e indigentes, junto a sectores activistas y de verdaderos comerciantes ocultos, que dirigen una actividad bien planificada y con argumentos oscuros.
Dada la hipotética amistad con Francisco I, actúa aparentando sus instrucciones como obediente “arcángel” o vocero de Dios y se complica a propósito en conflictos terrenales. Entuertos con sabor a violencia, por ejemplo, dijo: “…hemos perdido esta guerra…” ¿Significa, acaso, que habrá otras? Lo cierto es que habría saltado intempestivamente a los dominios del “Cesar”, quién no acierta qué decir o hacer distanciado de su hacedora que le envió una misiva preanunciando su divorcio. La Constitución Nacional, instrumento terrenal que guarda el formal juramento del “Cesar” de defenderla, por lo visto no le sugiere nada.
Ejecutivo, Legislativo y Judicial tropiezan con silencios temerosos del pecado por desobediencia y despido, se ahogan en contradicciones frente a los atropellos y ocultan su corrupción pensando en alguna forma de absolución para la eternidad.
La reforma agraria propuesta, además de antigua e improvisada, no tiene plan concreto ni contempla la necesidad de explotación intensiva, la superpoblación actual, ni la tremenda inmigración que soportaremos para aprovechar los recursos que pretendemos nuestros y que no sabemos cuidar.
A Grabois más falta le hace un púlpito que piquetes y atropellos. A todos nosotros: “dejar de abrir la boca”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Muchas gracias por tus comentarios.