"Metele que esta pendeja se muere", así le dijo el camillero al chofer de la ambulancia, quién aceleró lo que pudo. Al llegar a la Emergencia del hospital ya los esperaban un médico y enfermeros advertidos por la radio. Bajaron la camilla y corrieron al quirófano dejando un reguero de sangre. Los médicos, cuando vieron a la joven, no creyeron que pudiera salvarse. Ordenaron inmediatamente transfusiones y procuraron detener la sangre que fluía a borbotones intermitentes del cuello, lo que indicaba lesión en la yugular. El ritmo biológico era mínimo, por lo que reclamaron la pronta presencia de médicos más experimentados, toda vez que el tipo de lesiones que presentaba la víctima les resultaban extrañas.
Luego de varias horas de tensión. los signos vitales parecían comenzar a estabilizarse derivándosela a terapia intensiva, donde permaneció tres días. De allí fue, aunque no recuperaba el conocimiento, fue a cuidados intermedios.
Quienes intervinieron no lograban explicarse qué le habría sucedido. Descartados los accidentes de autos o motos, tampoco parecía obra de delincuentes comunes ya que nada le faltaba y el lugar donde fue hallada, si bien solitario, era céntrico y no parecía posible la presencia de animales. El caso quedó sumido en el misterio sobre lo que pudo pasar.
La policía comenzó la investigación indagando entre las amistades de la joven. Todos los que estuvieron con ella esa noche coincidieron que, en el boliche, nadie notó nada extraño; que bailaron y bebieron en el tumulto llenos de saltos, contorsiones y gritos que amplificaban el sonido exagerado impuesto por el DJ. Una de las amigas recordó que Julia, al pasar, le dijo que había vuelto a ver a un chico que le gustaba. El joven aludido era circunstancialmente conocido de todos, sin integrarse al grupo permanecía solitario en la barra; solamente Julia se le había acercado en un par de oportunidades y también bailaron poco. El grupo volvió a integrar a Julia y su amigo saludó a todos y se fue temprano.
Cerca de las dos de la mañana Julia informó que se iba a su casa, cercana del lugar. Para el grupo la fiesta recién comenzaba, lo que justificó que ninguno se ofreciera a acompañarla. Todos se enteraron después de lo que le había pasado. Las cámaras de seguridad hicieron saber que ya en la vereda, una persona joven caminó unos pasos con ella y la despidió con un beso fugaz. Julia siguió sola en dirección a su hogar distante a unas cinco cuadras. En el trayecto se debía sortear un viejo paso a nivel con barreras para el tren y la casilla de madera que usaba el operario. Horas después del cambio, Julia debió ser nuevamente llevada a la terapia intensiva por una infección que no pudieron contener y que le provocó la muerte sin mucha demora.
El paso de los días y Julia ya muerta, permitió que el interés por lo sucedido decayera; tanto en la clínica como en la policía. Pasó también el furor y otras noticias ocuparon su lugar.
Manuel, amigo desde la escuela primaria y muy cercano a Julia, quedó obsesionado con su muerte y con la forma que fue herida. Le habían mordido el cuello, rozando la yugular, y habían escupido el trozo arrancado. Por un comentario del sumariante cuando declaró, supo que le habían extendido sangre sobre todo el rostro como si la hubieran pintado, produciendo una imagen macabra.
Manuel se esforzaba en imaginar posibilidades, repasar amigos comunes y personas con las que pudo tener alguna vinculación, parientes que conocía y nada le proporcionaba una pista. Recordó que esa noche bailó y conversó brevemente con un muchacho foráneo que, de vez en cuando. aparecía por el lugar que frecuentaban y se acercaba al grupo. En las pocas ocasiones que se reunieron compartía con todos, pero generalmente bailaba con Julia.
Decía que venia a la ciudad a controlar un negocio familiar, no duraba más de uno o dos días a lo sumo su permanencia en ésta. No mostró nunca ningún detalle comprometedor, menos de semejante atrocidad. Alguna vez habló de otra ciudad en la que tenía un comercio similar, probablemente fuera esa su residencia habitual. Prácticamente descartó enseguida la sospecha.
Meses después lo encontró caminando por el centro y pensó si sabría de lo sucedido a Julia, por ese motivo se acercó a él. Lo sorprendió presencia de Manuel, pero no se inmuto; ya sabía lo de Julia por las noticias macabras que circularon por todo el país. Cuando ambos jóvenes tuvieron el primer contacto visual, Manuel creyó advertir en los ojos del conocido una fugaz expresión de desagrado que rápidamente se tornó amable.
Ambos se mostraron compungidos por el suceso que recordaban y prefirieron extender la conversación con un café de por medio. Rogelio, el foráneo, preguntaba con insistencia sobre detalles del encuentro de la víctima, con que premura la llevaron al hospital, qué huellas encontró la policía, cuanto duró su agonía, si en algún momento recuperó a la consciencia, si alcanzó a decir algo.
Manuel respondía francamente, pero el interés de su interlocutor por algunas precisiones en momentos se volvía imperativo. Ya próximo el final de la charla, Rogelio se levantó primero esperando que lo hiciera Manuel, momento que éste recordó que se habían tomado muestras de ADN del que aún no se conocía el resultado, suponiendo que no servirían demasiado.
