jueves, noviembre 26, 2020

PRONTO ES TARDE

Hacer algo pronto no implica haberlo hecho a tiempo, tal vez sólo sirva para evitar que el daño que ya se sufre no sea mayor.

En realidad, nuestro país se encuentra empantanado en una situación compleja, difícil y lamentable, producto de la corrupción, la prodigalidad oficial y la indiferencia popular, complicado más aún por el problema pandemia.

Todas esas cualidades permanecen vigentes, son conocidas y hasta ahora fueron aceptadas; aunque creo que las consecuencias aparentan que serán dolorosas y es probable que orienten a un cambio que será espinoso, sacrificado, largo e incierto; esperemos que no sea también muy equivocado. 

El fracaso que refiero es incompatible con las posibilidades naturales que siempre tuvo nuestro país y que ahora pone en evidencia el gran desperdicio que hubo durante muchos años.

No es mi interés mostrar un pronóstico apocalíptico, pero pocos eufemismos me permiten no ser agorero.

Recientemente me sorprendió un programa periodístico en el que se habló de “la tragedia educacional” que resulta del año perdido. Primero supuse exagerado el calificativo, pero luego de repasar el cúmulo de consecuencias que tendrá en todos los niveles y en la sociedad, pensé que el periodista no equivocó el aserto.

Otra función principalísima de la República es el cuidado de la SALUD. Éste es un tema actual y mundial, pero nosotros soportamos la “cuarentena” más extensa en el tiempo que cualquier otro país, para alcanzar resultados lamentables. Nos ubicamos en el quinto lugar en número de muertos por millón de personas y somos el segundo Estado que peor gestionó la pandemia.

Qué decir de la ECONOMIA luego de la parálisis provocada por las decisiones gubernamentales plagadas de reyertas de la pareja oficial; binomio incoherente y malparido que responde a propósitos distintos, en muchos casos violentando descaradamente normas constitucionales con actitudes que, asimismo, resultan de la improvisación y las pretensiones oscuras o malintencionadas, aun cuando burdamente pretendan disimularlo para proteger a su primera gran víctima y responsable; el peronismo:

La DEFENSA, otra función indelegable de la República, la consideraremos en otra ocasión; lo que tenemos aquí es más que suficiente.

La vicepresidente recientemente eludió la comunicación privada prefiriendo hacer llegar sus órdenes al presidente por la vía de la carta pública -para que nadie dude que es ella la que manda- sobre la necesidad de intentar un acuerdo CON TODOS, a sabiendas que si fuera posible ella sería la primera en provocar su implosión.

Personas capacitadas estiman con exceso de optimismo que, haciendo todo bien, se requerirían por lo menos diez años para volver a nuestra actual precariedad.

Repasar la triste historia de los desguaces de bienes públicos: ferrocarril, YPF, Aerolíneas Argentinas, el petróleo y cuantas otras fuentes de recursos con sucesivas estatizaciones y privatizaciones, más nuevas estatizaciones de los mismos bienes, pagando indemnizaciones de y de vuelta, desmantelando todo y robando hasta las vías del tren que supo haber. Todo esto nos impide ser optimistas y menos suponiendo un plazo decenal.

Pero, más allá de un racconto de los desastres actuales ¿Quién se atreve a suponer que contamos con diez años para volver haciendo todo bien a la manera de Alemania, Japón o Italia, verdaderamente destruidas por la guerra? Ni contamos con población similar a ellos, ni el mundo es el mismo, ni el tiempo ahora es tan lento como para esperarnos. Ese plazo con mil o dos mil millones de personas más en el planeta será mucho más tortuoso de transitar. Datos que los capacitados seriamente los saben.

Hay urgente necesidad de salir del conventillo en que vivimos con todos sus melodramas y que personas que sepan propongan atisbos de soluciones integrales. Esto con Baradel, Moyano, Grabois y el resto ni se aproximarían a lograr algo ajeno a sí mismos.

                   Si pudiera hacerse algo orgánico y sin quimeras, es fundamental que fuera PRONTO, aunque ya sea TARDE debemos detener cuanto antes el proceso de degradación y ruina en curso que ya dejó de ser un problema partidario o ideológico. No tenemos derecho a distraernos ni aceptar vericuetos judiciales y administrativos o a la presencia de “vivos” que siempre zafan.

Nos aproximamos raudamente a la violencia popular y a la anarquía. Esto es disgregación social que no se evita esperando simplemente o mostrando banderas de vez en cuando que cada vez convocan menos.

martes, noviembre 17, 2020

EL CONVENTILLO

Como lo he señalado en ocasiones, la historia, la literatura o la música popular me prestan frases o imágenes insustituibles para expresar opiniones como la presente.

El conventillo del que ahora me valgo es al que tuvo lugar entre nosotros al comenzar el Siglo XX o un poco antes.