Rogelio extendió su mano y manifestó que casi olvida el motivo que lo trajo a la ciudad y su urgencia. Sin soltar la mano de Manuel y con expresión de tristeza agregó: "Tal vez habría que conversar esto con algún psicólogo o psiquiatra para tratar de deducir qué pudo pasar"
Manuel relató el encuentro durante una reunión casual con todos los amigos que estuvieron con Julia en su última noche, en particular destacó la sugerencia final del conocido, algo que todos coincidieron en señalar como una buena idea.
Una de las chicas manifestó que hacía terapia periódicamente por ciertos problemas de alimentación; procuraría en su momento preguntar al profesional al respecto.
Luego de un par de semanas después Alicia concurrió a su turno con el psicólogo y su sesión se desarrolló en la forma acostumbrada. Cuando éste señaló que debía poner fin a la reunión por haber cumplido tiempo, ella recordó preguntar sobre el tema previsto con sus amigos. El psicólogo le dijo que las reuniones tenían un tiempo determinado y su inquietud debería comentarla en la sesión siguiente; además había gente esperando.
Alicia se propuso no olvidarse nuevamente, algo que motivó que preguntara sobre Julia al comienzo de la sesión siguiente. El psicólogo preguntó por todos los detalles, enfatizando en la mordida y en los resultados de la pesquisa policial. Muchas preguntas quedaron sin respuesta dado el desconocimiento particularizado de temas que ni siquiera ella imaginó. El profesional se mostraba interesado y dubitativo por lo que pidió que le trajera los elementos que pudiera obtener, en especial fotografías que seguramente habría en el sumario policial que, por entonces, ya no estaría bajo secreto legal. El crimen tenía aristas muy extrañas que debía considerar y. por ello, repasar cierta bibliografía antes de opinar.
El grupo de amigos se propuso conseguir lo solicitado apelando a abogados conocidos que pudieran tener acceso al material. Alicia no esperó a la sesión habitual, sino que llevó lo conseguido y lo encomendó a la secretaria del terapeuta.
En sesión siguiente, Alicia mostró su avidez por conocer la opinión del psicólogo, quién le advirtió que su parecer seguramente estaba cargado de subjetividad y falencias. Además, en principio, consideraba la reunión como extraprofesional, luego consideraría cómo los efectos que todo el acontecimiento le afectaría a la paciente.
"He llegado a concluir que el asesino debe padecer de un raro y extraño trastorno mental, una parafilia o desvío sexual que se conoce poco y lo llaman el Síndrome de Renfield, también se lo denomina Vampirismo Clínico. He leído que algunos lo consideran como un tipo de fetichismo sexual, pues consiste en la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de alguna sustancia o parte del cuerpo, es decir de la sangre como fetiche. Es un trastorno sexual rarísimo que genera compulsión por beber sangre humana. Se trata de un tema sobre el que existe poca bibliografía. La denominación de Síndrome de Reinfiel fue acuñado por el psicólogo Richard Noll en su libro de 1992, uno de los pocos que trataron este síndrome y es lo más reciente. El nombre de Reinfel corresponde a un personaje del libro de Bram Stoquer, autor de la obra Drácula, era un sirviente del vampiro más famoso de la literatura y el cine. Pero en la enfermedad no hay nada fantasmagórico y quienes la sufren no son vampiros ni necesariamente se creen vampiros. Tampoco produce en las víctimas de esos ataques obsesivos los efectos que aparecen en las películas. En el caso de tu amiga no hubo abuso sexual, según las fotos y el informe forense pareciera que le pintó la cara con la lengua ensangrentada. Tal vez hubo masturbación, Pero lo fundamental es la ingesta de sangre por el victimario; es un trastorno muy raro e infrecuente"
Alicia salió asqueada y aterrada por todo lo que acababa de escuchar. No demoraría en convocar al grupo de amigos para contarles la versión del psicólogo, provocando en todos ellos sensaciones semejantes a la propia.
Pasado algún tiempo todos fueron nuevamente convocados por el fiscal que ya tenía el resultado del ADN y necesitaba obtener muestras de cada uno para identificar y comparar los datos que mostraban la participación aparente de por lo menos una persona más en el crimen.
Aparecieron vinculados casi todos los que estuvieron la fatídica noche, pero fueron descartados por que permanecieron en el boliche hasta después de encontrado el cuerpo.
Este acontecimiento renovó recuerdos y lamentos hasta que Manuel recordó a Rogelio; aquel foráneo que sugirió consultar a algún profesional. Él faltaba y pronto lo comunicaron a los investigadores.
No demoraron en hallarlo en una provincia cercana, donde poseía un local comercial del mismo rubro que había anunciado tener en esta ciudad. Tanto para el fiscal como para los amigos, la extracción de muestras no arrojaría novedades importantes, todos sabían que esa noche estuvo junto a Julia igual que ellos y el resultado también sería positivo. Pero la muestra que faltaba cotejar fue obtenida bajo las cortas uñas de Julia, algo que sugeriría que hubo algún intento de lucha y defensa de la víctima.
Cuando se esperaba a Rogelio en el laboratorio para la extracción, éste fue directamente a la fiscalía; allí tuvo que esperar un momento para que el funcionario lo atendiera y cuando pasó le dijo: "Basta, no busquen más. He sido yo quién agredió a Julia. Menos mal que me agarraron para evitar que siguieran más muertes. Casi involuntariamente le di una pista a Manuel, orientándolo a consultar algún psicólogo que descubriera mi personalidad, que ya no la soporto. Es que no puedo evitar la tentación incontrolable de beber la sangre de alguien que me atraiga. He cometido otros crímenes iguales y luego me quiero matar".
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