La gran inmigración de entonces, personas provenientes de todas partes del mundo y muy empobrecidas, auspiciaron la propagación de este tipo de vivienda urbana colectiva. Se trataba generalmente de construcciones precarias de techos de chapas y paredes de madera, de una o más plantas y muchas habitaciones; cuartos reducidos que eran compartidos por una o dos familias. Los escasos baños y la poca agua provista para todos por alguna canilla común, además del miserable hacinamiento, causaba conflictos agravados por la diversidad de costumbres e idiomas de los extranjeros amontonados. La confrontación era un acontecimiento cotidiano que podía convertirse en tragedia en cualquier momento; sin embargo, para los foráneos se mostraba como algo cómico la discusión entre un turco, un polaco, un ruso o italiano; en fin, personas que ni siquiera podían entenderse. Una verdadera Babel propia de aquel entonces, tragicomedias que inspiraron el género teatral de los sainetes y grotescos, especialmente a Alberto Vaccarezza, el más afamado de los autores de ese tipo de comedia vernácula.

A diferencia de lo que anteriormente me aconteciera cuando buscaba frases de tangos o acontecimientos históricos que me ayudaran a describir aspectos de nuestra realidad política, ahora el camino fue inverso: buceando en la historieta llegué a nuestra realidad política, entonces ésta me permitió comprender mejor cómo fue el afamado CONVENTILLO.

Es de no creer lo que sucede en la llamada conducción del país que nos transforma en el hazmerreír en esta especie de tragicomedia barata, que apunta directamente al desfiladero.

La pareja presidencial se comunica a través de cartitas disruptivas, ideales para la confusión ciudadana y disfrute de acreedores y de voraces funcionarios altamente improvisados.

Alberto, maestro de la indecisión, actúa reconociendo su rol de vicario; de usar poderes de otro que lo confunde. Él no debería olvidar que acordó asumir el cargo de presidente ¡No de mandadero! Su principal obligación es frente al pueblo y no frente a quienes lo pusieron con el dedo, porque también la gente lo votó. Como dijo un amigo: “si te prestan un auto, el que lo conduce sos vos y también tuya es la responsabilidad”.

Tampoco los funcionarios pueden ser permanentemente vigilados y criticados por quién no corresponde en esa camarilla.

Recurre al FMI clamando ayuda y los senadores “amigos” insultan al prestamista, obviando groseramente la función inherente al legislador y ridiculizando al verdadero protagonista.

Como líder desoye sus propios consejos sanitarios abrazando amigos de acá y de afuera, lo que determina su mayor aislamiento y distanciamiento de la sociedad a su cargo.

En fin, la conducción se asemeja cada día más a un conventillo donde el “cocoliche” es el idioma imperante y nadie se entiende con claridad.

Hoy, luego de la administración espantosa de una cuarentena que nos empantanó, ostensiblemente continúan confrontando la necesidad de impunidad de algunos y algunas, frente al ahogo y desesperación popular. ¿Podríamos suponer cual triunfará?

lunes, noviembre 02, 2020

AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR…

Con una simplificación tal vez exagerada utilizamos en el epígrafe parte de la frase que en la biblia se le tribuye a Jesús (Mateo 22, 15-21): “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Estas palabras fueron objeto de interpretaciones varias dentro y fuera de la Iglesia; también en ámbitos del Poder. Estuvo presente en complejas situaciones del pasado, al punto de llegar a justificar confrontaciones graves. Incluso también se convirtió en refrán popular.

La denominación “Cesar” se usaba y refería al Emperador, con posterioridad identificó a quién ejercía el gobierno y que le estaba reservado imperar sobre las cuestiones temporales y terrenales. Ahora bien, lo espiritual, intemporal y de fe era ámbito exclusivo de Dios, que se expresaba por medio de la Iglesia. De este modo quedaron establecido planos o jurisdicciones que no debía alterarse inmiscuyéndose alguno en el campo del otro. Esta situación se mantiene hasta el presente esquivando de tal suerte los conflictos que pudieran sustentarse entre el Estado y la Iglesia.

La cuestión viene a guisa por cierto sincretismo político del que pretende valerse este extraño personaje Juan Grabois. Adviene a la política terrena con acciones concretas rayanas en la violencia, como es liderar las tomas de terrenos invocando el Evangelio y las palabras del Papa. Tomas o usurpaciones en la que intervienen necesitados e indigentes, junto a sectores activistas y de verdaderos comerciantes ocultos, que dirigen una actividad bien planificada y con argumentos oscuros.

Dada la hipotética amistad con Francisco I, actúa aparentando sus instrucciones como obediente “arcángel” o vocero de Dios y se complica a propósito en conflictos terrenales. Entuertos con sabor a violencia, por ejemplo, dijo: “…hemos perdido esta guerra…” ¿Significa, acaso, que habrá otras? Lo cierto es que habría saltado intempestivamente a los dominios del “Cesar”, quién no acierta qué decir o hacer distanciado de su hacedora que le envió una misiva preanunciando su divorcio. La Constitución Nacional, instrumento terrenal que guarda el formal juramento del “Cesar” de defenderla, por lo visto no le sugiere nada.

Ejecutivo, Legislativo y Judicial tropiezan con silencios temerosos del pecado por desobediencia y despido, se ahogan en contradicciones frente a los atropellos y ocultan su corrupción pensando en alguna forma de absolución para la eternidad.

La reforma agraria propuesta, además de antigua e improvisada, no tiene plan concreto ni contempla la necesidad de explotación intensiva, la superpoblación actual, ni la tremenda inmigración que soportaremos para aprovechar los recursos que pretendemos nuestros y que no sabemos cuidar.

A Grabois más falta le hace un púlpito que piquetes y atropellos. A todos nosotros: “dejar de abrir la boca”.